Del nadir al zenit

El universo acuático vivía en la magia de las hazañas de Melbourne, Roma, Tokio y se mecía emocionado en los nombres legendarios y eufónicos de Murray Rose, John Konrads, Don Schollander, la saeta rubia, que había conquistado y deslumbrado en Tokio 64, con ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

El universo acuático vivía en la magia de las hazañas de Melbourne, Roma, Tokio y se mecía emocionado en los nombres legendarios y eufónicos de Murray Rose, John Konrads, Don Schollander, la saeta rubia, que había conquistado y deslumbrado en Tokio 64, con cuatro oros olímpicos e igualado 40 años después la ilustre actuación de Johnny Weissmüller en los Juegos Olímpicos de París 1924: conquistar el doblete de los 100 y 400m nado libre. Cuatro oros, en la década de los 60 representaba el ápex. Sentado en el pequeño muro de piedra, en el exterior de la alberca del CDOM, junto a Mike Burton, La máquina de nadar, está Mark Spitz; viste chamarra oscura, pantalón de mezclilla y tenis. Hacia el lado derecho de Spitz, a unos metros, Schollander. El pelo de Spitz es corto y sus ojos brillan con intensidad. Al pararse, su cuerpo parece trazar una S que empieza a curvar su espalda y da la impresión, tanta flexibilidad muscular proyectaba, de poder curvar las rodillas hacia atrás. “Cinco medallas de oro”, expresó con seguridad. Hay derrotas que edifican tronos de oro.

La memoria extrae dos momentos inolvidables en la historia y la vida de Mark Spitz, entonces de 18 años, en los JO de 1968: cuando su compañero Douglas Russell lo derrota en los 100 m de mariposa (55.9) contra 56.4 (conforme a una ley no escrita, pero siempre firme, presente y respetada, Spitz pierde la perspectiva de disputar un segundo oro en el relevo combinado) y el acontecimiento increíble, el 24 de octubre, Spitz en solitario, nada dos largos olímpicos con lentitud en las que refleja infinita tristeza y desilusión.

Diez mil espectadores murmuran y miran cómo rumia su dolor; poseedor del récord mundial en los 200 m de mariposa, había tocado en último lugar. ¡Nadie lo sospechó! Parecía un castigo a su soberbia y ambiciones. No encajaba en el grupo de Santa Clara. Y cuando la derrota lo espoleó a los JO de Múnich, su carácter arrogante no le favoreció en el grupo. George Haines lo corrió de la catedral acuática con cajas destempladas. Se refugió en Indiana con James Doc Counsilman. Entrenó tenaz y febrilmente. El bocón exclamó: “¡Voy por siete oros!”. En diez días, en la turbulencia y tragedia de Múnich, Mark Spitz se disparó del nadir al zenit. Siete oros y siete récords mundiales. Sus victorias individuales: 28 de agosto, 200 m mariposa –2’00”70; martes 29, 200 m nado libre –1:52.78; jueves 31, 100 m mariposa – 54.27; domingo 3 de septiembre 100 m nado libre – 51.22.

Además de los esfuerzos colectivos en relevo libre 4x100 y 4x200 y relevo combinado 4x100 m. Fue tan grandiosa su hazaña, que 36 años más tarde Michael Phelps la superó en un oro en los JO de Beijing 2008. Fue hace medio siglo que, Mark Spitz, 22 años de edad en Múnich, revolucionó con su acerada voluntad y excepcional talento el universo acuático. Weissmüller, Schollander, Spitz, Phelps, incomparables, cada uno la más alta expresión deportiva en su época.

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