Nahuales para adolescentes: La raíz mexicana de la novela "Alma de Lobo", de Claudia Soto
La novela parte de un cruce entre dos universos: por un lado, la tradición mexicana de los nahuales y, por otro, la transformación emocional y física propia de los jóvenes.

En la intersección entre la docencia, la promoción de la lectura y la escritura de ficción, la escritora mexicana Claudia Soto ha construido una voz que dialoga directamente con las inquietudes de las nuevas generaciones.
Narradora, editora y profesora mexicana, actualmente presenta su más reciente novela, Alma de Lobo (Editorial Trillas, 2026), una obra que combina elementos de la tradición mexicana con una exploración íntima de la adolescencia.
Formada en la Universidad Pedagógica de Durango, Soto inició su camino en la escritura desde el ámbito académico.
En la universidad, en un taller de lectura y redacción, nos invitaron a escribir una historia, y creo que en ese momento me doy cuenta de que quiero dedicarme a escribir”, recuerda.
Desde entonces, su desarrollo ha sido paralelo al trabajo docente en primaria, donde también ha impulsado clubes de lectura y actividades de mediación.
Pero es justamente esa cercanía con niñas, niños y adolescentes la que da forma a su literatura. Alma de Lobo no surge únicamente de una inquietud creativa, sino de una observación constante del proceso de crecimiento.
Muchísimo tiene que ver con que trabajé con jovencitos… entre los 10 y los 13 años y también con mi experiencia como madre. La idea principal era la búsqueda de la identidad, encontrar un lugar en el mundo”.
La novela parte de un cruce entre dos universos: por un lado, la tradición mexicana de los nahuales y, por otro, la transformación emocional y física propia de la adolescencia. Sin embargo, ese punto de partida no fue inmediato ni rígido.
Cuando empecé esta historia no tenía tan claro cómo la iba a abordar… sabía que tenía el interés en los nahuales y que quería trabajar con ellos”, señala.

En ese proceso creativo, la realidad terminó influyendo de manera decisiva. “Al principio no iba a haber hombres lobo, iban a ser puros coyotes… porque aquí hay leyendas sobre mujeres coyote”, cuenta. Pero un acontecimiento específico cambió el rumbo de la historia:
Acababan de trasladar al zoológico de Durango unos lobos mexicanos que acababan de nacer… y fue el momento en el que dije: claro, quiero hablar de hombres lobo”.
Esa mezcla entre lo local y lo universal se convirtió en el eje de la novela. “Pensé: lo más cercano que tenemos a los hombres lobo en México son los nahuales… y de ahí surge esta combinación”, explica. El resultado no es una historia tradicional de licantropía, sino una reinterpretación con raíces culturales propias.
Más allá del elemento fantástico, Soto subraya que su interés está en los procesos humanos que atraviesan sus personajes.
“Me gusta mucho escribir desde la fantasía… para abordar temas que de repente resultan difíciles”.
En este caso, la transformación sobrenatural funciona como metáfora de los cambios adolescentes: la voz, el cuerpo, las emociones, la incertidumbre.
La novela también recupera elementos de la tradición oral, algo que la autora considera fundamental. “Las primeras narrativas fueron a través de la tradición oral… y creo que eso no debe perderse”, dice.

Esa decisión narrativa responde tanto a su formación como mediadora de lectura como a su experiencia en el aula, donde observa que los estudiantes siguen construyendo historias colectivamente.
El contexto social también atraviesa la obra. Soto trabaja en entornos donde las estructuras familiares son diversas y, en muchos casos, fragmentadas. “Hay niños que viven con abuelos, con tíos…”, explica.
Por ello, en Alma de Lobo quiso marcar un contraste claro:
Quería resaltar la diferencia que hace tener una red de apoyo a no tenerla”.
Ese énfasis en la comunidad y los vínculos se refleja en los personajes y en la forma en que enfrentan sus conflictos. Para la autora, la literatura no solo narra historias, sino que también abre espacios de identificación. Y ese parece ser uno de los puntos de conexión con sus lectores.
Sobre el recibimiento de la novela, Soto reconoce una respuesta positiva, especialmente por su enfoque.
Les ha interesado que no es el hombre lobo tradicional… sino que tiene muchas raíces mexicanas”.
Además, destaca el interés por los elementos culturales que incorpora: “La recuperación de cosas de pueblos originarios, la curandería, la chamanería son aspectos que llaman la atención”.

En un contexto donde la ficción juvenil vive un auge, la autora observa que los temas no son necesariamente nuevos, sino reinterpretaciones de inquietudes profundas.
Los primeros monstruos eran la representación de temas sociales que no podían contarse abiertamente”, reflexiona.
Desde esa perspectiva, su novela se inserta en una tradición más amplia, donde lo fantástico funciona como espejo de la realidad.
Su labor como promotora de lectura refuerza esta visión. En el aula, Soto insiste en que el acceso a la literatura debe ser significativo y cercano.
Lean lo que les gusta… un libro es una conversación entre el lector y quien lo escribió”, afirma.
Y advierte sobre los riesgos de imponer lecturas:
No porque un clásico sea bueno es lo mejor para iniciar”.
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