Equivocados

La emergencia climática no sólo derrite glaciares, también nuestros bolsillos

Me sorprendí. No habría imaginado que poner un nuevo ciclo en mi lavadora tuviera relación con las velocidades de un auto. Ejemplos insospechados de la interconexión en la que vivimos. Pocas cosas podrían desaparecer sin dejar un efecto inmediato. Hace unos días, Volkswagen informó que suspenderá la producción de dos modelos de auto en su planta de Puebla. ¿La razón? La escasez de microprocesadores, tan necesarios para el ensamble de una camioneta Tiguan, pero también elemento importantísimo en el armado de electrodomésticos. Relaciones que echan por la borda los seis grados de separación.

¿Más ejemplos? Los hay y mucho más crudos. ¿Cuánto hemos escuchado sobre la emergencia climática? Cumbres, reuniones, acuerdos, marchas, iniciativas, llamados, campañas y un largo etcétera. Donald Trump sacando a Estados Unidos de los Acuerdos de París, Joe Biden revirtiendo la decisión en su primer día de mandato. Greta Thunberg retando a los líderes mundiales… O el presidente Andrés Manuel López Obrador hablando del medio ambiente, de su necesidad de preservación, pero apostándole a todo, absolutamente a todo lo que ya no tendría que ser agenda para el futuro.

Y más allá de lo que sucede en la esfera política respecto a este asunto, ocupémonos de lo que realmente nos afecta. La emergencia climática no sólo derrite glaciares, también nuestros bolsillos:

Hace unos años, en este espacio hablamos de cómo el calentamiento global comenzaba a tener repercusiones en las cosechas. Ese café que disfrutamos por las mañanas estaba en riesgo. Cada vez sería más difícil conseguir un buen grano. No sólo por la falta de lluvia sobre las cosechas, sino porque éstas fueron invadidas por plagas que tuvieron que emigrar ante la destrucción de su hábitat.

Parece que no, pero hay total relación entre esas refinerías que se construyen, pese a los llamados por apostarle a energías limpias y el taco que devoramos en fin de semana. La sobreexplotación del planeta está en un punto límite, pero lo seguimos retando.

Dato de apenas esta semana: el limón a 45 pesos por kilo en Yucatán. “No hay lluvias”, dicen comerciantes en Mérida. Las altas temperaturas y la falta de lluvia provocan que el precio de este elemento esencial en la comida mexicana se vaya por los cielos.

Y no sólo es el limón. Lo mismo y, también por esas razones, ha provocado que las tortillas alcancen un precio de 27 pesos por kilo en Sonora. Afectaciones en las cosechas de maíz no solamente generan aumento de precio de ése, uno de los pilares de la gastronomía nacional, también causan que el precio de la carne que se consume del otro lado del país eleve su precio.

Y si los dilemas alimentarios fueran poco, están también aquellos que tienen que ver con el abasto de agua y el llenado de presas. Sin lluvia nos acabamos las reservas, nos quedamos sin cosechas y cada vez es más recurrente el desabasto de agua.

A eso nos estamos exponiendo, porque seguimos pensando que no hay relación alguna entre conceptos tan “lejanos” como la emergencia climática y nuestro cotidiano. Tal vez por ello creemos que acciones individuales no repercuten de manera colectiva. Qué equivocados.

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