El balón y el chantaje

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo Gordiano

Hay algo casi admirable en la precisión con la que la CNTE elige sus momentos. No es casualidad ni instinto: es cálculo puro, depurado en 46 años de práctica. Mientras el gobierno de Sheinbaum negocia con la FIFA los últimos detalles del partido inaugural del 11 de junio —México contra Sudáfrica en un Azteca rebautizado “Estadio Ciudad de México”—, la Coordinadora planta sus casas de campaña en el Zócalo y lanza la frase que resume toda su estrategia: “Si no hay abrogación de la Ley del ISSSTE, no va a rodar el balón”.

Traducción: denos lo que pedimos o convertimos el escaparate más importante que ha tenido México en 40 años en un escenario de caos. La amenaza no es retórica. El plantón de 24 días de mayo de 2025 paralizó el Centro Histórico, bloqueó la Terminal 1 del aeropuerto, cerró 20 mil escuelas, dejó sin clases a millón y medio de estudiantes y generó pérdidas superiores a 15 mil millones de pesos. La CNTE cumple. Ése es su capital político.

El paro de 72 horas que acaba de concluir este viernes fue un ensayo general. Marcharon del Ángel al Zócalo con contingentes de Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán. Bloquearon Reforma y Bucareli. Tomaron casetas en Baja California y centros comerciales en Oaxaca. Rechazaron negociar con la SEP y con Gobernación. Sólo hablaremos con la Presidenta. La dirigente de la Sección 22, Yenny Aracely Pérez, fue más directa: “Nos vamos y regresaremos en el marco del Mundial”. El repliegue no es una derrota; es logística.

Las demandas son un catálogo en el que lo posible y lo imposible conviven a propósito. Abrogar la Ley del ISSSTE de 2007, cancelar la reforma educativa y la Ley Usicamm, duplicar el salario base, reinstalar cesados, acabar con el charrismo sindical. Algunas merecen discusión seria. Otras son aritméticamente inviables, y la CNTE lo sabe. Pero ése es el diseño: una lista lo bastante larga para que siempre quede algo pendiente. Una negociación que nunca se cierra justifica la siguiente movilización.

El modus operandi merece nombrarse sin eufemismos. La CNTE no opera como un sindicato que negocia contratos colectivos. Opera como un movimiento de presión que utiliza la disrupción masiva como moneda de cambio. Bloquea aeropuertos, casetas, calles principales. Deja sin clases a niños durante semanas. Rechaza los interlocutores que le ofrecen y exige hablar sólo con quien puede ceder políticamente. Cuando la presión funciona, obtiene concesiones, se retira, y meses después regresa con el mismo pliego más un agravio adicional. Marzo de 2025: paro de 72 horas. Mayo de 2025: paro de 24 días con agresiones a periodistas afuera de Palacio. Marzo de 2026: nuevo paro. Junio: la promesa de que será distinto.

Sheinbaum respondió con paciencia y ambigüedad. Dijo que el diálogo está abierto, que el presupuesto no alcanza, que las protestas sean pacíficas. Todo correcto. Todo insuficiente. Porque trece partidos de la Copa del Mundo se jugarán en territorio mexicano, la inauguración será transmitida a miles de millones de personas, y México se juega reputación, contratos, inversión y la credibilidad de compromisos con la FIFA y 47 selecciones que esperan condiciones mínimas de operación. Un bloqueo en los accesos al Azteca durante la fase de grupos no es un acto de protesta: es un incendio de imagen del que no se regresa fácil. Y lo que la CNTE lee en la tibieza presidencial es que no hay línea roja. Que puede escalar sin consecuencias.

Reprimir no es opción. Ni debería serlo. Lo que sí puede hacer el gobierno es dejar de administrar el problema y resolverlo. Separar las demandas viables de las que no lo son con transparencia brutal: mostrar los números, explicar por qué la abrogación total del ISSSTE requeriría una reforma fiscal que nadie quiere tocar, ofrecer alternativas verificables. Establecer una mesa con fecha límite antes del 1 de junio, agenda cerrada y actas públicas. Y comunicar a la opinión pública qué se ha concedido, qué falta y qué no es posible. Porque en la narrativa de la CNTE todo sigue igual, y en la del gobierno todo está bien. Ninguna es cierta. Y los millón y medio de estudiantes que se quedan sin clases cada vez que arranca un paro merecen saber dónde está la verdad.

Faltan 82 días para que ruede el balón. El gobierno actúa como si tuviera 83.