El agua parece limpia, pero no siempre lo es: el riesgo invisible en los dispensadores de oficina
Estudios científicos advierten que los dispensadores de agua pueden concentrar más bacterias que el grifo si no reciben limpieza periódica y mantenimiento adecuado.

En una época en la que la higiene y la calidad del agua potable se han convertido en una prioridad tanto para consumidores como para autoridades sanitarias, diversas investigaciones recientes han puesto bajo la lupa a un objeto cotidiano que suele asociarse con limpieza y seguridad: los dispensadores de agua.
Estudios liderados por universidades y centros de investigación internacionales han encontrado que los dispensadores de agua utilizados en oficinas, escuelas y otros espacios públicos pueden albergar más bacterias que el agua del grifo que los alimenta, sobre todo cuando no reciben un mantenimiento adecuado.
Esto no significa que el agua potable municipal sea “mejor o peor” de forma automática, sino que el sistema de dispensación, las boquillas y las superficies de contacto humano pueden favorecer la proliferación de microorganismos, incluso cuando el agua de origen cumple con los estándares de potabilidad establecidos por las autoridades sanitarias.

¿Por qué un dispensador puede tener más bacterias que el agua del grifo?
La base de estos hallazgos es una revisión científica publicada a finales de 2025 en la revista AIMS Microbiology, una publicación académica especializada en microbiología.
El análisis examinó más de 70 estudios que compararon la calidad del agua servida directamente desde la red de distribución con aquella dispensada a través de equipos comerciales conocidos como sistemas de “punto de uso”.
La conclusión central del estudio es clara: el problema no suele estar en el agua que entra al dispensador, sino en lo que ocurre dentro del equipo una vez que el agua pasa por él.
Los investigadores identificaron dos procesos clave que explican por qué pueden encontrarse más bacterias en los dispensadores que en el agua del grifo:
Pérdida del desinfectante residual
El agua potable que llega a los hogares y oficinas contiene pequeñas cantidades de desinfectantes, como el cloro, cuya función es impedir el crecimiento de bacterias durante su trayecto por la red.
Muchos dispensadores utilizan filtros de carbón activado para mejorar el sabor y el olor del agua, pero estos filtros también eliminan ese desinfectante residual. Sin esta “protección”, las bacterias pueden multiplicarse con mayor facilidad dentro del sistema.
Formación de biofilms en superficies internas
Las paredes internas de mangueras, tuberías y boquillas pueden desarrollar biofilms: capas microscópicas formadas por bacterias que se adhieren a superficies húmedas. Estas comunidades microbianas son difíciles de eliminar con una limpieza superficial y pueden persistir durante largos periodos si no se desinfectan correctamente.
Estos hallazgos coinciden con un estudio universitario realizado en el Valle de Coachella, California, que comparó muestras de agua y superficies de dispensadores instalados en restaurantes.
Aunque el agua del grifo mostraba niveles bajos de bacterias, los hisopos tomados de boquillas y superficies de dispensación presentaban cargas microbianas significativamente más altas, lo que subraya la importancia del punto de contacto.

El verdadero problema: boquillas, estancamiento y biofilms, la “lama” invisible
Uno de los puntos más importantes que destacan los expertos es que no todas las bacterias detectadas son necesariamente peligrosas, pero sí pueden existir condiciones que favorezcan el crecimiento de microorganismos oportunistas si los dispensadores no se mantienen con protocolos de higiene adecuados.
El término técnico clave es biofilm, que puede entenderse como una “lama invisible”: una película compuesta por bacterias y otros microorganismos que se adhieren a superficies húmedas. Los biofilms son comunes en sistemas de agua y resisten limpiezas rápidas o esporádicas.
Un estudio publicado por investigadores de la Universidad de Tennessee analizó sistemas de dispensación integrados en refrigeradores domésticos y comerciales.
Los resultados mostraron incrementos importantes en los recuentos de bacterias heterótrofas —un indicador general de carga microbiana— en equipos con filtros de carbón activado, en comparación con el agua que salía directamente del grifo.
Los autores atribuyeron este fenómeno a la eliminación del cloro residual y al ambiente húmedo del interior del sistema.
De forma similar, una investigación de la Universidad Thammasat, detectó especies de Aeromonas capaces de formar biofilm en dispensadores de acero inoxidable instalados en edificios educativos, lo que refuerza la idea de que el diseño y la limpieza del equipo son determinantes para la calidad del agua final.

Qué bacterias pueden aparecer y a quién le preocupa más
Muchas de las bacterias que pueden proliferar en sistemas con biofilm y sin desinfectante residual son microorganismos ambientales, que en personas sanas no suelen causar enfermedad. Sin embargo, sí pueden representar un riesgo para ciertos grupos de la población.
Entre las bacterias documentadas en este tipo de estudios se encuentran:
- Aeromonas spp., comunes en ambientes acuáticos y capaces de causar infecciones gastrointestinales o de heridas en personas con defensas bajas.
- Pseudomonas, un género bacteriano que puede encontrarse en biofilms y que, en personas susceptibles, está asociado con infecciones de piel o vías respiratorias.
- Bacterias heterótrofas, cuya presencia se mide mediante el indicador HPC (Heterotrophic Plate Count), utilizado por autoridades sanitarias para evaluar la carga microbiana general del agua.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) aclara que un aumento en los valores de HPC no significa automáticamente que el agua sea peligrosa, pero sí indica que existen condiciones que pueden favorecer el crecimiento microbiano y que requieren atención.
¿Quiénes deben prestar especial atención?
Los grupos con mayor riesgo incluyen:
- Niños pequeños, cuyo sistema inmunológico aún se encuentra en desarrollo.
- Adultos mayores, que suelen tener defensas más bajas.
- Personas inmunocomprometidas debido a enfermedades crónicas o tratamientos médicos.

Señales de alerta en oficinas y escuelas
Existen señales visibles que pueden indicar problemas de higiene en un dispensador:
- Boquillas o bandejas con residuos, sarro o suciedad visible.
- Olores o sabores extraños en el agua.
- Equipos que pasan largos periodos sin uso, como durante vacaciones.
- Falta de registros claros de limpieza y mantenimiento.
- Filtros antiguos sin fecha de reemplazo.
Cómo limpiar y mantener un dispensador para reducir riesgos
Especialistas en salud pública y microbiología recomiendan rutinas básicas:
Rutina mínima sugerida
- Limpieza diaria de boquillas y superficies externas.
- Desinfección interna completa cada dos a cuatro semanas en espacios de alto tránsito.
- Reemplazo de filtros según indicaciones del fabricante.
Errores comunes
- Enjuagar solo con agua sin desinfectar.
- Pensar que el filtro sustituye la limpieza.
- Dejar agua estancada por periodos prolongados.
Aunque el agua del grifo suele cumplir con normas de calidad en la mayoría de las ciudades, el modo en que se almacena y se dispensa puede influir de manera decisiva en su calidad final.
La evidencia científica reciente sugiere que los dispensadores, si no se limpian y mantienen correctamente, pueden albergar más bacterias que el agua del grifo.
Esto no implica que el agua dispensada sea peligrosa por definición, sino que la higiene y el mantenimiento son esenciales para que estos equipos cumplan su función de forma segura, especialmente en espacios donde el consumo es continuo y colectivo.
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