Startup biotecnológica presenta selección genética de embriones; qué dice la ciencia
El análisis genético embrionario avanza, pero la selección por rasgos complejos genera preocupación entre médicos y bioeticistas.

Elegir un nombre, una escuela o un plan de ahorro para un hijo solía ser parte de las decisiones previas a la paternidad. Hoy, la genética se suma a esa lista.
Nuevas herramientas de reproducción asistida permiten analizar información genética antes del nacimiento, un avance que promete reducir riesgos de enfermedad, pero que también plantea preguntas incómodas sobre hasta dónde debería llegar la intervención humana en el desarrollo del embrión.

¿Qué ofrece la startup biotecnológica y cómo funciona?
Nucleus Embryo se presenta como un software de análisis genético que permite a personas que están en proceso de fertilización in vitro (FIV) conocer y comparar el perfil genético de los embriones creados en laboratorio antes de decidir cuál implantar.
Según la propia empresa, la herramienta analiza el ADN de los embriones para evaluar más de 900 condiciones hereditarias. Estas incluyen enfermedades relativamente comunes, como diabetes o algunos tipos de cáncer, pero también otros rasgos más controvertidos relacionados con apariencia física, capacidad cognitiva o salud mental.
La compañía fue fundada por Kian Sadeghi, quien ha declarado públicamente que los padres deberían tener derecho a elegir rasgos deseables en sus hijos —como altura o inteligencia— y no limitarse únicamente a evitar enfermedades graves.
Estas afirmaciones son las que han colocado a Nucleus Genomics en el centro de la polémica.
El proceso técnico parte de prácticas ya conocidas en la reproducción asistida:
- Fertilización in vitro (FIV): se generan varios embriones a partir de óvulos y espermatozoides en un laboratorio.
- Análisis genético embrionario: se examina una pequeña muestra del ADN de cada embrión para obtener información genética.
- Puntajes y predicciones: el sistema asigna puntuaciones genéticas que sitúan a cada embrión en un espectro de riesgo o probabilidad frente a determinadas condiciones o rasgos.
Este tipo de análisis se conoce en la literatura científica como polygenic embryo screening o PGT-P (preimplantation genetic testing for polygenic disorders). Su objetivo no es diagnosticar con certeza, sino estimar probabilidades a partir de información genética.

¿Qué puede predecir realmente la genética?
Uno de los puntos clave para entender el debate es que la genética humana no funciona como una fórmula matemática exacta.
Rasgos como la inteligencia, la estatura o la predisposición a enfermedades comunes son poligénicos y multifactoriales, lo que significa que dependen de cientos o miles de variantes genéticas, además de factores ambientales como la nutrición, la educación, el entorno social y el estilo de vida.
Las plataformas como Nucleus Embryo utilizan los llamados polygenic risk scores (PRS), que calculan un riesgo relativo dentro de una población. Estos puntajes indican si un embrión tiene una probabilidad ligeramente mayor o menor de desarrollar cierta condición en comparación con otros embriones, pero no garantizan resultados.
Por ejemplo, un embrión con un puntaje genético favorable para menor riesgo de enfermedad cardiovascular puede desarrollar esa enfermedad más adelante si existen factores ambientales que lo propicien.
Esta es una de las principales limitaciones señaladas por genetistas y médicos: los PRS son útiles para estudios poblacionales, pero su capacidad predictiva en individuos —y especialmente en embriones— sigue siendo incierta.
Revisiones publicadas en Human Reproduction Update (Oxford University Press) subrayan que, aunque el análisis poligénico es un campo en rápido desarrollo, no existe evidencia suficiente para respaldar su uso clínico generalizado en la selección embrionaria para rasgos complejos.

¿Dónde está lo controvertido?
La controversia no surge por el análisis genético en sí. Desde hace años, la medicina reproductiva utiliza pruebas genéticas para detectar alteraciones cromosómicas graves o enfermedades monogénicas claras.
El debate comienza cuando estas herramientas se amplían para incluir rasgos como inteligencia, capacidad cognitiva, estatura o características físicas.
Este enfoque ha llevado a que críticos hablen de “bebés diseñados” o de una forma moderna de eugenesia, en la que se seleccionan no solo condiciones de salud, sino atributos considerados deseables desde un punto de vista social o cultural.
Campañas de marketing como “Have Your Best Baby”, asociadas a Nucleus, han provocado reacciones negativas al sugerir que es posible elegir al “mejor” bebé, una idea que no está respaldada por consenso científico y que puede generar expectativas irreales en los futuros padres.
Para muchos especialistas, el riesgo no es solo científico, sino social: normalizar la idea de optimizar genéticamente a los hijos puede reforzar desigualdades, estigmatizar condiciones humanas y transformar la reproducción en un proceso de selección basado en criterios subjetivos.
Qué dice la ciencia y los expertos
La comunidad científica mantiene una postura cautelosa. Revisiones publicadas en revistas académicas y posicionamientos institucionales coinciden en varios puntos:
- Las puntuaciones poligénicas son herramientas estadísticas útiles para investigación, pero no sustituyen diagnósticos clínicos individuales.
- El uso de PRS en embriones carece aún de validación clínica sólida, especialmente cuando se aplica a rasgos complejos.
- Existen riesgos de sesgo genético, ya que muchos modelos se basan en poblaciones específicas y no se aplican de forma uniforme a todas las ancestrías.
La American Society for Reproductive Medicine (ASRM) ha sido clara al señalar que el polygenic embryo screening no está listo para su uso clínico rutinario, una advertencia relevante en medio del entusiasmo tecnológico.
Desde el ámbito de la bioética, el Petrie-Flom Center de la Universidad de Harvard ha advertido que estas prácticas obligan a replantear conceptos como bienestar, consentimiento y justicia social en la medicina reproductiva.

¿Existe regulación global y una práctica clínica definida?
La regulación de las tecnologías genéticas reproductivas varía ampliamente entre países. En muchos sistemas de salud, el análisis genético embrionario está permitido solo para prevenir enfermedades graves o incompatibles con la vida.
Sin embargo, la selección poligénica para rasgos complejos no está claramente regulada en numerosos marcos legales.
En algunas regiones de Europa, este tipo de prácticas no cuenta con respaldo clínico y puede estar restringido, aunque ciertos vacíos legales permiten que el análisis genético se realice fuera del país y que las decisiones finales se tomen posteriormente en clínicas locales.
Esta falta de regulación uniforme contribuye a la incertidumbre y refuerza la necesidad de un debate público informado.
La tecnología de análisis genético embrionario avanza con rapidez, y empresas como Nucleus Genomics están empujando los límites de lo que hoy es técnicamente posible.
Sin embargo, la idea de “optimizar genéticamente” a los bebés plantea preguntas que van más allá de la ciencia: involucra ética, desigualdad, expectativas sociales y responsabilidad médica.
La evidencia actual sugiere que, aunque es posible estimar riesgos relativos y ofrecer información genética útil, no existen certezas para controlar rasgos complejos como inteligencia o estatura.
El debate continúa mientras científicos, clínicos y la sociedad intentan equilibrar el potencial de prevenir enfermedades con los riesgos de convertir la reproducción humana en un proyecto de optimización genética.
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