Dengue es la enfermedad tropical más frecuente, pero estas son las más mortales
Mientras el dengue se convierte en la enfermedad tropical más frecuente, padecimientos como malaria y Chagas continúan causando miles de muertes cada año a nivel mundial.

Las enfermedades tropicales no son “cosas de selva” ni problemas lejanos. En México y en gran parte de América Latina, el riesgo se mueve con el mosquito, con el clima, con la urbanización y con la movilidad humana. Por eso, cuando suben los casos, también crece la duda más común: “¿qué tan grave puede ponerse?”
Para entenderlo, conviene separarlas en dos grupos: Las más frecuentes hoy (las que más se están viendo): sobre todo dengue, y en menor medida otros virus transmitidos por mosquitos (arbovirosis) en determinadas temporadas y regiones.
Las más letales (las que más matan o pueden ser casi mortales sin tratamiento): malaria/paludismo (por su carga global), leishmaniasis visceral (muy mortal si no se trata) y Chagas (una amenaza lenta que puede volverse grave años después).

Dengue: por qué es la enfermedad tropical más frecuente
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) documentó que en la primera mitad de 2024 el número de casos en la Región de las Américas superó el máximo histórico anual; para la semana epidemiológica 23 de 2024, 43 países y territorios habían reportado 9,386,082 casos, una cifra que duplicó lo registrado en todo 2023.
A escala global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) también reforzó la alerta: una actualización sobre vigilancia y progreso indicó que 2024 marcó la mayor carga mundial de dengue registrada, con casos en más de 100 países y expansión hacia nuevas zonas geográficas y climáticas.
Lo que a veces se olvida: el dengue puede empeorar cuando “baja la fiebre”
El dengue no siempre “se resuelve” cuando cede la temperatura. El periodo más delicado puede empezar justo cuando la fiebre disminuye: algunas personas desarrollan signos de alarma y pueden evolucionar a dengue grave (por choque, sangrado u órganos afectados). La clave es observar la evolución del cuadro, no solo el termómetro.
México: por qué cada año se siente más difícil
Aquí entra un dato que ayuda a poner orden a la sensación de “otra vez lo mismo, pero peor”. Un estudio de Science Direct analizó cuatro décadas (1985–2025) y encontró un aumento sostenido de la carga de dengue en México, además de un ciclo multianual repetible (aprox. cada 4–6 años) que se monta sobre la estacionalidad anual. No es “mala suerte”; hay un patrón que hace que, cada cierto tiempo, la ola sea más grande.
Además, el mismo trabajo sugiere que observar el comportamiento de los serotipos puede aportar pistas sobre la severidad: vigilar qué variantes circulan ayuda a anticipar escenarios, sin caer en la idea falsa de que un serotipo “condena” por sí solo.

¿Cuáles son las enfermedades tropicales más letales?
No todas las enfermedades tropicales compiten por “volumen”; algunas preocupan por letalidad o por el daño silencioso que pueden causar si se detectan tarde.
Malaria (paludismo)
La OMS, en su World Malaria Report 2024, estimó para 2023 alrededor de 263 millones de casos y 597 mil muertes en el mundo.
Aunque la mayor carga se concentra en África, la malaria importa para el lector mexicano por algo muy concreto: viajes, migración, zonas con transmisión focal y diagnóstico oportuno.
En salud pública, también es un recordatorio duro: una enfermedad prevenible y tratable puede seguir matando cuando faltan acceso, diagnóstico y control del mosquito.
Leishmaniasis visceral
La leishmaniasis visceral (kala-azar) es directa en su riesgo: la OMS advierte que es fatal si no se trata en más del 95% de los casos.
Suele dar señales que se confunden con “una enfermedad larga”: fiebre irregular, pérdida de peso, aumento del bazo y del hígado, y anemia.
La OPS coincide en la gravedad de la forma visceral sin tratamiento, con cifras de letalidad también muy altas si no se atiende.
Chagas
El Chagas puede ser engañoso porque muchas personas pasan años sin síntomas. La ficha de la OMS la define como una enfermedad potencialmente mortal, con más de 7 millones de personas infectadas (principalmente en América Latina) y múltiples vías de transmisión: vectorial, oral, congénita, transfusional, trasplantes, entre otras.
El peligro real es que, con el tiempo, algunas personas desarrollan complicaciones cardiacas o digestivas que cambian la vida (y que se vuelven más difíciles de tratar si el diagnóstico llega tarde).

Síntomas de alarma que no debes ignorar
Aquí está el punto de servicio más importante: no todo dengue es grave, pero cuando aparecen signos de alarma no conviene “aguantar”.
La guía práctica es sencilla: busca atención médica urgente si hay:
- Dolor abdominal fuerte o sensibilidad marcada.
- Vómito persistente (no logras retener líquidos).
- Sangrado (encías/nariz), moretones fáciles o “puntitos rojos” acompañados de empeoramiento general.
- Somnolencia extrema, confusión o irritabilidad fuera de lo habitual.Dificultad para respirar, sensación de desmayo, manos/pies fríos o debilidad extrema.
Y una frase que conviene recordar: si “te sientes peor” justo cuando baja la fiebre, no lo ignores.

Prevención que sí funciona
Cuando hablamos de prevención, hay dos niveles: evitar la picadura y reducir el riesgo de complicación.
1) Evitar mosquitos: lo básico sigue siendo lo más poderoso
La OMS ha explicado que el dengue se expande por una combinación de factores (incluidos cambios ambientales y condiciones que favorecen al vector), así que el control del mosquito sigue siendo central.
Acciones simples (y repetidas) que sí hacen diferencia:
- Tira o tapa recipientes que acumulen agua (cubetas, macetas, llantas, charolas).
- Lava y cepilla pilas, bebederos y contenedores: no basta con “vaciar”.
- Usa mosquiteros y barreras físicas, sobre todo en zonas con transmisión.
- Aplica repelente y usa ropa que cubra piel si hay muchos mosquitos.
2) Reducir el riesgo
En prevención, también están apareciendo herramientas nuevas. La OMS publicó en mayo de 2024 su position paper sobre vacunas contra dengue, con foco en TAK-003 (Qdenga), y orientaciones para considerar su uso en programas de inmunización. Esto no sustituye el control del mosquito, pero puede sumar en estrategias nacionales donde aplique.
Errores comunes y mitos
Error 1: tomar ibuprofeno o aspirina “para bajar la fiebre”
El CDC es explícito: si sospechas dengue, usa paracetamol/acetaminofén para fiebre y dolor, y evita aspirina e ibuprofeno por el riesgo de sangrado.
Error 2: no hidratarte bien (o esperar a “sentirte peor”)
El CDC insiste en beber suficientes líquidos (agua o bebidas con electrolitos) para evitar deshidratación, algo que puede complicar el cuadro.
Error 3: creer que solo “los muy mayores” se complican
Hay grupos con mayor riesgo, sí, pero la complicación puede aparecer en distintos perfiles.
En México, un análisis de PLOS encontró asociaciones entre enfermedades crónicas y desenlaces como hospitalización y mortalidad en dengue.
Traducido a lenguaje de casa: si vives con diabetes, hipertensión, enfermedad renal u otra condición crónica, vale más la pena consultar temprano y vigilar signos de alarma.
Las enfermedades tropicales no representan el mismo riesgo para todas las personas ni en todos los momentos, pero su impacto actual confirma que ya no son un problema aislado ni excepcional.
El dengue se ha consolidado como el padecimiento más frecuente en la región, mientras que la malaria, la leishmaniasis visceral y el Chagas siguen cobrando vidas cuando el diagnóstico llega tarde o el acceso a tratamiento es limitado.
Frente a este panorama, la información clara, la eliminación de criaderos, la protección personal y la atención temprana ante los signos de alarma siguen siendo las herramientas más efectivas.
Reconocer que estos riesgos existen y actuar a tiempo es, hoy más que nunca, una decisión de salud pública y de cuidado personal.
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