¿Peligra la participación de Edin Dzeko para el Mundial 2026?

El veterano delantero bosnio se perdió, por lesión, la tanda de penales contra Italia, pero inspiró a los suyos para calificar a la Copa del Mundo

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Edin Dzeko, misión cumplida.Reuters

El capitán de Bosnia, Edin Dzeko, se quedó al margen de la historia con una bolsa de hielo apretada contra el hombro, como si intentara sujetar la ansiedad de no poder tirar desde los once pasos. Desde ahí, inmóvil y expectante, vio cómo sus compañeros firmaban una clasificación que también le pertenece.

A sus 40 años, el delantero que alguna vez conquistó la Premier League con el Manchester City y levantó la Bundesliga con el Wolfsburgo, parecía condenado a vivir el desenlace desde la periferia. El mismo hombre que convirtió goles decisivos en cada etapa de su carrera —desde Alemania hasta Italia con la AS Roma y el Inter de Milán— ahora debía confiar, simplemente, en el destino.

El duelo en Zenica fue un vaivén emocional. Bosnia rescató el 1-1 ante una Italia disminuida, resistió la prórroga y, cuando el reloj agonizaba, Džeko cayó tras una falta de Davide Frattesi. El estadio contuvo la respiración. No era una escena menor: se trataba del máximo goleador histórico de su selección, el mismo que llevó a Bosnia a su única Copa del Mundo en el Mundial de 2014 y que incluso marcó en aquella aventura.

Con el sorteo de la tanda frente a él, caminó hasta el círculo central con el brazo inmovilizado, como una figura simbólica más que ejecutora. Luego se apartó. Ya no era su turno.

Lo que siguió tuvo algo de irreal. El arquero Nikola Vasilj fue un espectador privilegiado: Pio Esposito voló su disparo, Bryan Cristante estrelló el suyo en el travesaño, y Bosnia no falló. Cuatro cobros perfectos, incluidos los de dos jóvenes —Kerim Alajbegovic y Esmir Bajraktarevic— cuya edad combinada apenas alcanza para igualar la experiencia de Dzeko.

Entonces sí, el veterano regresó al centro de la escena, ya no como protagonista directo, sino como símbolo. Celebró con el brazo en cabestrillo, rodeado de una generación que creció viéndolo marcar goles en Europa, en noches de Champions y ligas imposibles.

“Debe haber sido el destino”, dijo después, todavía con la adrenalina recorriéndole la voz. Y en su frase había algo más que resignación: la aceptación de que, incluso para un goleador de su talla, hay noches en las que el futbol decide escribir la historia sin pedirle permiso.

Quizá por eso sonrió. Porque entendió que, aun sin patear, el capítulo también llevaba su firma. Su participación en el Mudial 2026 no peligra, porque alguien con ese corazón puede jugar para siempre.