Keep calm, and carry on

Es un movimiento de ajedrez donde, para avanzar, fue necesario mover una pieza clave a otro cuadrante del tablero, lejos del centro, pero aún dentro del juego.

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

En política, la forma es fondo, y hay maneras de procesar los cambios institucionales con sutileza. El nombramiento de Alejandro Gertz Manero como embajador de México en el Reino Unido parece responder a una lógica de “geometría política” muy precisa: una solución que permite cerrar un ciclo complejo en la Fiscalía General de la República (FGR) ofreciendo, al mismo tiempo, una salida institucional aceptable para las partes y la narrativa.

Claudia Sheinbaum recibió, al asumir la Presidencia, el legado completo de la administración anterior, incluyendo a figuras de peso específico como el fiscal general. La gestión de Gertz Manero, acumuló tanto momentos clave para el proyecto de la 4T como desgastes naturales propios del ejercicio del poder. Y controversias varias que resultan inocultables. Para la Presidenta, el reto no era menor: ¿cómo procesar el relevo en una institución autónoma sin generar una ruptura política interna (con los sectores más duros de Morena) ni astillar la narrativa institucional de la reforma al Poder Judicial?

La respuesta fue Londres. En lugar de una confrontación o una remoción abrupta, se optó por una transición pactada. Nombrar a Gertz en una de las sedes diplomáticas más prestigiosas para México no se lee como un despido, sino como un reconocimiento a su trayectoria que, de paso, libera la silla de la Fiscalía. Es una decisión de pragmatismo puro: Sheinbaum evita el costo político de un enfrentamiento con el “lopezobradorismo” duro y, a cambio, obtiene la oportunidad de renovar a la FGR con un perfil más afín a su propia visión de gobierno.

Más que un “exilio”, este movimiento revela el oficio político de la nueva administración. Se entiende que la estabilidad institucional a veces requiere salidas aterciopeladas. Gertz Manero deja la trinchera de la procuración de justicia —un área que requiere energía y renovación constante— para asumir un rol de representación de Estado en el que su experiencia y perfil pueden desenvolverse con la solemnidad que el cargo requiere.

Es cierto que este tipo de maniobras generan debate sobre la meritocracia diplomática, pero en el tablero de la gobernabilidad, a veces la paz interna tiene prioridad. Para los críticos, puede parecer una concesión excesiva; para los analistas de poder, es una jugada de libro de texto para desactivar tensiones.

Al final, este nombramiento resuelve una ecuación complicada para Sheinbaum. Cierra el capítulo de Gertz Manero en la justicia mexicana sin estridencias y le permite a ella tomar el control real de la agenda de seguridad y justicia, poniendo fin a una etapa y comenzando otra. Es un movimiento de ajedrez donde, para avanzar, fue necesario mover una pieza clave a otro cuadrante del tablero, lejos del centro, pero aún dentro del juego.

Londres recibe a un embajador de alto perfil, y México recibe la oportunidad de un nuevo comienzo en su Fiscalía. Ella lo resolvió como si hubiera aplicado la máxima de la corona británica de 1939 a mitad de la guerra: Keep calm, and carry on...