Adulación perversa

No hay, para ver, ojo mejor que el del amo. Cayo Julio Fedro Sin propósitos reales que correspondan a su nivel centroamericano y caribeño, se presencia la tragicomedia y farsa cuatrienal de la Selección Mexicana de Futbol. Un disco ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

No hay, para ver, ojo mejor que el del amo.

                Cayo Julio Fedro

Sin propósitos reales que correspondan a su nivel centroamericano y caribeño, se presencia la tragicomedia y farsa cuatrienal de la Selección Mexicana de Futbol. Un disco rayado que concluye con la búsqueda de culpables, de cambios, nuevos proyectos y que se inicia, como siempre, con el drama artificial de no saber por qué el Tri fue eliminado, el por qué no llegó al famoso, inalcanzable, mítico o quimérico, quinto partido. Como si fuese el más grande de los misterios encerrado en un cofre en el fondo marino.

Digámoslo de nuevo: no es el entrenador, no son los jugadores ni los cambios, es el bajo nivel de los futbolistas; reflejo de un sistema que no ha definido lo que quiere; que no busca en el esfuerzo físico-técnico el perfeccionamiento deportivo auténtico, un sistema que bascula, tanto en el futbol como en el deporte federado —rezagados en el campo internacional—, en el engaño, en lo político y el dinero. Al Tri, en el micrófono principalmente, se le eleva la calidad con decibeles. Y no da para más.

A la desilusión del fracaso y a la indignación agitada, sobreactuada de acólitos, paleros, aduladores, fabulistas, realmente arribistas e impostores del periodismo deportivo, se continuará, dentro de unas semanas, con la “infla-valoración” de los futbolistas, torrentes de elogios con los golazos y golazazos dominicales; se mezclará la visión del deporte-espectáculo, con intereses crematísticos, ignorancia y servilismo.

El olvido es un mecanismo de la mente para concederse la nueva oportunidad de renovarse, pero en el futbol doméstico se trata de una maquinación con fines perversos y comerciales que pueden favorecer incluso al clima político. Dentro de cuatro años la manada, modelada al antojo de algunas pantallas de cristal, volverá a entonar el “sí se puede”.

No todo es oscuro, el futbol es fascinante, encantador y, como otras actividades, cumple con una función social importante, el empleo del tiempo libre, del tiempo ocio, distracción divertida, atractiva.

Hace poco más de 50 años el político y teórico alemán Gerhard Vinnai expresó: “Los empresarios ingleses —se refería a la época victoriana— promueven el futbol confiados en que mantendrán a los trabajadores apartados de las actividades políticas y sindicales”. Como lo han apuntado sociólogos y escritores, es el opio del pueblo.

No beneficia al deporte ni a los futbolistas el elogio exagerado, pero sí se distorsiona la percepción de la masa y de algunos jugadores haciéndolos creer que tienen clase; con un pero, no la han demostrado en un Mundial. Han hecho de la mediocridad una virtud. Y la manada, aplaude.

Lo han señalado los directivos de la Federación Mexicana de Futbol, ante los oídos sordos de sus acólitos, más que un deporte, es un gran negocio. Con esta oncena, a la que se le acabaron las piernas antes de cumplirse el primer tiempo ante Brasil, la FMF, sólo por participar en el Mundial de Rusia, recibió 9.5 millones de dólares, sin considerar los cientos de millones de dólares que recibe de patrocinadores y la televisión.

Cómo y con qué antecedentes se puede pensar y afirmar que se va a ganar una copa mundial. Tan sencillo que sería darle una dimensión aproximada a su real nivel.

Acaso se ganaría mucho más en diversos órdenes si todos los partidos que, antes de jugarlos, los gana el Tri en el micrófono y el papel, se convirtiesen en retos muy difíciles, el futbol ganaría mucho más en todos sentidos.

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