Desafíos inalcanzables
La tinta de los periódicos va a arder al rojo vivo con el enfrentamiento en el maratón entre los poderosos campeones Eliud Kipchoge, de Kenya, y Kenenisa Bekele, de Etiopía, convertidos, desde hace unos días, en diástole y sístole del Virgin Money London a ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
La tinta de los periódicos va a arder al rojo vivo con el enfrentamiento en el maratón entre los poderosos campeones Eliud Kipchoge, de Kenya, y Kenenisa Bekele, de Etiopía, convertidos, desde hace unos días, en diástole y sístole del Virgin Money London a celebrarse el próximo domingo 26 de abril.
Kipchoge no tenía 17 años, sino 19, en el Mundial de París 2003, cuando batió al marroquí Hicham El Guerrouj y a Bekele en los 5,000 m lisos. Hay otras consideraciones importantes de esta batalla o carrera del siglo. La diferencia de dos segundos en los 42,195 m entre uno y otro atleta —2:01.39 RM Kipchoge, 16-09-2018, en Berlín – 2:01.41 Bekele, 29-09-2019 en Berlín— permite señalar que, potencialmente, Bekele es un atleta capaz de cruzar el llameante muro de las dos horas, como lo hizo Kipchoge, quien empleó unas zapatillas especiales en octubre pasado, cuando en El Prater de Viena cronometró 1:59.40.
Ambos corren para la misma firma comercial que fabricó la zapatilla, pero Bekele fue descartado por lesiones, incluso la Federación de Etiopía no lo inscribió para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Contra viento y marea, con tenacidad y voluntad de acero, el etíope poseedor de los RM tanto en 5,000 como en 10,000 m se recuperó de lesiones y marcó el segundo mejor crono de la historia en maratón.
Al pensar en el derribo del muro de las dos horas se forma la fuerte imagen de una hazaña dificilísima, como realmente lo es. La ruptura se debió al cuerpo prodigioso de Kipchoge amalgamado con la ciencia del entrenamiento y el acelerado proceso evolutivo de la tecnología, de las zapatillas, a las que suman los rabbits, y su formación, el indicador del rayo láser, aumentado por la fuerza mágica de la comunicación prensa, radio, TV y otros.
¿Habrá otro desafío en el atletismo más difícil que el muro de las dos horas? Más que un desafío que cruce por la mente de algún atleta excepcional, hay al menos dos hazañas que acaso ni en los dorados sueños olímpicos podrían aparecer. Uno serían los tres oros que conquistó La Locomotora, Emil Zátopek, en los JO de Helsinki 1952, y otro, más que difícil que las dos horas en maratón, la victoria del etíope Abebe Bikila, ¡descalzo!, en los JO de Roma, la Ciudad Eterna, en 1960.
Ambas hazañas de época, imposibles de repetir, acaso la primera por la especialización moderna de los entrenamientos y la segunda por las circunstancias históricas, políticas y deportivas, ahora ni quien corra descalzo. Durante la II Guerra Mundial, Italia, con la vesania de Mussolini, arrojó gases deletéreos en Addis Abeba, y Bikila (flor que brota en amárico), era soldado y miembro de la guardia imperial de un país pobre. Su paso por el Arco de Constantino proyectó una imagen triunfal cargada de alto simbolismo nacionalista.