Ronald Araújo vuelve, resiste y levanta la copa en el Clásico
El defensor uruguayo regresó a las canchas tras 47 días de ausencia, reapareció en la final de la Supercopa de España ante el Real Madrid y fue el encargado de levantar el trofeo en un gesto cargado de simbolismo.

El uruguayo Ronald Araújo volvió a sonreír en el momento más significativo. No solo regresó a una convocatoria después de 47 días fuera de las canchas, no solo volvió a competir en un Clásico, sino que fue él quien levantó la Supercopa de España, un gesto cargado de simbolismo tras semanas marcadas por el silencio, la introspección y la reconstrucción personal.
El defensor reapareció en la final de la Supercopa de España ante el Real Madrid, disputada en el King Abdullah Stadium de Arabia Saudí. Entró al campo en el minuto 93, en un contexto de máxima tensión, luego de la expulsión de Frenkie de Jong y con el marcador todavía abierto. Su ingreso, breve en lo cronológico, fue enorme en lo emocional.
Araújo no jugaba oficialmente con el Barcelona desde el 25 de noviembre, cuando fue expulsado en la derrota 4-0 ante el Chelsea en Stamford Bridge por la Champions League. Tras aquel partido, el central decidió detenerse. Solicitó un tiempo indefinido para atender su salud mental, alejándose del ruido mediático y de la presión competitiva.
El proceso incluyó un viaje espiritual a Jerusalén, el refugio familiar en Uruguay durante las fiestas y una comunicación constante con el cuerpo técnico. A su regreso, ya bajo las órdenes de Hansi Flick, comenzó a entrenar de forma progresiva en la última semana de diciembre, recuperando ritmo, confianza y sensaciones.
Aunque Flick optó inicialmente por dejarlo en la banca, Araújo volvió a sentirse futbolista en el escenario más exigente posible. Con diez hombres en la cancha, el Barcelona recurrió a su líder defensivo. El sudamericano se acomodó rápido, ordenó, habló, ganó duelos y ayudó a sostener la ventaja en los instantes finales ante el asedio madridista.
Antes de entrar al campo, Araújo ya había sido protagonista de una escena significativa. Justo al término del primer tiempo, cuando los jugadores se dirigían a los vestuarios y en medio de la tensión propia del partido, Vinícius Jr. caminaba rumbo al vestidor del Real Madrid. En ese trayecto, Araújo se acercó para intercambiar unas palabras con el brasileño.
El gesto contrastó con la rivalidad que ambos han protagonizado en los últimos años y dejó una imagen poco habitual: dos antagonistas históricos del Barcelona y el Madrid compartiendo un momento de calma en pleno Clásico.
Pero quizá el momento más poderoso llegó después. Cuando el árbitro señaló el final y el Barcelona confirmó el título, Ronald Araújo fue el encargado de levantar la copa. No fue una decisión menor. Representó un reconocimiento interno, una señal del vestuario y del club hacia un jugador que atravesó uno de los momentos más complejos de su carrera y volvió desde un lugar más profundo.
Más que una reaparición, fue un cierre. Y al mismo tiempo, un nuevo comienzo. Araújo volvió. Y lo hizo levantando un trofeo.
EL EDITOR RECOMIENDA



