¿Vivir para siempre? Lo que enseña un documental sobre las mujeres más longevas del mundo

Un documental sobre mujeres supercentenarias cuestiona la obsesión por vivir más y revela el valor del propósito, la memoria y los vínculos

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The Oldest Person in the World retrata la vida de mujeres supercentenariasCortesía

En una época obsesionada con retrasar el envejecimiento, medir cada señal del cuerpo y encontrar la rutina perfecta para vivir más, un documental sobre algunas de las mujeres más longevas del mundo plantea una pregunta incómoda: ¿de verdad queremos vivir para siempre?

La película, dirigida por Sam Green y producida por Alison Byrne Fields, no busca revelar una fórmula secreta para llegar a los 116 o 117 años. Su punto de partida es más humano: observar qué significa haber vivido tanto, qué queda después de cruzar más de un siglo y qué hace que una vida conserve sentido cuando casi todo alrededor ha cambiado.

En entrevista con Excélsior, Byrne Fields explica que la longevidad extrema no puede entenderse como una receta simple. “Creo que la genética todavía juega un papel importante”, señala al hablar de las protagonistas del documental. Pero junto a ese factor también identifica otros elementos menos medibles: el propósito, los vínculos y la presencia de personas que las cuidaron durante décadas.

No hay fórmula mágica para vivir más

Frente a la industria que promete extender la vida mediante dietas, suplementos, tratamientos y hábitos cada vez más sofisticados, la productora toma distancia. Para ella, las mujeres retratadas no llegaron a edades extraordinarias por una bebida secreta ni por un alimento milagroso.

“No creo que haya una bebida alcohólica secreta, una barra de caramelo o algo así que vaya a mantenerte viva para siempre”, dice Byrne Fields.

Lo que aparece en sus historias es menos espectacular, pero más profundo: cuidados cotidianos, redes afectivas y una forma de estar en el mundo con propósito.

La frase desinfla una fantasía muy actual: la idea de que la vida puede optimizarse por completo. Dormir mejor, comer mejor y atender la salud importa, pero el documental recuerda que vivir más no siempre depende únicamente de la voluntad individual. También intervienen la herencia, el contexto, los cuidados recibidos y el azar.

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Emma Morano, una de las mujeres más longevas retratadas en el documentalCortesía

Un récord marcado por la muerte

Uno de los puntos más fuertes del documental es la paradoja detrás del título de “persona más longeva del mundo”. Es un reconocimiento que solo cambia de manos cuando alguien muere. Para que una mujer reciba ese lugar, otra tuvo que desaparecer.

Byrne Fields reconoce esa tensión, pero explica que el equipo nunca quiso acercarse desde el morbo. En muchos casos, el contacto se hizo primero con las familias, que ayudaban a proteger la intimidad de las protagonistas y a decidir cómo podía entrar la cámara a sus vidas.

“Las tratamos con amor, cuidado y respeto”, explica la productora. “Creo que hablamos más sobre vivir que sobre morir: sobre lo que experimentaron y lo que las llevó hasta ese punto”.

Esa decisión cambia el tono de la película. No se trata de convertir la vejez en rareza ni de mirar los últimos días de alguien como espectáculo. Se trata de escuchar a mujeres que, por haber vivido más de un siglo, se volvieron testigos de mundos que ya casi nadie recuerda desde la experiencia directa.

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Kane Tanaka, una de las mujeres más longevas entrevistadas en The Oldest Person in the WorldEspecial

Filmar con paciencia y cuidado

La producción también tuvo que adaptarse a una realidad frágil. No era posible trabajar con horarios rígidos ni con la lógica habitual de un rodaje. Las protagonistas necesitaban descansar, comer a ciertas horas, dormir siestas o dejar de hablar cuando estaban cansadas, por eso, el equipo buscaba acercarse antes de que llegara la atención mediática.

“No queríamos ser parte de ese grupo de medios que aparece cuando alguien es nombrado la persona más longeva del mundo”, cuenta Byrne Fields.

La intención era que las familias conocieran el proyecto, entendieran sus motivos y supieran que no habría presión.

La pandemia de covid-19 reforzó esa ética de cuidado. Las protagonistas eran especialmente vulnerables, por lo que la producción se detuvo durante el confinamiento. Cuando fue posible retomar algunas grabaciones, el equipo recurrió a vacunación, cubrebocas y protocolos sanitarios para protegerlas.

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Violet Brown, una de las mujeres supercentenarias retratadas en el documentalEspecial

Vivir más no significa vivir mejor

El documental también dialoga con la obsesión contemporánea por la longevidad. Byrne Fields reconoce que hay muchas personas con recursos interesadas en gastar grandes cantidades de dinero para vivir más tiempo, incluso para “vivir para siempre”.

“Hay mucha gente con mucho dinero que quiere gastar ese dinero para vivir para siempre, y yo cuestiono eso”, dice.

Para la productora, la gran lección de la película no está en acumular años, sino en vivir con propósito. Ese propósito puede estar en la familia, el trabajo, una causa social, una convicción política o el cuidado de otros.

“Vivir tu vida con propósito debería ser la gran enseñanza”, afirma. 

Incluso una existencia de 116 años puede sentirse breve cuando se mira hacia atrás. Por eso, el documental no pregunta únicamente cómo vivir más, sino cómo usar mejor el tiempo que ya tenemos.

En una época que sueña con retrasar el envejecimiento, estas mujeres supercentenarias dejan una respuesta menos espectacular, pero más difícil de ignorar: quizá no se trata de vencer al tiempo, sino de no desperdiciarlo.

The Oldest Person in the World fue parte de la selección del Sundance Film Festival llevado por Cinépolis en la Ciudad de México del 30 de abril al 3 de mayo en cines seleccionados como Diana, Miyana, Carso, entre otros. 

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