¡Aquí se bañaba Moctezuma! Esta unidad habitacional de CDMX esconde aguas termales prehispánicas
Una unidad habitacional resguarda una iglesia milenaria y baños termales prehispánicos con propiedades curativos, ¿quieres ir? Te contamos cuánto cuestan y dónde es

Rodeado por el ruido del Circuito Interior, el sonido de los aviones llegando al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y la vida cotidiana de la colonia Peñón de los Baños, un edificio de departamentos de los 70 esconde uno de los espacios más singulares de la capital: unos baños termales de origen prehispánico.
Su entrada no tiene la apariencia de un balneario turístico ni de un spa moderno. La sorpresa está precisamente ahí: entre muros, pasillos, viviendas y una capilla antigua, todavía brota agua caliente de manantial que durante siglos ha sido asociada con descanso, salud y ritual.
Los baños termales de la época prehispánica
Antes de que esta zona quedara integrada al paisaje urbano de la CDMX, el Peñón de los Baños era conocido como Tepetzinco, palabra relacionada con “cerrito”. No era un barrio rodeado de avenidas, sino un islote en el lago de Texcoco. En ese entorno lacustre, sus manantiales de aguas calientes lo convirtieron en un sitio de recreo y descanso para la nobleza mexica.
Jorge Hebert, actual administrador de los Baños Medicinales del Peñón, cuenta durante los Paseos Históricos organizados por la Secretaria de Cultura de CDMX, que el sitio conserva testimonios que lo vinculan con el descanso de gobernantes mexicas como Moctezuma y Cuauhtémoc. Para él, el valor del lugar no está solo en el agua caliente que aún brota del subsuelo, sino en las capas de historia que se acumularon alrededor del manantial.
Entre esas historias, Hebert menciona un documento de 1546 en el que un conquistador habría reconocido las propiedades curativas atribuidas a estas aguas por los indígenas y pidió a Carlos V la concesión para administrarlas. La respuesta, según el relato conservado en el lugar, fue negativa: el hombre tenía “más enferma el alma que el cuerpo”.
Con el paso del tiempo, el lugar cambió de nombre, de apariencia y de contexto. El lago fue desapareciendo, la ciudad avanzó sobre el territorio y el antiguo islote quedó atrapado en una zona cada vez más urbanizada. Aun así, el manantial siguió ahí.
De islote sagrado a baños medicinales
Durante la época colonial, el sitio adquirió una nueva capa histórica. Dentro del conjunto se construyó una capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe, que aún forma parte del recorrido por los baños. Esta capilla, ubicada en el mismo espacio donde se encuentran las aguas termales, muestra cómo el antiguo lugar de descanso y curación fue incorporando elementos religiosos y arquitectónicos de distintos periodos.

En el siglo XIX, los baños alcanzaron una etapa de mayor fama. Las aguas del Peñón fueron visitadas por personajes como Maximiliano y Carlota, además de Porfirio Díaz y su círculo cercano.
En esa época, el lugar llegó a contar con instalaciones más grandes y elegantes, como habitaciones, restaurante, salones para eventos y hasta una planta embotelladora para comercializar el agua del manantial.
Ese pasado contrasta con la imagen actual del sitio. Hoy no hay un hotel de lujo ni grandes salones. Lo que sobrevive es un conjunto más modesto, con cuartos privados, tinas de mármol, espacios de descanso, consultorios para masaje y la capilla antigua que permanece como testigo de otra época.

¿Por qué hay una unidad habitacional en ese espacio?
La respuesta está en la transformación urbana del siglo XX. A medida que la Ciudad de México creció hacia el oriente, el Peñón de los Baños dejó de ser un punto aislado y quedó rodeado por colonias populares, avenidas, infraestructura de transporte y el aeropuerto.
Las antiguas construcciones de los baños, que alguna vez tuvieron un carácter más amplio y suntuoso, fueron demolidas o modificadas. En la década de los setenta se levantó el edificio actual de departamentos, pero el manantial, los baños y la capilla no desaparecieron. Quedaron en la planta baja, integrados al conjunto habitacional.
Por eso el sitio resulta tan extraño para quien lo visita por primera vez: no se entra a un balneario abierto ni a una zona arqueológica convencional, sino a un edificio donde conviven viviendas, una capilla histórica y baños termales que funcionan desde hace siglos.
Un manantial bajo el ruido del aeropuerto
Los Baños Medicinales del Peñón son considerados uno de los baños públicos más antiguos de la ciudad y uno de los pocos alimentados por manantiales naturales. El agua caliente proviene del subsuelo y alcanza temperaturas cercanas a los 46 grados, por lo que se recomienda permanecer en la tina solo durante periodos cortos.
La experiencia actual conserva un protocolo propio. Los visitantes suelen entrar a habitaciones privadas con tinas de mármol, permanecen algunos minutos dentro del agua y después reposan en un camastro. El objetivo no es bañarse con jabón ni shampoo, sino tomar un baño termal, descansar y permitir que el cuerpo se aclimate.
¿Dónde y cuánto cuesta ir a los baños termales de Peñón de los Baños?
Los baños termales de Peñón de los Baños se encuentran al oriente de la Ciudad de México, a unos pasos del metro Terminal Aérea u Oceanía (aunque el camino se hace más pesado por el tipo de terreno).
Los baños tienen un costo de 325 pesos; sin embargo, hay descuentos para jubilados y adultos mayores a 215 pesos y para niños (que deben ir acompañados de adultos) de 6 a 12 años al mismo precio.
bgpa