Omega-3 y diabetes: ¿cómo afecta los niveles de azúcar?
Los suplementos de omega-3 podrían influir en la diabetes y el azúcar en sangre. ¿Son seguros? Aquí te lo explicamos con respaldo científico.

El omega-3 y la diabetes se cruzan en una frontera incierta: la del azúcar en sangre y los efectos que prometen más de lo que, a veces, pueden cumplir.
Un reciente análisis publicado en Current Diabetes Reports examina el efecto de los suplementos de ácidos grasos omega-3 sobre el control glucémico, dejando sobre la mesa una pregunta urgente: ¿son realmente seguros para las personas con diabetes?

¿Qué son los ácidos grasos omega-3 y por qué se asocian con la salud metabólica?
Los ácidos grasos omega-3 son lípidos esenciales, es decir, el cuerpo no puede producirlos por sí mismo. Se obtienen principalmente a través de alimentos como pescados grasos (salmón, atún, sardinas), nueces y semillas, o mediante suplementos.
Estos compuestos se han vinculado durante décadas con beneficios cardiovasculares, antiinflamatorios e incluso neurológicos. Sin embargo, su impacto en la regulación de la glucosa en sangre y la sensibilidad a la insulina ha sido menos claro y, por momentos, contradictorio.
Según el National Center for Complementary and Integrative Health (NCCIH), la evidencia sobre su utilidad en el tratamiento o prevención de la diabetes tipo 2 es limitada y a menudo inconsistente.

¿Cómo influyen los suplementos de omega-3 en los niveles de azúcar?
La teoría parece lógica: si los omega-3 reducen la inflamación sistémica, podrían mejorar la sensibilidad a la insulina y, por ende, ayudar a controlar los niveles de glucosa. Pero los datos no son tan contundentes.
Un estudio clínico revisado por el Office of Dietary Supplements (NIH) concluyó que, en personas con diabetes tipo 2, el uso de omega-3 no mejora significativamente el control glucémico, aunque tampoco parece elevar los niveles de azúcar.
Más aún, una revisión advierte que algunas formulaciones de suplementos pueden alterar ligeramente el metabolismo de la glucosa, aunque este efecto es mínimo y poco consistente.

¿Pueden subir el azúcar en sangre?
No hay evidencia sólida que indique que el omega-3 eleve el azúcar en sangre de forma significativa. Sin embargo, el uso excesivo o sin supervisión médica puede interferir con otros tratamientos y provocar efectos adversos, como hemorragias o alteraciones del perfil lipídico.
¿Cuánto omega-3 necesitas realmente si tienes diabetes?
No existe una dosis “universal”. La cantidad ideal depende de múltiples factores: dieta, estado de salud, tipo de diabetes, medicamentos concomitantes e incluso la genética. Una dosis segura oscila entre 250 y 1,000 mg diarios de EPA y DHA combinados, aunque algunos médicos pueden recomendar dosis mayores en casos específicos.
Lo importante es no automedicarse: el exceso de omega-3 puede provocar efectos secundarios como náuseas, acidez, diarrea, riesgo de sangrado y, en algunos casos, interacciones con anticoagulantes.

¿Qué dice la ciencia actual sobre la relación entre omega-3 y control de la diabetes?
Una revisión reciente, publicada en Current Diabetes Reports, evaluó múltiples estudios clínicos y llegó a una conclusión prudente: los omega-3 no deben considerarse una herramienta directa para controlar la glucosa, pero podrían ser útiles como complemento en pacientes con dislipidemia o riesgo cardiovascular alto.
Además, los investigadores destacan que, si bien los suplementos no reducen la glucemia en forma directa, podrían mejorar parámetros metabólicos asociados, como los triglicéridos o la presión arterial.
¿Cuáles son los riesgos del omega-3 si tienes diabetes?
Aunque los omega-3 se consideran seguros para la mayoría de las personas, su uso en pacientes con enfermedades crónicas debe ser cuidadoso. Algunos de los posibles riesgos son:
- Efectos gastrointestinales: diarrea, acidez o distensión abdominal.
- Interacciones con fármacos: especialmente anticoagulantes o medicamentos antidiabéticos.
- Riesgo de sangrado: con dosis elevadas, el omega-3 puede aumentar el tiempo de coagulación.
- Falsas expectativas terapéuticas: pensar que pueden reemplazar medicamentos convencionales.

¿Y qué pasa con el omega-3 natural de los alimentos?
Aquí sí hay consenso. El omega-3 proveniente de alimentos naturales, especialmente pescados grasos, no solo es seguro, sino recomendable. Incorporar fuentes naturales de omega-3 en la dieta puede mejorar la salud cardiovascular y cerebral sin los posibles riesgos de los suplementos.
Ejemplos de alimentos ricos en omega-3:
- Salmón, atún, caballa, sardinas
- Semillas de chía y linaza
- Nueces
- Aceite de canola y soya
El omega-3 no es una bala mágica para la diabetes, pero tampoco es un enemigo. Es una herramienta potencialmente útil si se emplea con conocimiento, moderación y supervisión médica. No se trata de eliminar ni de idolatrar los suplementos, sino de entenderlos dentro de una estrategia integral de salud.
Si tienes diabetes y estás considerando tomar omega-3, habla primero con tu médico o nutricionista. La medicina personalizada —no la automedicación— es la única vía segura en este caso.
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