El nuevo contrapeso
Adolescentes se atribuyen el fracaso del primer mitin de Donald Trump pospandemia. La congresista demócrata Alexandria OcasioCortez celebró y agradeció a usuarios de TikTok y fanáticos del KPop que respondieron a lo que, afirman, inició como una broma, pero que ...
Adolescentes se atribuyen el fracaso del primer mitin de Donald Trump pospandemia. La congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez celebró y agradeció a usuarios de TikTok y fanáticos del K-Pop que respondieron a lo que, afirman, inició como una broma, pero que terminó como una misión de boicot. El millón de personas registradas para asistir al Centro BOK de Tulsa, Oklahoma, no llegó. La versión de los internautas es que registraron a miles de personas que jamás estarían presentes. De última hora, incluso, el equipo de campaña del republicano canceló el momento planeado de Trump al exterior de la locación, donde saludaría a sus seguidores, porque ahí era más evidente la falta de público. Desde luego que en la Casa Blanca niegan que esto sea verdad, a pesar de que días antes presumían la convocatoria; argumentan que, en realidad, aquella ola de militantes no llegó porque la manifestación no fue en redes, sino en las calles, y éstas les impidieron el paso. La nota al calce de esta anécdota es que TikTok es una aplicación dirigida a jóvenes, su público objetivo tiene entre 13 y 30 años de edad; así que tal vez valdría la pena dar algo de crédito a sus usuarios con derecho a voto.
Aquí en México el fenómeno político no luce distinto. También hay enojo y desencanto de ese sector que hace un par de años fue motor de conversación y debate. En la campaña electoral de 2018, los jóvenes fueron entusiastas, las redes fueron ejemplo de ello y en las urnas se decantaron, en su mayoría, por el entonces candidato de la coalición Juntos Haremos Historia. Según una encuesta de salida de Defoe, aquel 1 de julio, el 45% de los electores de entre 18 y 25 años votó por Andrés Manuel López Obrador; el 50% de entre 26 y 45 años, también, y el sufragio de personas entre 46 y 55 años representó el 60 por ciento. Mucho del apoyo de quienes acudieron a una urna por primera vez, en quienes son asiduos usuarios de internet y redes sociales, conectaron con quien hoy es Presidente porque encontraron una comunicación que les habló de su agenda: feminismo, medio ambiente, libertades, etcétera. Dos años después, el debate ya no es el mismo.
Datos de una encuesta publicada ayer por El Financiero: los jóvenes que hoy tienen entre 18 y 29 años son quienes más rechazan los proyectos de la administración de López Obrador, al menos el 39 por ciento. Son los más críticos a las decisiones presidenciales con aspiraciones de transformación. Y cómo no, si aquel entusiasmo de la campaña se ha ido esfumando con el trazo de gobierno que se ha hecho en Palacio Nacional. No hay, hoy, nada que acerque la agenda que podría interesar a los electores más jóvenes: no hay mirada al futuro, ni siquiera en los debates que se promueven en redes. Ejemplos hemos tenido en los últimos meses: de racismo no se habló, mejor se optó por advertir la desaparición del Conapred; de feminismo tampoco, mejor se desacreditaron las movilizaciones y se negó el incremento de la violencia doméstica durante el confinamiento; el combate al cambio climático se vio rebasado por el deseo del Presidente de apurar la construcción de la refinería en Dos Bocas y el Tren Maya, de derechos y libertades no hay avance alguno en iniciativas, como la despenalización del aborto a nivel nacional, por decir algo.
En dos años, ese Presidente apoyado por jóvenes quedó reducido en quien lanza decálogos, regaños y discursos de fe desde Palacio Nacional, en quien se aferra al complot, aunque ahora le pone nombres reptilianos; en quien defiende a colaboradores que también son rostros del pasado.
Vale la pena la revisión de lo ocurrido con Trump el fin de semana en EU: leer correctamente el poder de los jóvenes, su alcance, su potencial, porque, más allá de la anécdota, aquí en México parece que vemos que el sector más joven de los electores va camino a convertirse en un nuevo contrapeso.
