Tiempo de reacción
La velocidad no se siente. El planeta, con todos sus mares, continentes, montañas, ciudades, navega silenciosamente por el espacio, alrededor del Sol, a una velocidad de 30 mil metros cada segundo. Aún resulta difícil percibir que gira sobre su eje de oeste a este. Si ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
La velocidad no se siente. El planeta, con todos sus mares, continentes, montañas, ciudades, navega silenciosamente por el espacio, alrededor del Sol, a una velocidad de 30 mil metros cada segundo. Aún resulta difícil percibir que gira sobre su eje de oeste a este. Si colocásemos nuestro rostro hacia oriente, iríamos al encuentro del astro.
Hace poco más de medio siglo, el buen aficionado, juez o comunicador, se colocaba cerca de la línea de meta con el fin de ser testigo ocular de los acontecimientos deportivos en atletismo o natación. Testigo ocular con mayor precisión objetiva, aunque en realidad esta objetividad era más bien de carácter subjetivo, pues el ojo humano no discierne en rangos menores a un tercio de segundo. En la actualidad depositamos la confianza en los sistemas de cronometraje y medición electrónica.
En natación, el cronometraje electrónico se incorporó tras la polémica final de los 100 m nado libre en Roma entre el australiano John Devitt y el estadunidense Lance Larson, oro y plata, ambos con 55.2, uno tocó por arriba y otro por debajo la superficie del agua. En los JO de Beijing se produjo una ardiente polémica en la final de los 100 m de mariposa entre Phelps (50.58) y el serbio Milorad Čavić (50.59); 1/100 de segundo de diferencia que el ojo humano no puede apreciar.
La tecnología avanza a pasos asombrosos. 1/100 es un rango de importancia en la ruptura de un récord mundial; 1/10 de segundo es un convencionalismo que la IAAF se sacó de la manga para descalificar a los atletas.
El tiempo de reacción (TdeR) del atleta debajo de ese rango se considera salida adelantada, “robo de salida”, que se penaliza con descalificación. El TdeR del atleta es el T de todo el proceso que tarda el cuerpo en reaccionar desde el instante en que el oído capta el estallido de la pistola, se dirige casi en forma instantánea al cerebro y éste ordena que entre en juego el movimiento muscular con la explosión de energía de empuje, del block de salida. Todo sucede en partículas de tiempo.
Al TdeR se le concede una importancia que no tiene en relación con la fuerza de arranque de los blocks. Conoceríamos más de la prueba del sprint de 100 m si contásemos con la magnitud de esta fuerza más que el TdR. La cantidad de movimiento que comunica aportaría mucho sobre el desarrollo de la competencia. Sugerimos que se mida, que se cuantifique.
Al decir que no se aprecia la velocidad no podemos sustraernos a tocar un punto sobre el que no se toman medidas y que, semana tras semana, cobra vidas. Un clavadista rompe la tensión superficial del agua a poco más de 50 km ph. Si su salto lo hiciera fuera del estanque, podría provocarse heridas mortales.
Viajar en un vehículo a 100 km significa ir a una rapidez de 27 m 2/3 en un segundo. En dos, se cruza una alberca olímpica en más de 5 m. Pasar el pie del acelerador al pedal de freno implica 8/10 y el vehículo no frena de inmediato en seco. Y en ese lapso ya recorrió más de 21 m. La cantidad de movimiento es el peso por la velocidad. El impacto es brutal. Los frenos no fallan, como se divulga, es cuestión de física.
De igual forma que un piloto de un Jumbo tiene que reducir la velocidad en el aterrizaje —los Jumbo no pueden detenerse en 100 m—, de igual forma quienes manejan tráileres deben reducir la velocidad, sobre todo en descenso. Las autoridades son espectadores pasivos de las frecuentes tragedias en la carretera Toluca-Cd.de México. ¡Que no manejen arriba de 50 kmph! Y que toda la gente sepa que este rango puede ser mortal, en carretera o en ciudad.