Conjunción
Que aquel jovencito mexicano de 16 años, Guillermo Echevarría, de súbito se proyectara y uniera en el espacio sideral de los Murray Rose, Don Schollander, John Konrads, Roy Saari, aparte de producir en todo el país una explosión de alegría y alborozo un jueves ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
Que aquel jovencito mexicano de 16 años, Guillermo Echevarría, de súbito se proyectara y uniera en el espacio sideral de los Murray Rose, Don Schollander, John Konrads, Roy Saari, aparte de producir en todo el país una explosión de alegría y alborozo —un jueves posterior al 2 de agosto de 1964 fue presentado en la cancha del estadio de Ciudad Universitaria (dos años atrás, el primer jueves de noviembre en la noche, llegaron a las mismas tribunas de C.U. voceadores de Últimas Noticias, de Excélsior, para anunciar el terrible e impactante accidente que le costó la vida al joven piloto de Fórmula 1, Ricardo Rodríguez, en la curva peraltada del autódromo de la Ciudad Deportiva) y vitoreado por su cuarto lugar en Palo Alto, en la prueba, como lo hemos señalado, en la que el australiano Murray Rose destrozaba el récord mundial de los 1,500 m—, fue la conjunción de acontecimientos.
Su aparición en la azulada superficie asombró al mundo. Un mexicano con las luminarias de EU, Australia, Japón, Europa. Rapidez y brazadas al parejo de los fenómenos acuáticos en aquella época en que emocionaban los avances de la australiana Dawn Fraser en los 100 m nado libre. Dos años antes, en Baden-Baden, Alemania, en 1962, México obtuvo la sede de los Juegos Olímpicos. Se logró cuando el general José de Jesús Clark Flores era el vicepresidente del Comité Olímpico Internacional y el titular era el racista estadunidense Avery Brundage, quien compitió contra el célebre indio Jim Thorpe en Estocolmo 1912, en penta y deca.
Con el presidente Adolfo López Mateos, se respiraba una atmósfera con la idea de que los mexicanos se sabían líderes de América Latina. Época de florecimiento y de relativa paz en el mundo y de admiración científica: el Sputnik giraba alrededor de planeta; luego, Yuri Gagarin. En México, con los sucesos internacionales y nacionales, se vivía una etapa de efervescencia social y deportiva. Los JO y sus legendarios héroes se apreciaban con otra luz y magnitud más intensas. Las referencias llegaban por la radio y se les conocían esporádicamente en los noticiarios que proyectaban en los cines. La natación, como el tenis, la equitación, el voleibol, los clavados, el tiro, el basquetbol, el futbol soccer, el boxeo, ocupaban un sitio de especial atractivo. Las Semanas Deportivas Internacionales catalizaron el ambiente olímpico.
En los Juegos Centroamericanos de San Juan de Puerto Rico, 1966, Guillermo Echevarría se reafirmó al convertirse en la principal figura tras ganar ocho medallas de oro, una de plata y otra de bronce. Sus oros fueron en 200, 400 y 1,500 m nado libre; 200 m dorso, 200 m mariposa en los que se impuso al notable Gabriel Altamirano y Juan Alanís, y 400 m combinado a Rafael Hernández y relevos 4x200 m nado libre y 4x100 combinado. Altamirano, Alanís y Hernández fueron finalistas olímpicos. La trayectoria de Echevarría apuntaba hacia el empíreo.