Esa terna

La propuesta de Andrés Manuel López Obrador para la terna en la Suprema Corte de Justicia de la Nación será altamente cuestionada. Y ni por el hecho de que se trate de una terna exclusivamente femenina, Sino porque las tres tienen fuertes vínculos con su círculo ...

La propuesta de Andrés Manuel López Obrador para la terna en la Suprema Corte de Justicia de la Nación será altamente cuestionada. Y ni por el hecho de que se trate de una terna exclusivamente femenina, Sino porque las tres tienen fuertes vínculos con su círculo íntimo de colaboradores y plantea serias dudas sobre la imparcialidad y la independencia del proceso de selección.

Sólo una de las tres tendrá el encargo, durante 15 años, de participar en las decisiones más importantes del máximo tribunal de justicia de nuestro país. De redactar y defender proyectos que se pongan a debate sobre la constitucionalidad o inconstitucionalidad de muy diversos asuntos de las leyes a nivel nacional. De sentar precedentes. De velar por la legalidad y la imparcialidad ante toda la nación. De garantizar que la justicia sea ciega y equitativa, que no mire y escoja, que no ponga falsos pesos en su balanza.

Se puede entender que López Obrador (al igual que lo han hecho todos los presidentes antes de él) proponga a quienes piensa le serán leales más allá de su sexenio (en un desconocimiento de la naturaleza del cargo de ministro o de ministra). Este Presidente ni siquiera ha mostrado pudor alguno en confesar que la independencia de quienes ha propuesto antes para ese mismo cargo, lo traduce inmediatamente como una traición. Está decidido a dejar en ese cargo a alguien que sea percibida como incondicional. Sin importar el daño que esto pueda hacerle a la reputación de quien ocupe el cargo ni a su propio gobierno, y ni siquiera a quienes serán candidatos y candidatas de Morena en las próximas elecciones. Particularmente a Claudia Sheinbaum, su candidata a la Presidencia.

En un momento en el que la independencia del Poder Judicial es crucial para la legitimidad del proceso electoral, de la democracia y el Estado de derecho, la selección de una terna con estos vínculos cercanos con figuras políticas de alto nivel plantea desafíos significativos para la credibilidad y la legitimidad del proceso mismo de selección de ministra.

La inclusión de Lenia Batres Guadarrama, hermana de Martí Batres, jefe de Gobierno sustituto de la Ciudad de México, plantea un evidente conflicto de interés. La cercanía familiar con una figura política de alto rango podría generar dudas sobre su capacidad para tomar decisiones de manera imparcial en asuntos que involucren al gobierno.

Por otro lado, María Estela Ríos González, consejera jurídica de Presidencia, también plantea interrogantes sobre su independencia. Su estrecha relación con la administración presidencial actual podría ser percibida como un obstáculo para asegurar la autonomía del Poder Judicial.

Finalmente, la inclusión de Bertha María Alcalde Luján, hermana de Luisa María Alcalde, secretaria de Gobernación, representa otro claro ejemplo de posibles conflictos de interés. La relación familiar con una alta funcionaria del gobierno federal introduce elementos que podrían comprometer la imparcialidad de cualquier decisión que pudiera afectar a la administración.

Es fundamental que la selección de candidatos para la Suprema Corte de Justicia de la Nación se base en criterios de excelencia profesional, independencia, imparcialidad y trayectoria en el ámbito judicial, y no en conexiones políticas o relaciones familiares.

En resumen, la propuesta de terna para ocupar el lugar en la SCJN plantea serias interrogantes sobre la independencia del proceso de selección y la capacidad de las candidatas para actuar de manera imparcial en casos que involucren al gobierno. Este tipo de nominaciones ponen en entredicho la integridad deseada para el Poder Judicial y representan un retroceso en la consolidación de una justicia verdaderamente independiente en México.

Ojalá en las comparecencias las aspirantes se comprometan a defender la autonomía e imparcialidad de la Corte, no la agenda de ningún partido. Y que los senadores opten, en todo caso, por quien tenga mayor compromiso con la verdad y la justicia, no con favorecer al régimen.

México merece una Suprema Corte que contrapese al poder, no que se pliegue a él. Esta terna despierta más dudas que certezas en ese sentido tan crucial para la democracia. Esperemos un relevo a la altura de las circunstancias.

                                              

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