Trascienden las pistas; dos exitosos atletas unen sus vidas
Hace dos décadas Romary Rifka y Alejandro Cárdenas comenzaron a escribir su propia historia de amor

MESA, Arizona.- Alejandro Cárdenas y Romary Rifka, dos de los mejores atletas en la historia del deporte mexicano, cruzaron sus vidas hace dos décadas y hoy por vigésima ocasión celebran el Día de San Valentín. El destino los llevó a un camino fuera de las pistas como pareja igual de exitoso que sus trayectorias dentro del alto rendimiento.
Cárdenas, especialista en 400 metros planos, y Rifka, en salto de altura, dueños de las marcas mexicanas en sus disciplinas, iniciaron su relación cuando sus trayectorias en el atletismo atravesaban momentos opuestos.
El velocista sonorense venía ganar el bronce en el Mundial de Atletismo de Sevilla 1999, pero después de una decepcionante actuación en los Juegos Olímpicos Sídney 2000, en los que se vio mermado por las lesiones, comenzó el declive de su rendimiento.
Siempre bromeamos que me agarró en mi peor momento, deportivamente hablando”, recordó Cárdenas, quien conoció a su esposa cuando cumplía con un proceso de rehabilitación en el Comité Olímpico Mexicano (COM).
Venía de momentos difíciles. Yo tenía mucha ilusión en esos Juegos de Sídney y después de eso todo fue difícil. La conocí justo cuando me intentaba recuperar de esas lesiones y buscar ese sueño más adelante”, recuerda el excorredor.
Rifka estaba a punto de disfrutar del mejor momento de su carrera cuando se encontró al amor de su vida.
Sin duda fue un gran apoyo para mí”, explicó Rifka, medallista en tres ocasiones en Juegos Panamericanos. “A mí ya me iba a bien, a nivel local, regional, pero me faltaba dar ese paso y Alejandro fue de gran importancia para tener ese impulso.
Fuimos muy rápido, pero la verdad es que las cosas así se fueron dando y desde luego que no nos arrepentimos”.
Se convierten en los padres de una niña en 2002 y, curiosamente para Romary, después de eso también inició el despegue en su trayectoria.
No sólo me ayudaron con sus consejos como atleta, sus formas de ver el deporte, de entrenar, también como papá”, dijo Romary, medallista de plata en los Panamericanos de Santo Domingo 2003, monarca en Río de Janeiro 2007 y tercer lugar en Guadalajara 2011.
Es muy curioso, porque mis mejores resultados se dieron cuando yo ya era mamá. Alejando me dio todo su apoyo como padre, si no hubiera tenido eso, jamás lo habría logrado”, recordó Rifka.
Pero no sólo Romary siguió luchando en su carrera. Alejandro se sobrepuso a las lesiones y clasificó a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, los cuartos en su brillante trayectoria.
Sin duda nos complementamos muy bien”, explica Cardenas. “Trabajamos duro, nos apoyamos, nos aconsejamos. Fue una bonita etapa como atletas, pero ahora también la llevamos a cabo como papás”.
La vida de los Cárdenas Rifka nunca se ha desprendido del deporte y ahora está igual o más ligada que antes.
Romary, su hija mayor, de 19 años, ha tenido una destacada carrera en el tenis, deporte que le abrió las puertas de la Universidad de Missouri.
Por su parte Alejandro Junior, de 15, practica el atletismo, en pruebas de velocidad, buscando emular a su padre.
Yo trato de impulsarlos. En el caso de Alejandro me toca entrenar con él, pero su mamá es la mayor impulsora de todo esto, de su amor al deporte, y de la disciplina para practicarlo.
La historia de los Cárdenas Rifka ha sido muy buena en el deporte, pero ojo que aún no se ha cerrado”, dijo Alejandro.
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