Dos mujeres, un camino

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

El miércoles 14 de enero, Donald Trump llamó a Delcy Rodríguez. La describió como “una persona fantástica”. Hablaron de petróleo, minerales, comercio. El jueves 15, almorzó con María Corina Machado en la Casa Blanca. Más de dos horas. Ella llegó con su medalla del Nobel de la Paz 2025. Salió diciendo que “Trump está comprometido con la libertad de Venezuela”.

Dos mujeres. Dos reuniones consecutivas. Dos visiones opuestas. Y Trump decidiendo con cuál quedarse.

María Corina ganó el Nobel por su lucha contra la dictadura. Sobrevivió la clandestinidad. Representa democracia, libertad, derechos humanos.

Delcy Rodríguez es vicepresidenta del régimen que María Corina combatió. Sancionada por Estados Unidos desde 2017 por violaciones a derechos humanos. Administradora de El Helicoide, la prisión donde se torturaba. Representa la continuidad del chavismo.

Y Trump eligió a Delcy.

Trump capturó a Maduro el 3 de enero. Pudo respaldar a la oposición democrática. En su lugar, permitió que Delcy asumiera como presidenta. Le dio legitimidad. Firmó acuerdos petroleros por 500 millones. La llamó “fantástica”.

Mientras María Corina estaba en la clandestinidad, Delcy negociaba con Washington. Mientras María Corina ofrecía regalarle su Nobel —gesto desesperado—, Delcy cerraba el trato del petróleo.

María Corina representa el ideal: transición democrática, elecciones limpias, desmantelamiento del chavismo. Todo lo que en teoría Estados Unidos promueve.

Delcy representa la realidad: estabilidad inmediata, control petrolero, acuerdos sin complicaciones, pragmatismo.

Marco Rubio lo dijo: “No habrá elecciones prontas”. Trump agregó: “Ni siquiera sabrían cómo celebrar elecciones ahora”. Traducción: María Corina es un proyecto a largo plazo que Trump no tiene paciencia para esperar. Delcy es un acuerdo que puede firmar mañana.

Con María Corina: proceso largo, doloroso de transición democrática. Años de inestabilidad. Pero promesa de futuro democrático real.

Con Delcy: continuidad con maquillaje. Chavismo sin Maduro. Mismas estructuras con nuevos nombres. Acuerdos que benefician a Washington sin cambiar nada fundamental. Estabilidad a corto plazo. Perpetuación del sistema a largo plazo.

Para Estados Unidos, con María Corina sería trabajo, riesgo, compromiso. Con Delcy obtiene lo que quiere inmediatamente: petróleo, control, estabilidad. Sin complicaciones.

Para el mundo, el mensaje de Trump es claro: la democracia es negociable. Los derechos humanos, secundarios. Las sanciones, temporales si hay petróleo. Los premios Nobel importan menos que los barriles de crudo.

María Corina salió diciendo que Trump está “comprometido con la libertad”. Pero un día antes, Trump había cerrado acuerdos petroleros con Delcy. Había llamado “fantástica” a quien María Corina denuncia como cómplice de tortura.

La reunión con María Corina fue teatro. Mantener contentos a congresistas de Florida. Crear la ilusión de que Estados Unidos se preocupa por la democracia.

El acuerdo real ya estaba firmado. Con Delcy. Sobre petróleo. Sobre dinero.

Dos mujeres, un camino. Y el camino ya fue elegido.

Venezuela tendrá estabilidad sin democracia. Comercio sin libertad. El chavismo sobrevivirá con aval de Washington. Los presos serán liberados en cuentagotas. Las elecciones vendrán “algún día”, si llegan.

María Corina Machado, Nobel de la Paz 2025, volverá a la clandestinidad. Su medalla será símbolo de lo que pudo ser y no fue. Su proyecto quedará archivado mientras Delcy firma contratos con petroleras estadunidenses.

En el mundo de Trump, los ideales pierden frente a los intereses. Y el petróleo siempre gana.

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