¿Qué pasa cuando nadie puede ver? La novela que ganó el Alfaguara

Inspirada en una brutal historia medieval, El ejército ciego, de David Toscana, mezcla memoria, ficción y humor negro para cuestionar cómo interpretamos la realidad.

thumb
El escritor David Toscana El XXIX Premio Alfaguara de Novela fue para David Toscana por su novela El ejército ciego.Foto: Héctor López

Esta es una fábula oscura que nació de un hecho histórico olvidado. Sucedió hace 10 siglos, cuando 15 mil soldados búlgaros perdieron la batalla ante Constantinopla, les arrancaron los ojos y fueron enviados a casa, guiados por 148 tuertos, y dejando atrás a 34 descabezados.

Esta imagen es el punto de arranque de El ejército ciego, del autor regiomontano David Toscana (1961), novela con la que obtuvo el XXIX Premio Alfaguara de Novela, perfilada como un retrato oral y poético que mezcla testimonio, leyenda, humor negro y que apuesta por la imaginación. Él afirma que su narración 

“Sólo es un homenaje a la literatura, porque la literatura no es algo que vemos”, sino que más bien imaginamos, soñamos y reinventamos. Quizá por ello, uno de los personajes que pueblan este relato reconoce que “cuando uno deja de ver la vida lo que hace es vivirla”.

Y para demostrar que la vista no es el territorio de la literatura, recuerda que hace casi 500 años nos empezamos a llenar de imágenes, cuando Durero y otros ilustradores hicieron dibujos de Don Quijote y, entonces, empezamos a crearnos ciertas imágenes.

“Pero la palabra no es imagen; la palabra la vemos y la escuchamos, así que la literatura, en esencia, no es algo que vemos, es algo que interpretamos, sentimos e imaginamos, y por eso una buena novela nos lleva a que cada quien vea cosas diferentes”, explica.

¿Qué dice de nuestro tiempo este ejército de ciegos? “Me he sorprendido gratamente de las distintas lecturas contemporáneas que tiene esta novela sobre el significado de estos ciegos.

thumb
La novela nació de un hecho histórico que sucedió hace diez siglos, cuando 15 mil soldados búlgaros perdieron la batalla ante Constantinopla.Foto: Héctor López

“Hay gente que lo ve con cierta interpretación política y dice que nosotros somos ciegos que se dejan guiar por otros ciegos. En otros lugares, como Bulgaria, me han comentado que es como si fuera su lucha contra el comunismo, y algunas analogías se han hecho también con las guerras contemporáneas”, expone. Y añade:

 Mi intención era sólo escribir la historia de los ciegos con el detalle –no me voy a hacer el ingenuo– de que los libros tienen muchas interpretaciones y que cada lector pone su grano de arena para completar el libro, que las obras dicen más de lo que quiso decir el autor”.

¿Si usted fuera ciego, seguiría siendo escritor? “Me costaría mucho trabajo porque, por supuesto, estoy acostumbrado a leer con los ojos y lo primero que tendría que hacer sería que los ojos le cedieran el protagonismo a los oídos e, incluso, al tacto (con el braille), pero fuera de eso, dado que perdí los ojos y no fui ciego de nacimiento tengo muchos recursos que me podrían ayudar para seguir siendo escritor. Cambiaría mi escritura, porque sé que me enfrentaría al mundo de distinta manera e incluso, quizá, sería mejor escritor”, concluye.

Temas: