OK, DEJEN LAS TRIBUNAS, PERO NO MATEN AL BEISBOL

Gracias por sus comunicaciones, a partir de la anterior entrega de Súper Beis, queda claro que siguen ustedes, los aficionados que le dan vida a los estadios, siguen queriendo ir por su chela y su hot dog, además de su gorrita… Qué bueno que reaccionaron y les molesta, ...

Gracias por sus comunicaciones, a partir de la anterior entrega de Súper Beis, queda claro que siguen ustedes, los aficionados que le dan vida a los estadios, siguen queriendo ir por su chela y su hot dog, además de su gorrita…

Qué bueno que reaccionaron y les molesta, incluso, la idea de pensar en una imposibilidad de presenciar de cerca a sus ídolos, a los lances, bueno, también esos gritos (algunos) ingeniosos a los ampáyers.

Con una disculpa por adelantado, tenemos entonces que decir lo siguiente:

Sin distopía, con puro análisis objetivo de la tendencia actual, puede sonar con crudeza el decir que están matando a aquel beisbol que conocimos.

Olvídense de las figuras de millones y millones, ahora casi puro journeyman, ese pelotero que se va a “rifar” por el salario establecido.

Se acabaron los pitchers caballos de dos (y hasta tres) juegos completos por semana, vaya, eso era allá en años lejanos, pero lo de hoy es una tendencia sórdida con los pitchers abridores come-innings en franca decadencia, son como un tiranosaurio rex, una tremenda especie con posible extinción.

Y es que todo hace click para el crash course en cuanto a que el comisionado Rob Manfred quiere reducir los tiempos de juego y esto molesta a los managers.

Reducir los tiempos, molesta a los jugadores, si éstos gustan acomodarse las guanteletas, rascarse o tomar un manojo de segundos para aceptar una señal.

Especialmente, reducir los tiempos, molesta a los aficionados, ¿aquéllos quienes no están llenando los estadios?

Es como un oxímoron: los aficionados —sin apersonarse— exigen que los juegos duren todo el tiempo que sea necesario, ¡c’mon!

No, y espérense, si se empiezan a quejar de que hay menos peloteros carísimos (con lo que cuesta cada ponche a Giancarlo Stanton) o que la política antidopaje está muy ruda, pues les estarían dando pretextos.

Ah, ¿sí?

¡Menos aún si se les ocurre a Montreal y Portland aterrizar una expansión!

Si así vemos a cada refrito que nos mandan como “exligamayorista” a la Mexican League imagínense ustedes cuánto talento quemado expulsaría el sistema de Las Mayores, siendo claramente visible que no son de otro planeta para nuestras ligas profesionales.

Sí, está color de hormiga la cosa, pues mucho de este razonamiento parte por el desmedido y férreo control que ya tienen los 30 dueños de equipos por cuanto a los valores de firmas para drafteados locales, internacionales y en salario mínimo, por supuesto, además de tener a los peloteros de sucursales casi pagados como cajeros de ciertas hamburguesas “Mc”.

Por cierto, ¿cómo se vería en Grandes Ligas que un dueño tuviera dos equipos y que, además, se aventara la puntada de cambiar cuatro peloteros activos de cada uno, entre ambas escuadras?

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