Competir por México, un orgullo

El Pony Clark Más de una vez hemos escuchado a los grandes jinetes del mundo declarar que el mayor honor y privilegio es tener la oportunidad de representar a su país. ¿Qué sentirán los jóvenes cuando, por primera vez en su vida, logran alcanzar esa oportunidad? El ...

El Pony Clark

Más de una vez hemos escuchado a los grandes jinetes del mundo declarar que el mayor honor y privilegio es tener la oportunidad de representar a su país. ¿Qué sentirán los jóvenes cuando, por primera vez en su vida, logran alcanzar esa oportunidad?

El fin de semana pasado, durante el Campeonato Nacional de Salto Ecuestre en Balvanera, Querétaro, se llevaron a cabo las pruebas calificativas para seleccionar a los equipos Infantiles, Juveniles y Young Riders que representarán a México a principios del año que entra durante la Copa de Naciones del Centro Ecuestre Internacional de Palm Beach en Wellington, Florida.

Dicha Copa de Naciones se ha convertido en el escaparate donde podemos observar a nuestras futuras estrellas del deporte ecuestre, provee a los jóvenes jinetes y amazonas de todo el mundo la oportunidad de medirse con sus contrapartes internacionales, de experimentar el compañerismo y también la presión

que va de la mano de ser parte de un equipo que representa a tu

país; de sentir el orgullo de defender los colores de la bandera y dejarlo todo en la cancha por escuchar el Himno de México en el extranjero.

Pocos dudarían que el mayor honor de cualquier atleta es representar a su país en competencias internacionales, y para nuestros jóvenes jinetes no es la excepción. Competir a nivel internacional es el resultado de una serie de factores. Sin duda, se requiere talento, pero para explotar ese talento se requiere la tenacidad para dedicarle un sinnúmero de horas a mejorar continuamente la monta y establecer entendimiento y confianza con el caballo. Se requiere también de fortaleza mental, confianza en sí mismo y actitud positiva para siempre seguir adelante aun ante la adversidad y para recuperarse rápidamente de contratiempos. Cuando dicha competencia además es en equipo, se requiere de un delicado balance entre liderazgo y espíritu de cooperación.

Muchos de estos factores requieren madurez emocional y tienden a llegar con los años, y es por eso que no podemos dejar de tomar en cuenta a la familia. El compromiso de la familia es fundamental para la formación y el desarrollo del talento de estos jóvenes. Los valores inculcados, el apoyo incondicional, las palabras de ánimo, son esenciales para una continua motivación del jinete. En ocasiones se necesita consuelo, así como a veces es necesario que firmemente te guíen por el camino correcto e insistan en que no te rindas y que el sacrificio vale la pena. En ocasiones es simplemente el estar ahí, presente, para celebrar tus triunfos o para levantarte si te caes – literalmente.

Representar a México no sólo implica honor y orgullo para el jinete, sino también para su familia, para la cual verlo triunfar es su mayor recompensa. Siempre estaremos agradecidos con estas familias, pilar de una sociedad y en este caso, del futuro de nuestro deporte.

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