Custodios de fe: Pasión de Iztapalapa desde la armadura romana
Padre e hijo que interpretan a soldados romanos narraron qué significa para ellos acompañar a Jesús

En medio del fervor de la 183 Representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa, hay figuras que, por tradición histórica, cargan con el estigma de la villanía: los soldados romanos. Sin embargo, en el corazón de esta tradición, existen hombres que visten la coraza no con maldad, sino con una profunda devoción y espíritu de servicio.
Tal es el caso de Miguel Pérez y su hijo, quienes desde hace casi 15 años se integraron a la organización, invitados por el Barrio Santa Bárbara. Miguel, un hombre de Iztapalapa, compartió cómo la representación romana se convirtió en un lazo familiar, un legado que hoy honra con su hijo, de 18 años, quien desde los cinco se sintió atraído por el uniforme.
- ¿Por qué Romanos y no Nazarenos?
"Para nosotros, ser romano es el servicio, la protección y el acercamiento directo a Jesús." Distingue su papel de la "manda" o la "penitencia" que motiva a los nazarenos y enfatiza una ideología de "soldados en custodia", no de "romanos malos".

Miguel compartió que el primer año que salió junto a su hijo, les tocó escoltar a Cristo, jalando las cadenas de la cruz; hoy, custodian a Poncio Pilatos y a la banda de guerra, cumpliendo su rol como "valla custodia a nivel ciudadanía".
El hijo de Miguel lo resume con una sencillez conmovedora.
La verdad, cuando salimos, aquí salimos de corazón, lo hacemos bien, de buena fe. Y más que nada también venimos a pedir salud, protección".
En el bullicio de la Pasión, su historia se alza como un eco, pidiendo a la audiencia mirar más allá del casco y la lanza. Ellos son los custodios anónimos que, con armadura brillante y corazón noble, reescriben su papel cada Viernes Santo, transformando el odio histórico en una sublime ofrenda de servicio.
*DRR*