Los autos chocolate, ¿claves en el 2021 de la industria automotriz?
El decreto que regulariza los autos chocolate por 2,500 pesos en estados fronterizos podría tener un impacto de dos dígitos en la industria mexicana, pero ¿serían la clave de una baja de las ventas de automóviles en el país?

La industria automotriz mexicana no solo es importante en números para el país, también lo es a nivel internacional al ser uno de los cinco primeros exportadores de vehículos a nivel global, por eso extrañó al sector que el presidente Andrés Manuel López Obrador firmara un decreto para la legalización de los denominados “autos chocolate”.
El sector participó en el ejercicio de 2020 con el 3.5% del Producto Interno Bruto total nacional y el 18.9% del PIB manufacturero, sin olvidar que según estadísticas; México es el sexto fabricante del mundo en esta área y el primero de América Latina.
Contrario a lo que se pensaba, el decreto presentado por el mandatario mexicano no aplica a todos los vehículos bajo esta denominación que se encuentra en el país, de los cuales solo existen cifras estimadas con cálculos por encima de los cinco millones
La legalización está delimitada a aquellos ubicados en la zona fronteriza norte, un lugar donde se intuye se concentra la mayor cantidad de estos automóviles, los cuales no han pasado de la noche a la mañana la frontera, sino que lo han hecho por décadas.
¿Qué opina la industria automotriz mexicana?
La legalización de los autos chocolate no es un tema nuevo y, de hecho, este no es el primer decreto que se realiza en el presente siglo en México con esa finalidad.
En 2006 se hizo un movimiento similar. En aquella ocasión la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA) apuntó que gracias a la legalización de autos usados se importaron más de un millón de estas unidades a México procedentes de los Estados Unidos.
Reciente la misma organización rechazó el nuevo mandato del presidente y advirtió del impacto económico sobre una industria que no está pasando su mejor momento luego de un 2020 donde la pandemia trajo diversas consecuencias económicas.
La AMDA ha destacado que esta regularización tendrá un impacto en la venta de vehículos seminuevos y nuevos en el país, un mercado que en 2021 se ha visto castigado por factores que van más allá de la legalización de los autos chocolate.
En el más reciente informe de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) presentado a principios de octubre las cifras ofrecían un panorama complicado para alcanzar la ansiada meta del millón de unidades vendidas porque de enero a septiembre de este año se han comercializado 757 mil,846 automóviles con ningún mes, hasta ahora, sobrepasando los 100 mil comercializados.
La AMDA calcula que la nueva medida aprobada por el gobierno podría ocasionar una caída en las ventas de la industria automotriz de hasta un 39 por ciento.
Uno de los principales problemas que encara el sector actualmente es la escasez de semiconductores lo cual reduce el número de unidades disponibles en las concesionarias. Esta situación ha llevado a las compañías a modificar las especificaciones de sus modelos para sortear la crisis.
Los semiconductores han llevado a un crecimiento de la venta de seminuevos, no solo en México, sino también en otras partes del mundo. Un sector está optando por comprar modelos con algunos años de anterioridad, pero un equipamiento deseado y evitar listas de espera de meses.
Es en este punto donde la misma asociación cree que habrá un impacto importante con la introducción de vehículos chocolate ocasionando una depreciación de hasta un 20 por ciento en los modelos adquiridos en territorio nacional de forma legal.
Si bien los autos chocolate se convierten en un nuevo factor para reducir el número de vehículos nuevos vendidos en México, solo llegan a ser un elemento más de una industria que aún vive las consecuencias del COVID19.
Por qué preocupan los vehículos chocolate
Los autos chocolate no solo se caracterizan por su cruce irregular, también los distinguen otros factores que van más allá de su uso en actos delictivos señalado por presidencia.
Estos vehículos son autos que podrían tener daños operativos luego de haber estado involucrados en un accidente o no haber recibido el mantenimiento adecuado, son difíciles de reparar ante la escases de piezas en territorio nacional, cuestan hasta cinco veces menos que un modelo nuevo y también no están avalados por las autoridades locales para cumplir con las normas ambientales del país.
Cuando una persona adquiere un modelo de este tipo también compra problemas, y si bien es cierto que un sector de los compradores está consciente de ello, existen otros que lo desconocen.
El primero inconveniente, hasta antes del decreto, era la dificultad para obtener documentos legales de tránsito en el país (placas y tarjeta de circulación). Ese problema en sí acarrea otro contratiempo: la falta de un seguro automotriz. Todo en conjunto obliga a que circular se convierta en un acto ilegal.
La antigüedad de algunos de estos modelos sumado a una falta de mantenimiento conlleva un efecto contaminante en una industria que, de por si tiene un efecto sobre el medio ambiente incluso con modelos lanzados en los últimos años y bajo las nuevas reglamentaciones ecológicas, no solo por los gases que emiten, también por aquellos que terminan abandonados en las calles como chatarra ante la lógica de que es más barato comprar otro vehículo de este tipo a repararlo importando piezas por la falta de existencia de lotes en México.
Pero no todos los vehículos que cruzan son “chatarra”. Algunos tienen apenas unos años de antigüedad y su precio resulta muy por debajo de lo que ofrecen las agencias de seminuevos en el territorio mexicano, con estimaciones de hasta un 50 por ciento de descuento respecto al precio real local.
¿Cómo han llegado estos vehículos a territorio mexicano?
Uno podría pensar en redes complejas para transportar decenas de estos modelos hasta lotes de autos en nuestro territorio, pero en la realidad los primeros coches de este tipo arribaron en una invasión de goteo, con automóviles que originalmente entraban con un permiso de importación temporal por alguna de las fronteras, principalmente en el norte del país, aunque Guatemala no queda exento de esto.
La forma de cruzar un coche ilegal desde Estados Unidos a México tiene un costo de 51 dólares máximo, ese es el precio de una importación temporal realizada en la frontera, necesaria para todo aquel automóvil que transite más allá de la Zona Libre de México, un área de 20 a 26 kilómetros que se contabiliza desde la frontera y a los alrededores, y que en teoría solo es válido por un periodo de tiempo determinado. Al concluir el lapso es necesario regresar a Estados Unidos, algo que no se cumple.
¿Quién hace esto? Es variado. Los hay desde personas y grupos dedicados específicamente a este negocio, con la misión de llevar automóviles cada periodo de tiempo a tierras mexicanas para revenderlos en lotes especializados, tianguis automotrices o a través de páginas de segunda mano en internet evitando el control del gobierno como el registro vehicular y el pago de impuestos.
Pero también lo hacen particulares, personas que quieren un vehículo a un precio reducido y cruzan a la tierra del Tío Sam para encontrarlo. Después, ellos mismos lo trasladan al país pagando la importación temporal, pero con la clara intención de dejarlo permanentemente en el territorio nacional para uso de transporte personal o de mercancías.
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