Penalty y autogol de Trump

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Donald Trump suspendió esta semana el procesamiento de visas de inmigrante para 75 países. La justificación: evitar que extranjeros “dependan de ayudas públicas”. La realidad: acaba de bloquear a millones de fanáticos del futbol que compraron boletos para el Mundial 2026.

Técnicamente suspendió visas de inmigrante, no de turista. Pero en la diplomacia del miedo, el pánico es contagioso. Cuando un gobierno paraliza operaciones consulares, el sistema entero entra en shock. Las citas de turismo se cancelan, los tiempos se multiplican y el mensaje es claro: “No vengan”. Para un torneo que empieza el 11 de junio, cada semana perdida es una receta para el caos.

Los números: EU albergará 78 de los 104 partidos. La FIFA proyecta 30 mil mdd en ganancias, pero ahora, 15 selecciones clasificadas —Brasil, Colombia, Uruguay, Irán, Marruecos, entre ellas— tienen a sus aficionados en el limbo.

La ironía es absoluta: en noviembre, Trump anunció con Gianni Infantino “visas exprés”. Marco Rubio prometió 400 funcionarios extra. Hoy, la orden ejecutiva hace lo contrario.

Aquí viene el verdadero problema (y no es para ellos): Es para México. Nuestro país tiene tres sedes: Azteca, Akron y BBVA. Canadá tiene otras dos. Es decir, 26 partidos se juegan fuera de la fortaleza americana. Todos esos fanáticos bloqueados van a hacer lo obvio: redirigir sus vuelos a Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. Si no pueden entrar por la puerta principal, se van a meter a la fiesta por la cocina.

El partido inaugural es en el Azteca. Hay boletos en reventa rozando el millón de pesos. Imaginemos el precio cuando lleguen las oleadas de “rechazados” por el Tío Sam. Colombia juega en el Azteca y en Guadalajara. Uruguay en Guadalajara. Marruecos podría caer en Monterrey.

Las tres ciudades ya se preparaban para una cantidad de visitantes masiva, pero en el rango de lo conocido (México ha albergado dos mundiales). Ahora recibirán una avalancha de rebote. Los hoteles ya están llenos, los vuelos sobrevendidos y Airbnb está por las nubes. Y eso era antes del cierre de visas.

Hablemos de la pesadilla logística. La CDMX presume tener 52 mil habitaciones de hotel de calidad turística. Suena a mucho, hasta que recuerdas que la FIFA ya bloqueó 40% para sus “familias”, patrocinadores y VIP. Lo que queda es insuficiente para un escenario normal, pero ridículo para uno de emergencia. Si a eso le sumamos miles de fanáticos varados que no pueden cruzar al norte, la gentrificación exprés vía Airbnb va a expulsar a los locales hasta de Iztapalapa. ¿El plan B? No existe. A menos que el gobierno local pretenda inaugurar zonas de glamping en el Bosque de Aragón o permitir que las porras acampen en los camellones de Viaducto y Tlalpan.

Y luego está el tema de movilidad. El acceso al Estadio Azteca depende del Tren Ligero que opera al borde del colapso en días laborales y de vialidades que son estacionamientos crónicos. En Monterrey, las líneas del Metro prometidas para el evento siguen siendo un render optimista; en Guadalajara, el Periférico no da para más. Si la estrategia de seguridad dependía de “encapsular” a los visitantes en corredores seguros del aeropuerto al estadio, esa burbuja acaba de reventar. Con miles de turistas deambulando buscando alojamiento improvisado fuera de las zonas blindadas, la Guardia Nacional no va a cuidar un Mundial, va a administrar una crisis humanitaria con camisetas de futbol.

EU organizó el Mundial para proyectar una imagen de nación acogedora. Trump acaba de cancelarla. O sin importarle. Esto no es una historia sobre visas, sino sobre invitar al mundo a tu casa y cerrarle la puerta en la cara, dejando que el vecino lidie con la multitud en la banqueta. La pregunta no es si estamos preparados, sino si alguien en Washington sabe el desastre que acaba de exportarnos. O si lo descubriremos el 11 de junio, cuando el Azteca no sea un estadio, sino una olla de presión. Todo es un terrible “fuera de lugar”. Y no hay árbitro que saque tarjetas…

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