El sonido de Corea, más allá de BTS y Arirang
La doctora Nayelli López Rocha contó en entrevista que las agencias y disqueras han modernizado la música tradicional para el consumo extranjero y reforzar el legado de Corea del Sur

Hay canciones que aunque parezcan el pico de la vanguardia, cargan una larga historia. En Corea del Sur, muchas de las melodías que dominan el streaming no son producto de la modernidad: detrás de su sonido hay una herencia milenaria e instrumentos y cantos que han sobrevivido al tiempo, adaptándose a cada generación sin perder su esencia.
Esta fusión no es accidental. Como explica la doctora Nayelli López Rocha, investigadora del PUEAAO de la UNAM, el éxito global de estos productos se debe a una “hibridación diseñada para el extranjero” que, a su vez, refuerza la “marca país”. Las producciones actuales destacan por su mezcla de sintetizadores y coreografías, pero también por la presencia de instrumentos tradicionales y cantos que son símbolos nacionales.
Arirang: El canto que se niega a morir
Arirang es el nombre del más reciente disco de BTS, pero antes de eso, es una de las expresiones culturales más profundas de Corea. Este canto folclórico ha acompañado al país en la alegría y la tristeza. No existe una versión definitiva, sino miles que varían según la región, pero todas comparten una emoción inalterable.
En 2012, fue inscrito como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Para especialistas como López Rocha, la importancia de estas expresiones radica en cómo Corea ha logrado que su industria cultural moldee los imaginarios globales. Así, el Arirang sigue filtrándose en la música contemporánea, sirviendo como puente entre dos mundos.

BTS: Identidad en la cima del mundo
BTS ha construido una narrativa donde la identidad coreana permanece intacta. Su álbum Arirang es una declaración cultural. En él encontramos temas como Body to Body, una colaboración que parece pop occidental, pero que bajo su estructura moderna esconde fragmentos del canto tradicional.
Esta mezcla demuestra que la música ancestral no está peleada con la modernidad. No es la primera vez que lo hacen; en 2018, con IDOL, introdujeron el gugak (música tradicional), mediante tambores janggu y el canto pansori. López Rocha señala que esta “cultura del esfuerzo” y el respeto por sus raíces otorga una legitimidad única a los idols ante su público.
Esta experimentación llega a su punto máximo con Min Yoongi (Agust D). En Daechwita, se inspira en la música militar de la dinastía Joseon, fusionando esos sonidos con un trap oscuro. Lo mismo ocurre en Haegeum, donde el instrumento de cuerda homónimo dialoga orgánicamente con una propuesta urbana.
Neo folk
Paralelamente al K-pop, ha surgido el neo folk coreano, una corriente que reinterpreta la tradición para nuevas audiencias.
Leenalchi es una de esas bandas. Su propuesta se basa en el pansori (canto narrativo). Con Tiger Is Coming, transformaron historias antiguas en piezas adictivas de pop alternativo.
Por otro lado, hay cantantes como Lee Hee Moon, que no llenan los más grandes estadios pero que rescatan en su música el minyo (música folclórica) y desafían a las bandas de exportación. Con pelucas extravagantes y tacones, mezcla sonidos tradicionales con ritmos vibrantes. Su irreverencia recuerda a la dupla argentina Ca7riel y Paco Amoroso, creando un puente cultural inesperado.

Una herencia viva
Corea del Sur no intenta “modernizar” su tradición; la integra de forma natural en su presente. Instrumentos como el gayageum o el janggu ya no pertenecen solo a los museos. Como concluye la doctora López Rocha, aunque los cambios sociales suelen ser lentos, la industria cultural coreana ha avanzado con una velocidad estructural que hoy el mundo admira.
Así que la próxima vez que una canción coreana llegue a tus oídos, escucha con atención, porque más allá del idioma o los acordes pegajosos, puede que encuentres una melodía que ha esperado mil años para recordarte de dónde viene y por qué fue creada.