La lista de Trump (y México no es el siguiente)

Trump juega ajedrez regional. Venezuela: jaque mate. Cuba: jaque. Colombia: amenaza directa. México: pieza en el tablero, pero no en movimiento inmediato.

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Venezuela era el primero. Trump entró con helicópteros a Caracas y sacó a Maduro. Pero quien crea que era un caso aislado no ha prestado atención. Trump tiene una lista. Los que siguen: Cuba y Colombia. México, a pesar de las declaraciones incendiarias, no está en el calendario inmediato. Nuestro turno sería en 2027, cuando tengamos elecciones intermedias. Por ahora, hay objetivos más urgentes.

Cuba lo sabe. Por eso Miguel Díaz-Canel ha hecho algo inédito: autocrítica pública. Reconoció “el cansancio, la irritación y la incertidumbre” de la sociedad cubana. Admitió errores, burocratismo, complacencia. Para un régimen construido sobre la infalibilidad revolucionaria, es un terremoto. O pánico preventivo: Venezuela cayó, Washington mira a La Habana, la isla no tiene recursos para resistir. El mensaje es claro: “Tenemos problemas, los resolvemos internamente, no necesitamos intervención”. Pero Trump y Marco Rubio no están preguntando.

Colombia sabe que su situación es peor. Gustavo Petro tiene elecciones en mayo. Trump lo llamó “hombre enfermo” y dijo que “no va a seguir haciéndolo por mucho tiempo”. No es retórica. Es un aviso. Por eso Petro ha hecho hasta lo imposible para agradar a Trump. Su embajador habló con decenas de congresistas buscando una llamada presidencial. La consiguió. Petro cambió su discurso de “bastante duro” a conciliatorio. Es el baile de la supervivencia: necesita llegar a mayo sin que Washington lo desestabilice. La pregunta es si será suficiente. Trump no tiene incentivos para ayudarlo.

Y está México. Trump dice que “empezará a atacar en tierra a los cárteles” y que Sheinbaum está “tan asustada que ni siquiera puede pensar con claridad”. Ofensivo, condescendiente, trumpiano. Pero no operativo. Todavía.

Sheinbaum responde con inteligencia estratégica fría. No se enfrasca en debates. Responde: “Es su forma de expresarse. Vamos a seguir estrechando la colaboración”. Mantiene canales diplomáticos abiertos. Defiende la soberanía sin dar pretextos para escalar. Es exactamente lo contrario de lo que Trump esperaría.

México no está en el calendario inmediato porque hay objetivos más urgentes. Cuba es un símbolo ideológico que la derecha quiere derribar desde hace 65 años. Colombia tiene elecciones en meses. Venezuela necesita “administración”. México es infinitamente más complejo: tratado comercial de billones, 3 mil kilómetros de frontera, interdependencia económica. Y tiene un gobierno que no se enfrasca. Porque Sheinbaum no es beligerante ni débil. Es calculadora. Y le funciona.

Trump juega ajedrez regional. Venezuela: jaque mate. Cuba: jaque. Colombia: amenaza directa. México: pieza en el tablero, pero no en movimiento inmediato. La pregunta para Sheinbaum es si solamente mantendrá esta estrategia o si decide ampliar mucho más la cooperación estratégica con EU. Para Petro, si sobrevive hasta mayo. Para Díaz-Canel, si la autocrítica evita lo inevitable.

Trump no improvisa. Tiene una agenda que incluye gobiernos que percibe como obstáculos. Venezuela era el primero. Siguen Cuba y Colombia. México tiene tiempo y fichas varias sobre la mesa. Pero no tanto y no tantas como para dormirse.