Gabriela Ortiz, entre el mambo y Stravinski
La compositora mexicana ha construido una obra que cruza la música popular y la tradición académica, lo local y lo global, para abordar temas como la identidad, la migración y la condición de las mujeres. Su reciente proyección internacional confirma su lugar entre las voces más destacadas de la música contemporánea.

"En su estudio, Gabriela Ortiz trabaja bajo la mirada de dos figuras icónicas: Igor Stravinski y Dámaso Pérez Prado”, contó el escritor Juan Villoro en su respuesta al discurso Altares, con el que la compositora ingresó a El Colegio Nacional el 30 de agosto de 2022.
“Stravinski supo llevar a la música de orquesta tradiciones vernáculas y el rey del Mambo advirtió que, desde el primer latido, la vida es cuestión de ritmo… Lo culto y lo popular pueden mezclarse”, agregó el narrador aquel día histórico en que la pianista se convirtió en la primera mujer en entrar al área de Artes y Letras del prestigiado organismo.
“Gabriela ha ejercido la cultura híbrida, el cruce que redefine fronteras, el contrabando artístico que rompe demarcaciones arbitrarias”, añadió al dar la bienvenida a la creadora a la máxima cátedra de México, que reúne a los científicos, artistas y humanistas más destacados desde 1943.
Los intereses de Gaby son múltiples y eso la ha convertido en una compositora con muy fuertes resonancias. Está muy atenta a los temas de ecología, de perspectiva de género, identidad y de mezcla de la cultura popular y la herencia vernácula con la música contemporánea. Todo eso la convierte en interlocutora perfecta de distintas disciplinas”, ratifica Villoro en entrevista.
“Su obra puede gustarle a escuchas muy selectos de la música contemporánea, pero también a un público amplio que siente una emoción inmediata al oír su música”, destaca.

El que sus piezas lleguen a todos los oídos es uno de los desafíos que Ortiz ha hecho suyo. La autora de obras para orquesta, dúos, tríos, cuartetos y quintetos, de óperas, de piezas para cine, danza, teatro e instalaciones sonoras evoca en ellas lo mismo a Camelia la Tejana que a la Reina Roja maya.
Justo se acaba de realizar el estreno mundial de su poema sinfónico La Reina Roja el pasado 31 de julio, interpretado en el quinto Festival PAAX GNP por La Orquesta Imposible y la Orquesta de la Comunidad de Madrid, bajo la dirección de Alondra de la Parra.
La pieza se inspira en el libro homónimo escrito por la periodista Adriana Malvido, a partir de la cobertura del descubrimiento que la arqueóloga Fanny López Jiménez hizo del sarcófago de la Reina Roja de Palenque, la esposa de Pakal “el Grande”, hace 32 años.
La Reina Roja tendrá varias presentaciones internacionales, entre las que destaca su estreno en Austria, el 28 y 29 de noviembre próximo, interpretada por la Bruckner Orchester Linz; en Países Bajos, el 8 de mayo de 2027 en el Concertgebouw, con la Filarmónica de la Radio de los Países Bajos; y en Francia el 22 de mayo del año entrante en la Philharmonie de París, con la Orquesta de la Comunidad de Madrid.
Charango y piano clásico
Considerada una de las compositoras mexicanas más reconocidas a nivel internacional, Ortiz ha entregado “una ingeniosa fusión de distintos mundos sonoros”.

Nacida el 20 de diciembre de 1964 en la Ciudad de México, en el seno de una familia de músicos —sus padres fueron miembros fundadores de Los Folkloristas, grupo de música latinoamericana—, Gabriela se encontró con este arte a los ocho años: mientras tocaba el charango y la guitarra, aprendía piano clásico.
Este universo híbrido, de fusiones, de mezcla de ritmos, definió la obra de la autora que lo mismo ha ganado el Premio Nacional de Artes y Literatura en 2016, el máximo galardón que otorga el gobierno mexicano, que tres premios Grammy en febrero de 2025 por el álbum Revolución diamantina, en las categorías de mejor composición clásica contemporánea, mejor interpretación orquestal y mejor compendio clásico.
Revolución diamantina, en su versión de concierto, fue estrenada el 16 de noviembre de 2023 por la Filarmónica de Los Ángeles, bajo la dirección de Gustavo Dudamel. Y como ballet en seis actos para orquesta sinfónica y ocho voces amplificadas se presentó el 4 y 5 de julio pasado, en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.
El reconocimiento de Gabriela Ortiz es resultado de años de estudio: en el Conservatorio Municipal de Roissy-en-Brie de París, la licenciatura en Composición en la Escuela Nacional de Música de la UNAM —donde fue alumna de Federico Ibarra—; composición con Mario Lavista, en el Conservatorio Nacional de Música; un posgrado en Composición en la Guildhall School of Music and Drama de Londres, y el doctorado en Composición y Música Electroacústica en la City University de Londres.
Casada con el flautista Alejandro Escuer, la música tiene una hija concebida en su primer matrimonio, con el percusionista Ricardo Gallardo.
La hija musical de Lavista
“Conozco a Gaby desde que tenía 19 años. La recuerdo llegando a casa de mi papá (Mario Lavista), que en ese entonces vivía en los Edificios Condesa. Llegaba a estudiar y trabajar sus obras. Ella y mi papá eran muy cercanos. Para él, Gaby era como una hija musical”, comenta la coreógrafa y bailarina Claudia Lavista.
En entrevista, la gestora cultural detalla que “conocí su entorno con Los Fokloristas, pues de adolescente era muy cercana a ese grupo y pude ver ese otro lado de su vida. Conocí a su papá, que era una persona hermosa”.

Explica que Ortiz “es, ante todo, una persona con mucho sentido del humor. Tiene un pensamiento musical profundo y un talento desbordado. Hemos platicado de la experiencia musical que tuvo con sus padres, como integrantes de Los Folkloristas, y de la experiencia de haber estudiado con mi papá en el Conservatorio.
“Esa unión se oye de manera tangible en su música. Esta hibridación sonora ha definido su estilo musical, su identidad radical”, agrega la autora de la concepción escénica de Revolución diamantina.
“La vi a lo largo de muchos años. Pero no había trabajado con ella hasta Revolución diamantina. Fue un gusto enorme para las dos. Incluso, en el estreno pensábamos en lo feliz que estaba mi papá en el cielo al vernos trabajar juntas: su hija-hija y su hija-musical”, añade.
La obra está inspirada en las protestas feministas que hubo en México en 2019, contra la violencia de género, donde se arrojó brillantina rosa a las autoridades.
Para Lavista,
“es una pieza muy potente, con una construcción compositiva fantástica, con un gran juego rítmico y total. Es un gozo absoluto para hacer danza, porque está llena de texturas y matices.
“Hablamos de la concepción, del proceso de creación de la música y le plantee cómo la veía en términos escénicos. Una de las maravillas de los balletes es que hay varias versiones. Ella siempre estuvo muy abierta a que yo planteara una concepción distinta”, indica.
La directora de Danza de la UNAM considera que la mujer es un tema vital para Ortiz. “La fuerza de sus piezas tiene qué ver con los muchos universos que conviven en una obra y que luego se fusionan. Gaby es un gran ejemplo para las compositoras y las artistas en general, porque ha abierto una ruta de trabajo para las mujeres”.
Y dice que espera que Revolución diamantina tenga varias temporadas más en México. “Sólo hubo dos funciones en medio del Mundial de Futbol”.
Mujer y transdisciplina
Gabriela Ortiz “es una persona alegre, curiosa, cálida; muy poco centrada en la especialidad de su trabajo y con ganas siempre de establecer vínculos con otras disciplinas”, expresa Juan Villoro.
El novelista evoca que fue jefe de redacción de la revista Pauta, dedicada a la música contemporánea, durante cuatro años. “Pude conocer a muchos compositores e intérpretes de ese género; y no siempre encuentras a personas con curiosidad por otras formas del arte.
“Muchas veces, las vanguardias generan una especificidad tan grande que hace que estas personas no tengan mayor interés en la obra de otros artistas. No es el caso de Gaby, que está al pendiente de lo que pasa en el mundo”, cuenta.
Advierte que uno de los temas que más interesa a la compositora es la mujer. “Cuando estaba pensando en un ballet (La revolución diamantina), me preguntó quién podría hacer el libreto. Le recomendé a la escritora Cristina Rivera Garza. No se conocían y creo que establecieron una buena mancuerna para ponderar el papel de la mujer en la sociedad contemporánea”.
Le sorprende su rápida proyección internacional.
Cuando le hablé para ver si le interesaba ingresar a El Colegio Nacional, en 2021, era una compositora plenamente establecida.
“Pero en los cinco años transcurridos desde entonces, ha estrenado obras en Berlín, Barcelona y Estados Unidos, convirtiéndose en una figura de rango mundial. Es de las principales compositoras del mundo hoy en día”, concluye.
Villoro adelanta que Ortiz lo invitó a escribir un libreto para una ópera. “Estuvimos trabajando en eso, pero dependía de Gustavo Dudamel, que dejó su cargo en la Ópera de París y todo quedó pendiente. Probablemente lo retomaremos en el futuro”.
Los retos de Ortiz
Uno de los retos de la compositora ha sido abordar, desde ritmos coloridos y vivos, temas como los feminicidios, la migración, las fronteras y el papel de la mujer en la sociedad, entre otros.
“El arte para mí es una manifestación viva que nos observa, nos exige y nos muestra lo peor y lo mejor de la sociedad. De aquí que siempre he abogado por abrir puentes a las expresiones artísticas más diversas y hablar de los temas a los que nos enfrentamos como humanidad”, afirmó en su discurso Altares.
“Dedicarme a la música ha sido una forma de entender el mundo, de sentirme libre, sin limitaciones formales, pero con otro tipo de responsabilidades”, comentó quien ha colaborado con diversas orquestas de EU, Europa y Latinoamérica.
“Mi música representa un punto de encuentro entre lo local y lo global, entre la tradición escrita y la oral, entre lo rural y lo urbano”, apuntó quien ha recibido encargos de composición de la Filarmónica de Los Ángeles, del Cuarteto Kronos, la Filarmónica de Nueva York y la Ópera de Chicago.
Y la también catedrática y amante de los gatos concluyó. “Me enamoré de la música cuando entendí que los sonidos tienen alma y es a través de ellos que uno puede hablar de sí mismo”.