Dos ventanillas

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Washington le habla a México por dos ventanillas. En una está el megáfono: Donald Trump en la Asamblea General de la ONU diciendo que México es “el epicentro de la violencia de los cárteles”, comparándolos con el ISIS y exigiendo que el país recupere el control de su territorio. En la otra está el protocolo: el embajador Ronald Johnson entrando hoy a Palacio Nacional por Corregidora, pasado el mediodía, para acompañar a los empresarios de la American Chamber en su reunión con la presidenta Sheinbaum.

Entre una y otra se para la zar antidrogas. Sara Carter, directora de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas, dijo en entrevista con Voz Media que a Washington le da igual si quien ayuda a los cárteles es un gobernador o el que atiende una tiendita: irán por él y se asegurarán de que pague. No dio nombres. No hacía falta. En abril el Departamento de Justicia de EU acusó a Rubén Rocha y a otros nueve funcionarios y exfuncionarios sinaloenses; en septiembre el Tesoro sancionó a Carlos Alberto Torres, exesposo de la gobernadora Marina del Pilar Ávila. Carter soltó además dos frases para leer despacio. Que la Casa Blanca le pidió a México gastar más en FA y policías. Y que nada de esto tiene que ver con las elecciones intermedias de noviembre.

Tampoco es nuevo. En junio Carter ya había advertido que irían por los políticos vendidos a los cárteles, y en la misma entrevista presumió una cooperación con este gobierno “nunca vista”, con el operativo contra El Mencho como trofeo compartido. La mano que aprieta es la misma que da palmadas. La Presidenta lo entendió pronto: “No voy a entrar en discusión”, dijo entonces. Tras el discurso en la ONU comentó que podría decir que es difícil vivir junto a un país que consume drogas y fabrica armas, pero que no lo iba a decir.

Y en medio cayó Querétaro. La semana pasada Johnson y el gobernador Mauricio Kuri colocaron la primera piedra de una Academia Internacional de Capacitación Policial en el Complejo RHINO: 30 mdp estatales, apertura prevista en enero de 2027. El embajador aprovechó para presumir más de 10 mdd invertidos en la entidad en una década. El lunes Sheinbaum reclamó en la mañanera. Kuri exhibió un oficio, recibido por la SRE el 25 de septiembre, en el que avisaba de la visita. La Cancillería contestó que el oficio aseguraba que no habría cooperación directa en seguridad, y la Presidenta agregó que la academia no está entre los nueve proyectos con aval federal en el estado.

Aquí me toca ser justa. Desde que EU empezó a retirar visas a políticos mexicanos sin avisar, pedimos protocolos de notificación. Sería incongruente exigirlos allá y burlarnos cuando la Presidenta le pide lo mismo a un gobernador de oposición y a un embajador. El procedimiento importa, más si hablamos de delitos federales y de agencias extranjeras. Lo que sobró fue el tono de agravio, y que López Obrador, en su libro más reciente, llamara a Johnson “policía entrometido”. Exigir que se respete la ventanilla está bien. Reprocharle al embajador que pasó por Querétaro antes que por Palacio ya es otra cosa.

Por eso la escena de hoy pesa. Sheinbaum se cuidó de aclarar que Johnson venía por los empresarios. Nadie ha informado que se tocara la academia, y una foto no resuelve diferencias. Lo que sí enseña es que a los dos gobiernos les urge que el T-MEC y las inversiones no se contaminen del pleito de seguridad. Esa ventanilla nadie la quiere cerrar.

El problema es que mientras el embajador de EU acompañaba a la AmCham, Carter hablaba de ir por gobernadores. Un día antes el Wall Street Journal reportaba desacuerdos dentro del gobierno mexicano sobre cómo manejar las sanciones, y Derek Maltz, exfuncionario de la DEA, felicitaba a García Harfuch por la captura de El Tanque y en el mismo mensaje pedía enviar a Rocha Moya a EU.

La Presidenta eligió contestar con procedimiento y no con estridencia, y creo que acierta. Pero el procedimiento sólo vale si se aplica parejo: al gobernador panista que pone primeras piedras sin aval y también a los gobernadores propios que Washington tiene en la mira. Si la soberanía consiste en pedirle oficios a Kuri y guardar silencio sobre Sinaloa, del otro lado de la frontera no van a oír soberanía, sino coartada.