Mal y tarde

• Lo que se avaló es un censo de consumidores y, con ello, la falsa idea de control. ¿Dónde carajo entra aquí la definición de libertad?

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

“Quiero decir que el Congreso va mal y tarde. Va tarde porque hemos tenido tres años de discusiones sin centrar el tema en los derechos de los usuarios, y vamos mal porque después de un año de discusión en el Senado y hoy en este dictamen, nuevamente, estamos sin atender de fondo la determinación de la SCJN…", parte de la intervención de la diputada Martha Tagle, de Movimiento Ciudadano, en la discusión donde, finalmente, fue aprobado en lo general el proyecto que “despenaliza" el uso lúdico de la mariguana. Así, entre comillas, porque, como lo señala, lo que con tanto entusiasmo impulsan Morena y sus aliados, es una ley que, lejos de abrazar la línea discursiva sobre las libertades, como lo dicta la resolución de la Corte, más bien coloca a los consumidores bajo los varios ojos de Big Brother.

“Los diputados tienen hoy el asunto en sus manos, pueden palomear lo enviado por los senadores o pueden retacharlo para obligarlos a hacer de la Ley General para la Regulación de la Cannabis una legislación histórica, pulcra. Lo que ya tuvo luz verde fue la posesión de casi 30 gramos (28, para ser exactos), el equivalente a una cajetilla de cigarros, refieren notas periodísticas, y entre 6 y 8 plantas por hogar. Queda prohibido su consumo en lugares públicos y en donde se apliquen medidas contra el uso de tabaco. Sólo podrán acceder a esta planta y cualquiera de sus derivados, mayores de 18 años, podrán cultivar, portar y consumir siempre que estén dados de alta en el nuevo Instituto Mexicano para la Regulación y el Control del Cannabis. De lo contrario, el estigma y las sanciones…”, escribimos en este espacio en noviembre pasado, cuando el Senado envió esta discusión a San Lázaro. ¿Qué cambio? Para empezar, tacharon la creación del Instituto Mexicano para la Regulación del Cannabis; en su lugar, primer ojo, anotaron la obligación de solicitar licencia, ajá, que deberá renovarse cada año, sí, nuevo trámite, para tener seis plantas de mariguana en casa y esto estará sujeto a supervisión, un ojo más; en caso de negarse a la revisión, el afectado deberá pagar una multa de hasta 27 mil pesos y despedirse de su licencia, como si con esto se levantara una barrera para impedir el consumo. Es decir, lo que se avaló es un censo de consumidores y, con ello, la falsa idea de control. ¿Dónde carajo entra aquí la definición de libertad?

Además, los legisladores incorporaron un artículo transitorio donde prevén condonación de sentencia a quienes hayan sido procesados por los delitos que serían despenalizados con esta reforma. Eso sí, quienes se beneficien con esto, o sea, quienes sean liberados, quedarán fichados. Oooootro ojo, pues. Por lo demás, quedó tal cual: permite la portación individual de hasta 28 gramos de mariguana, además del cultivo casero de máximo ocho plantas. Menores de 18 años no podrán consumirla ni los adultos en áreas de trabajo u oficina.

Con razón, la oposición sensata afirma que esto no es más que una simulación. Tiene razón Tagle, esto va en dirección contraria a lo que resolvió la SCJN; tienen razón también los colectivos, esto no les da libertad, más bien, los estigmatiza y les confiere un ojo vigilante. Ojalá que la oposición se nutra de más argumentos como éstos y dejen atrás esa otra que, como el diputado Marco Antonio Adame de Acción Nacional, prefiere opinar de tecnicismos, o como su compañera Cynthia López Castro, quien optó por desafortunadas analogías, lo que es argumentar desde la ignorancia. Mal y tarde. Insisto, si ya entramos al debate, hagámoslo bien. Esto es sobre libertades.

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