La audiencia, el abogado y las “carpetas vacías”
La reciente audiencia de Ovidio Guzmán en Estados Unidos ha sido un espectáculo judicial tan opaco como mediático. Mientras las autoridades estadunidenses mantienen un hermetismo absoluto sobre las pruebas y el avance del caso, el abogado defensor de Guzmán optó por ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
La reciente audiencia de Ovidio Guzmán en Estados Unidos ha sido un espectáculo judicial tan opaco como mediático. Mientras las autoridades estadunidenses mantienen un hermetismo absoluto sobre las pruebas y el avance del caso, el abogado defensor de Guzmán optó por una estrategia tan desafortunada como incendiaria: atacar frontalmente al gobierno mexicano y, en particular, a la presidenta Claudia Sheinbaum.
En su intervención, el abogado no sólo cuestionó la “falta de garantías” y la “colusión” de las autoridades mexicanas, sino que acusó a la presidenta de “buscar protagonismo político” a costa del caso Guzmán. Las declaraciones fueron rápidamente amplificadas por la prensa internacional, pero resultan, en el mejor de los casos, un distractor que desvía la atención del verdadero vacío informativo: la ausencia de cooperación y transparencia por parte del gobierno estadunidense.
El trasfondo es claro. Desde la extradición de Ovidio Guzmán, el gobierno de Estados Unidos ha compartido con México apenas lo indispensable, dejando a las autoridades mexicanas —y a la opinión pública— en la penumbra respecto a los cargos concretos, las pruebas presentadas y la posible colaboración del acusado. La narrativa estadunidense parece construirse sobre los casos en lo particular, en un juego de “carpetas vacías”, donde la opacidad es la norma y la diplomacia, una cortesía de segunda mano.
En este contexto, las acusaciones del abogado defensor lucen no sólo desproporcionadas, sino estratégicamente alineadas con la falta de información oficial. Al culpar al gobierno mexicano y personalizar el ataque en Sheinbaum, el defensor busca desviar la atención de la debilidad del caso estadunidense y sembrar dudas sobre la legitimidad del proceso. Es, en suma, una maniobra de distracción que, lejos de aportar claridad, enrarece aún más el ambiente político y judicial.
La presidenta Sheinbaum, por su parte, ha mantenido una postura institucional, exigiendo información y colaboración real de Washington, pero evitando caer en la provocación. La realidad es que, mientras el gobierno estadunidense opera con un secretismo casi absoluto, el caso Ovidio Guzmán se convierte en un juego de espejos: mucha retórica, poca sustancia y una justicia que, por ahora, parece más interesada en el espectáculo que en la transparencia.
- En el fondo, la audiencia de Ovidio Guzmán y las declaraciones de su abogado son el síntoma de una relación bilateral marcada por la desconfianza y la falta de comunicación. El verdadero desafío para México no es responder a los ataques mediáticos, sino exigir —con firmeza y sin estridencias— que la justicia se haga con pruebas, no con discursos vacíos ni expedientes sellados. Porque en este tablero la opacidad sólo beneficia a quienes buscan que la verdad nunca salga a la luz.