La máquina del tiempo*: La visita del cometa Halley en 1910

Ya estando arriba del edificio, veíamos la hermosa Ciudad de Nueva York con sus ya muy altos edificios, aunque no lo suficiente para tapar la vista hacia el Río Este

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En un inédito e increíble experimento científico, dos físicos y una reportera viajan juntos en una máquina maravillosa que se desplaza a través de agujeros de gusano del espacio-tiempo. Su objetivo: Comprender e investigar más a la humanidad para mejorarla, así como generar herramientas tecnológicas más avanzadas y conocimiento. (Amigos lectores, empleen su imaginación y ¡acompáñenos semana a semana!)

Nueva York, a 19 de mayo de 1910.

Cualquier viaje que emprendíamos en la máquina del tiempo implicaba una reflexión, un aprendizaje, una experiencia y un disfrute. Algunas veces, no siempre, la historia no nos mostraba su mejor cara, pero en otras, agradecíamos seguir vivos para presenciar cosas maravillosas e inolvidables. Pese a las dificultades que un viaje de estas magnitudes nos exigía –hacía unos días habíamos tenido un choque fuerte con unos asteroides que no calculamos en las coordenadas del espacio-tiempo, pero que afortunadamente pudimos evitar en su mayoría, saliendo sólo con algunos roces y golpes– teníamos claro querer continuar. Ahora, queríamos ver uno de los grandes fenómenos astronómicos que marcaron al hombre: la aparición del cometa Halley en 1910. A diferencia de la última visita en 1986, los cielos del mundo no tenían la contaminación lumínica que debilita su apreciación completa, además de que cada ciclo de 76 años, el cometa pierde brillantez. Por ello, elegimos una fecha anterior que nos permitiera conocerlo personalmente en todo su esplendor. 

Llegaríamos a los Estados Unidos, a la Ciudad de Nueva York en su distrito de Brooklyn, muy cerca del Río Este, el 18 de mayo a las 8:00 p.m. Nos cambiaríamos la ropa y guardaríamos en una maleta todo lo que necesitábamos para su observación: nuestros binoculares y una carta estelar con el cielo neoyorkino elaborada por nuestro software. Atravesaríamos el Puente de Brooklyn hacia Manhattan para contactar a Mary Proctor, una famosa astrónoma de la época, que escribía en The New York Times reportando todas sus observaciones sobre el cometa. Ya desde ese momento, Manhattan era impresionante. Lucía sus altos edificios y rascacielos de estilo neogótico, neorrenacentista, francés, ecléctico, en hierro… mostrando al mundo su poderío económico y financiero a través de una arquitectura vertical.

Veíamos el Municipal Building de McKim, Mead and White; el Metropolitan Life; el Singer; el Bankers Trust Building; el Times Building −sede del periódico The New York Times en este momento y hasta 1918; ahora es el actual One Time Square−; la Torre Liberty; los lujosos hoteles y los almacenes, y la famosa Wall Street. En sus calles había gente de todo tipo, desde los señores y las damas elegantes, hasta inmigrantes de numerosas nacionalidades, obreros y costureras, todos generando un ambiente pluricultural, cosmopolita y socialmente activo en el desarrollo de una sociedad más justa. Incluso, en 1909 en esta Ciudad, inició una huelga de mujeres que trabajaban en la industria camisera solicitando mejoras laborales y que, se dice del tiempo donde venimos, originó la conmemoración del día 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.

Por su parte, los Estados Unidos que nos recibían ya habían superado el pánico financiero de 1907 y su presidente William Taft impulsaba una política exterior basada en la Doctrina Monroe y la Diplomacia del dólar buscando un dominio económico y social sobre los países de Latinoamérica y Asia. Taft también apoyaba con firmeza la terminación del proyecto del Canal de Panamá, la reducción de aranceles comerciales y la aplicación rigurosa de las leyes antimonopolio, las cuales le crearían bastantes conflictos entre las poderosas empresas estadounidenses.

A las 9:30 p.m. y doblando dos calles aparecía ante nuestra mirada el Times Building, conformado por sus 24 pisos de un estilo totalmente neorenacentista. Entraríamos y preguntaríamos en la recepción del periódico sobre la mencionada astrónoma, la cual todavía no llegaba, pero que esperaríamos con ansias. Media hora más tarde, Proctor entraría a la recepción y nos presentaríamos con ella como aficionados a su trabajo y a la astronomía, y le pedíamos el gran favor de acompañarla, en la azotea del edificio, para ver el cometa. Había aceptado y con la gente de seguridad solicitaríamos la autorización para ingresar al tejado del periódico a las 2:00 a.m. del 19 mayo y observar el cometa.

Cenaríamos en el restaurante de un hotel lujoso de la zona y finalmente el reloj marcaba la 1:50 a.m. del día 19. Ingresamos al Times a las 2:00 a.m. y Mary ya nos estaba esperando en la recepción para permitir nuestra entrada. Mientras subíamos en el elevador, le platicábamos que éramos solamente unos viajeros de un lugar muy lejano y con mucho interés en investigar el cometa. Nos comentaba que alrededor de éste se habían dicho cosas muy catastróficas y exageradas como el hecho de que un astrónomo francés, Camille Flammarion, había mencionado que la cola del cometa era muy venenosa por su alto contenido de cianógenos y que, al pasar por el cielo, sus gases extinguirían toda la vida en el planeta. A nosotros sólo nos daría risa y de igual manera a la astrónoma. Agregaríamos que ya sabíamos que en la calle algunos listos charlatanes habían difundido pánico entre las personas para vender pastillas “anticometa”, seguros contra los cometas, máscaras antigas y ¡quién sabe qué tantas tonterías contra el cometa!, mientras otros de plano pregonaban irresponsablemente el fin del mundo por un inevitable choque. Lamentablemente Mary nos contaba que diez días antes y al saber la proximidad de Halley, un minero se había crucificado en San Bernardino, California… así las historias penosas sobre éste.

Ya estando arriba del edificio, veíamos la hermosa Ciudad de Nueva York con sus ya muy altos edificios, aunque no lo suficiente para tapar la vista hacia el Río Este, que era el lugar por donde pasaría el cometa. Observábamos perfectamente el puente de Queensboro y no dudaríamos ni un segundo para comenzar a cazar al cometa. A las 3:15 a.m. todavía no se vislumbraba el fenómeno a simple vista. Proctor nos recomendaba usar “esos extraños binoculares que traen” –para ese momento nuestros aparatos ópticos se mostraban mucho más avanzados que los de 1910 y aunque eran unos porro 10x50 Bk-7, muy elementales para astronomía, le sorprendían− para ver detenidamente a través de ellos. Apenas se asomaba un poco un esbozo de una rayita blanca en el cielo. Fue hasta las 3:45 a.m. que pudimos ver con más claridad el cometa y se mostraría más espectacular a las 4:10 a.m. sobre la constelación de Piscis, justo debajo de Pegaso. Habíamos sentido una gran emoción al observarlo con y sin los prismáticos; sería para todos una vista inspiradora y maravillosa, y esperábamos que algún poeta o artista informado estuviera viendo esta belleza sin prejuicios para después plasmarlo en el arte de las letras o de la pintura y revelar un pedazo de cosmos a la humanidad.

Poco a poco se iba desvaneciendo la cola del cometa y su núcleo pues la luz de Venus, que también participaba en el espectáculo celeste, restaba su intensidad. Finalmente, la sinfonía del cielo acabaría con el primer rayo de Sol en Nueva York, el cual aparecería a las 4:35 a.m. –fue tan corto, yo pensaba, pero tan significativo. Era como un rayón en el cielo–. Después de tener la dicha de presenciar el fenómeno, agradeceríamos a Mary la oportunidad de acompañarla en el importante evento. 

Nos bajaríamos del edificio del New York Times comentando la grandeza del espacio y sus infinitos elementos que nos rodean, encriptando el sentido de la existencia de millones de cosas; el asombro de verlo guiados por la compañía de una experta y amable anfitriona; y de presenciar al viajero bautizado en honor a su descubridor, Edmund Halley y toda la ola de reacciones que originó. Justo a las 7:00 a.m. regresaríamos por el Puente de Brooklyn para tomar de nuevo la máquina que nos ofrecía tesoros en la historia, vivencias únicas, aprendizajes y conocimientos. La vida y la historia caminan esperándonos en más aventuras, en más hojas que leer en el basto mundo inventado por miles de protagonistas. ¡Sigamos viajando! Los invito a que me sigan la próxima semana. Au revoir!

Álvarez Soto, Erick Christian. “1900: Nueva York saluda al Siglo XX” en el blog Historia de los rascacielos de Nueva York. Disponible en: https://historiadelosrascacielosdenuevayork.blogspot.mx/2012/09/1900-nueva-york-saluda-al-siglo-xx.html

Barron, James. “100 Years Ago, an Intersection’s New Name: Times Square” en The New York Times, 8 de abril de 2004. Disponible en: https://www.nytimes.com/2004/04/08/nyregion/100-years-ago-an-intersection-s-new-name-times-square.html 

Boneorchards. “Halley’s Hysteria” en el Blog Wordpress Misc. Tidings of Yore. Forgotten Lore & Historical Curiosities. Disponible en: https://tidingsofyore.wordpress.com/2013/05/21/halleys-hysteria/ 

“Historia de Nueva York. Siglo XX: La construcción accidentada de una «ciudad-mundo»” en Wikipedia, la enciclopedia libre: https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Nueva_York 

“Huelga de las camiseras de Nueva York de 1909” en Wikipedia, la enciclopedia libre: https://es.wikipedia.org/wiki/Huelga_de_las_camiseras_de_Nueva_York_de_1909 

Martínez, Claudio. “El cometa Halley y sus crímenes en 1910” en el portal Infobservador.com: https://www.infobservador.com/2015/07/el-cometa-halley-y-sus-crimenes-en-1910/ 

“Pánico financiero de 1907” en Wikipedia, la enciclopedia libre: https://es.wikipedia.org/wiki/P%C3%A1nico_financiero_de_1907 

“Presidency of William Howard Taft” en Wikipedia, la enciclopedia libre (en inglés): https://en.wikipedia.org/wiki/Presidency_of_William_Howard_Taft 

Proctor, Mary. “Halley’s Comet as Seen from Times Tower Yesterday Morning” en The New York Times, 14 de mayo de 1910. Disponible en línea: https://query.nytimes.com/mem/archive-free/pdf?res=9E02E3DB1530E233A25757C1A9639C946196D6CF 

Redacción. “Comet’s Poisonous Tail” en The New York Times, 8 de febrero de 1910.  Disponible en línea: https://query.nytimes.com/mem/archive-free/pdf?res=9407E4DF1430E233A2575BC0A9649C946196D6CF 

_________. “Miner crucifies himself” en The New York Times, 10 de mayo de 1910.  Disponible en línea: https://query.nytimes.com/mem/archive-free/pdf?res=9C06E2DC1530E233A25753C1A9639C946196D6CF 

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* La presente crónica está basada en documentos e investigaciones de hechos reales; los elementos ficticios son sólo secundarios para justificar lo real. La bibliografía consultada se encuentra al final del texto.