¡Empatamos!; Argentina 1978

Una desastrosa actuación dio pie a una de las anécdotas más hilarantes en la historia de la Selección Mexicana

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José Pilar Reyes y Pedro Soto

CIUDAD DE MÉXICO.

El portero José Pilar Reyes estaba en el vestuario del estadio de Córdoba, Argentina. Le dolía la rodilla izquierda luego de un choque con Karl-Hainz Rummenigge. Tampoco es que quisiera asomarse. Era un mundial maldito para México.

Prefirió abstraerse en una camilla en el subterráneo del estadio. A lo lejos alcanzó a escuchar tibias porras: ¡México! ¡México! ¿Y si sí? ¿Y si sucedió el milagro?

Su incertidumbre se traducía en zozobra. “Dicen que fingí mi lesión. Nunca, el choque fue tan fuerte que la rodilla se me puso blanca, cuando me vi en el césped pensé que estaba viendo mi hueso”, comenta Reyes, un portero nacido en Aguascalientes y que para ese momento, en dos partidos, ya había recibido seis goles.

No jugaba tan mal esa Selección de José Antonio Roca, pero no salieron las cosas como se planeó. Nunca nos quitaron la etiqueta de malos”, cuenta más tranquilo con los años.

México era un equipo en extremo precoz. Sus delanteros, Hugo Sánchez, Víctor Rangel y Raúl Isiorda, promediaban 20 años. No eran más que un remolino de buenas voluntades. Con la pelota a favor tenían técnica, pero sin ella eran un mar de penas. El técnico había dado la orden de marcación personal, cada uno de los jugadores seguía a su rival, pero cuando los dejaban atrás con un regate, no había quien defendiera.

Ése fue el error”, relata Reyes, “por eso se daban esos grandes huecos. Cuando Alemania nos metió el tercero yo ya había achicado todo lo que podía”.

Entonces Pilar Reyes se fue al vestuario al minuto 40. El turno fue para Pedro Soto, portero del América que tenía pánico escénico, “sólo dos veces me han temblado las piernas. El día que debuté y esa vez contra Alemania”.

Y es que México pasaba las de Caín con los alemanes por la diferencia física, “nos sacaban dos cabezas de diferencia”, dice Soto que el primer balón que vio llegar a su portería fue un tiro libre de Heinz Flohe al ángulo.

Al medio tiempo el partido estaba 4-0. Pedro Soto, que pensaba tener un papel secundario en el Mundial, de pronto estaba con la responsabilidad del arco ante unos insaciables rivales.

No había mucho ánimo en el vestuario es cierto, todos estaban serios”, dice al recordar ese juego.

Y es que el Tri por el que se apostó mucho en un cambio generacional, había perdido en el debut ante Túnez. Al día siguiente, Susana Matiel, encargada del conmutador de la Femexfut, llamó a la policía para reportar amenazas de bomba en el edificio. La afición estaba encolerizada.

Contra los alemanes las cosas sólo empeoraron. “La presión se sentía hasta Argentina. Cuando veo que entra el equipo completo al vestidor me le acerqué a Pedro Soto. ‘¿Cuanto quedamos?’ le cuestioné. ‘¡Empatamos!’, me respondió”, relata Pilar Reyes.

Por un momento se le iluminó el rostro. Y es que un año atrás, en el Estadio Azteca, encharcado por una lluvia interminable, México había empatado a dos goles con Alemania en un amistoso, “por un instante me ilusioné, pero de pronto que me dice, ¡empatamos! A ti te metieron tres y a mí tres. Quedamos 6-0”.

Con el tiempo, esa vergüenza que no se podía lavar pasó a la verbena popular como un mito jocoso fortaleciendo la amistad entre los dos porteros.

Y la verdad es que empatamos”, rememora Pedro Soto, “a Pilar Reyes le metieron seis goles en el mundial y a mí... otros seis”.

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