La narrativa de la “obligación moral” se ha convertido en el eje del discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum para justificar una propuesta de reforma electoral que, en el fondo, parece responder más a una lealtad identitaria que a una realidad aritmética o de consenso nacional.
Al afirmar textualmente que, como Presidenta, está “obligada a enviar una reforma que contenga lo que me pidió la gente y lo que vemos en las encuestas”, so pena de “negar nuestro origen”, la mandataria intenta elevar una iniciativa legislativa al rango de imperativo ético. Sin embargo, cuando se contrastan las palabras con los datos duros de la jornada electoral de 2024, el argumento de una voluntad popular mayoritaria, como conductor de la reforma, comienza a desmoronarse.
El corazón de la justificación reside en la premisa de que el pueblo de México clama por un cambio estructural en las reglas del juego democrático. No obstante, si analizamos fríamente los sufragios, Morena —el partido de la Presidenta y motor principal de la reforma— obtuvo 45.5% de los votos. Aunque es una cifra impresionante, se queda corta frente a la mayoría absoluta. La realidad es que 54.5% de los ciudadanos que acudieron a las urnas votaron por opciones distintas a la marca guinda. Si bien sus aliados, el Partido Verde y el PT, le otorgan gobernabilidad legislativa con sus 14 puntos adicionales, representar el sentir de “la gente” en su conjunto es una afirmación que ignora a la mayoría que no milita en su causa. La coalición opositora obtuvo 16.4 puntos y Movimiento Ciudadano un 6.2%; es decir, el conjunto de fuerzas que no son Morena suma casi 55% de los votos, y ninguna de esas fuerzas políticas respalda la reforma planteada.
Aunado a esto, la Presidenta ha intentado legitimar la propuesta alegando que es resultado de las mesas de consulta convocadas por la comisión encabezada por Pablo Gómez. Sin embargo, este argumento resulta igualmente insostenible desde una perspectiva democrática integral. Dichas reuniones y foros tuvieron un carácter sumamente limitado; lejos de ser un ejercicio de parlamento abierto, plural y nacional, se percibieron más como un diálogo entre convencidos. La participación fue restringida y los sectores críticos o técnicos de la sociedad civil apenas tuvieron eco en las conclusiones. Validar una reforma constitucional de tal calado basándose en consultas de círculo cerrado es confundir la voluntad de la militancia con la voluntad de la nación.
La Presidenta sostiene su postura en otros pilares: sus principios y las encuestas. El punto de los principios es, quizás, el único indiscutible. En un sistema presidencial, el Ejecutivo tiene el derecho pleno de presentar las iniciativas que considere alineadas con su proyecto de nación. Sin embargo, el recurso de las encuestas como validación es profundamente resbaladizo. La opinión pública es sensible al fraseo: si se pregunta si se debe recortar el gasto en elecciones, la respuesta será un “sí” rotundo, igual que si se preguntara si se quiere pagar menos impuestos. Pero eso no equivale a un respaldo consciente a una reforma que altera el equilibrio de poderes.
Al final, la validez de esta reforma no vendrá de una obligación mística con el “origen” del movimiento, sino de la capacidad real de convencer a una mayoría calificada en el Congreso. Si la reforma es aprobada, será por la aritmética parlamentaria; si no, el supuesto castigo electoral a los partidos que hayan votado en contra no es automático ni está garantizado. Gobernar bajo la premisa de una voluntad única es ignorar la riqueza de una sociedad plural que no entregó a un solo partido el monopolio de la verdad electoral.
BUSCAPIÉS
*No cabe duda de que fue un éxito la asistencia al concierto de Shakira el domingo en el Zócalo. Sin embargo, llama la atención que el gobierno capitalino —que siempre da la cifra oficial de asistencia a las concentraciones en la Ciudad de México— diga que el récord que impuso la cantante colombiana (400 mil personas) se quedó corto de la concurrencia al más reciente mitin de la Presidenta (600 mil). ¿Acaso es para que concluyamos que la segunda es más popular que la primera?
