Los malditos penales; de Servín, a 30 años

México es eliminado en los cuartos de final por Alemania en un partido que se jugó en Monterrey por “un mal cálculo”

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CIUDAD DE MÉXICO.

Sólo en una ocasión la Selección Nacional ha jugado un quinto partido en Copas del Mundo y lo hizo para regalar una actuación digna de honores, a pesar de que el resultado no fue el que deseó. En la ronda de penales, en un juego celebrado en Monterrey por “un mal cálculo”, Alemania Federal la echó (4-1 final) no sin antes haber dado una muestra de gallardía que le fue reconocida en el orbe.

El juego de cuartos de final se disputó en el Estadio Universitario por una mala planeación de la Federación Mexicana de Futbol. El equipo tricolor acabó en la punta del grupo B y eso lo llevó a jugar en San Nicolás en los cuartos de final. Si hubiera acabado en segundo se habría quedado en el Azteca.

“Se le tuvo mucho respeto a Bélgica, nunca se pensó que seríamos líderes. Fue un error sabiendo que México ha perdido muy pocos partidos en el Estadio Azteca, es de los estadios más difíciles en el mundo”, rememora Raúl Servín, uno de los protagonistas del encuentro.

La afición regiomontana intentó que el cambio de sede fuera lo más terso posible, con una muestra de efusividad que marcó: desde el aeropuerto hasta el hotel de concentración hizo una valla y en las tribunas decoró como nunca el Uni con verde, blanco y rojo. Inspiración valiosa que fue agradecida. Recuerda Servín que los alemanes entraron tan tensos a la cancha como México. “Se les veía en sus rostros”, detalla, previo a comentar que dentro del grupo se ilusionaban en la victoria ante la entonces bicampeona del mundo. “‘Es nuestra oportunidad, ya no hay más y hay que ganarlo’, nos hicieron saber Bora, Miguel Mejía Barón, Héctor Sanabria y Mario Velarde”, agregó.

El equipo tricolor compitió de igual a igual para desatar una batalla sin tregua. “México supo plantarse en la cancha, establecer su juego, dominar en los momentos adecuados y conseguir, desde los primeros minutos, el respeto. Fue un ir y venir de las acciones, un encuentro que permitió ver a un cuadro mexicano sin complejos, pero limitado por la poca efectividad del astro Hugo Sánchez”, relató Sergio Bañuelos en las páginas de Excélsior.

Los alemanes metieron la pierna, pero fueron correspondidos por los mexicanos. Sólo fueron detalles los que inclinaron levemente las acciones y uno de ellos, desafortunadamente, afectó al equipo de casa, ya en la segunda parte. El otro, la expulsión de Thomas Berthold en el minuto 65, apenas se notó. En el minuto 71, unos segundos después de entrar, Francisco Javier Cruz se encontró un balón que encajó en el arco, pero el árbitro Jesús Díaz no lo concedió. “Nadie sabe qué marcó, supuestamente fue una falta. A lo mejor el gol del Abuelo Cruz no se hubiera anulado en el Azteca”, lamenta Servín.

El sueño se acabó

Tras 120 minutos sin tregua, el ganador se decidió en la ronda de penales y ahí México falló. De nada sirvió que Manuel Negrete abriera con un soberbio cobro la tanda porque sus compañeros no se contagiaron de su confianza. Fernando Quitarte fue el primero en entregar su remate y después Servín. Los teutones no erraron uno solo de sus cuatro tiros. “Se viene el mundo encima y dices: ‘¡No puede ser!’ Es una mezcla de coraje, tristeza, decepción... Yo siempre los tiraba al otro lado, pero cuando iba a pegarle al balón vi que Schumacher hizo un movimiento hacia ese costado y ya después se cambió.. Dudé”, reconoce Servín vía telefónica.

Hugo Sánchez de inmediato encontró a los culpables: uno fue el portero Harald Schumacher y el otro el árbitro colombiano Jesús Díaz, por el gol anulado al Abuelo Cruz. Sin embargo, para el estratega alemán Franz Beckenbauer fue la fortuna. Sólo eso.

Una vulgar refriega

EN la victoria de 4­-1 de Alemania Federal sobre México en cuartos de final, ayer, durante una serie de penaltis, se notó, al terminar el partido, que la táctica de Beckenbauer le dio resultado y así ha pasado a semifinales, quedándonos, al analizar la refriega, ­que eso fue en verdad este partido­, la certidumbre de que la Selección Nacional sabe tocar la pelota, plantear intentos de penetración al área grande pero no encuentra la grieta para clavar el gol. Uno, solamente uno que hubiese logrado en tanto insistir en el primer tiempo, cuando Alemania se parapetó, hubiese sido suficiente porque, y esto lo vimos claramente en la segunda parte, el equipo de Beckenbauer, de admirable condición física, carece de capacidad realizadora. Tuvo ante las puertas ciertas oportunidades que desperdició. Larios estuvo, en los pocos lances que resolvió, estupendo: ágil, vivaz, veloz y decisivo cortando balones, sobre todo por el aire, con admirable seguridad.

DURANTE la primera parte, Alemania Federal se concretó a jugar a la defensiva rapando todos los caminos con 6 o 7 hombres marcando de cerca, dos de ellos, Foster sobre Hugo, sin permitirle moverse y dándole leña frecuentemente, y Briegel sobe Negrete que, sin embargo, se movió con relativa libertad. Así, pues, no hubo futbol abierto, porque los alemanes esperaban abrir de repente el cauce para deslizar un contragolpe que­ no encontraron porque las líneas del equipo nacional tenían elasticidad, presionando siempre adelante y atrás.

Queremos decir que, en los primero 45 minutos no hubo espectáculo como el ofrecido por Brasil y Francia, en una exhibición de futbol hermoso, límpido, sin triquiñuelas, arriesgando siempre, abiertos, veloces y también fueron a la serie de penalties después de empatar a 1, venciendo Francia por 5-­4 en uno de los juegos de Cuartos de Finales, en el que se hizo, se bordó será más propio decir, un precioso futbol, y venció Francia porque Sócrates y Julio César fallaron.

GUADALAJARA, que es el paraíso de los brasileños, llenó el estadio, y Monterrey, famoso por su apoyo al equipo nacional, también registró un cupo absoluto.

Brillante jornada de Cuartos de Finales con dos estilos distintos. Me atrevo a decir que la batalla Brasil­Francia ha sido, en la historia de la Copa Mundial, la más brillante.

En cambio, Alemania Federal y México se enfrascaron en un duelo enconado, salpicado de fauls y de tarjetas de amonestación y dos expulsados: Berthol y Aguirre.

Alemania atacó a fondo en la segunda parte, que fue cuando Larios brilló intensamente, pero sin encontrar la forma de clavar un gol y careció de espectacularidad y desembocó en el duelo de penaltis donde los verdes perdieron todo lo que habían conquistado en 120 minutos, 90 de juego reglamentario y 30 de tiempos extras.

Negrete clavó el primer tiro, Quirarte falló y Servín regaló la pelota, suavemente al portero Shumacher.

Con información de Manuel Seyde.