Y ahora, ¿a gobernar con los 40 ladrones?

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

La captura de Nicolás Maduro por la justicia estadunidense bajo cargos de narcoterrorismo debería marcar un punto de quiebre histórico para Venezuela. En los titulares, pareciera que finalmente el tirano cayó. Pero quien crea que la detención de Ali Babá significa el fin del cuento perverso del chavismo está profundamente equivocado. Porque Donald Trump ha decidido que gobernar con los 40 ladrones es un precio perfectamente aceptable por acceso al petróleo venezolano y a sus codiciadas minas de tierras raras.

María Corina Machado, la líder que resistió persecución, que movilizó a millones, que representaba la esperanza democrática de Venezuela, ha sido relegada al olvido con la misma velocidad con la que Trump cambia de opinión. El retiro implícito del apoyo estadunidense no es un detalle menor: es la confirmación de que, para Washington, la democracia venezolana siempre fue negociable si el precio era correcto. Y ese precio incluye campos petroleros modernizados y acceso privilegiado a litio, coltán y otros minerales.

La juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta interina y de su hermano Jorge en el Parlamento no sólo fue tolerada por Trump: fue tácitamente bendecida. Los mismos Rodríguez, que figuran en listas de sanciones, que representan la continuidad perfecta del madurismo sin Maduro, ahora son los interlocutores aceptables de Washington. La lógica es cristalina: mejor hacer negocios con ladrones conocidos que apostar por la incertidumbre democrática.

Y luego está el silencio ensordecedor sobre Diosdado Cabello, el hombre señalado como el verdadero cerebro del narcoestado venezolano, el que controla el aparato represivo. ¿Qué harán con él? ¿Con los generales que convirtieron las Fuerzas Armadas en un cártel? La respuesta es un silencio que habla volúmenes. Éstos son los 40 ladrones que realmente conocen dónde están enterrados los cuerpos. Y Trump parece haber concluido que los necesita para saquear la cueva de forma eficiente.

La versión venezolana del cuento es sórdida: Ali Babá está tras las rejas, pero la cueva permanece intacta, bajo nueva administración indistinguible de la anterior, sólo que ahora con respaldo estadunidense y contratos firmados con empresas de Houston y Silicon Valley. Los venezolanos seguirán emigrando, seguirán sin luz, seguirán viendo cómo su país es saqueado, sólo que ahora el saqueo será tecnológicamente más avanzado.

La ironía amarga es que Maduro en prisión puede ser más útil para perpetuar el sistema que Maduro en Miraflores. Su captura le permite a Trump declarar victoria contra el narcoterrorismo mientras hace negocios con los narcotraficantes que quedan en el poder. Les permite a los Rodríguez y Cabello presentarse como la cara “moderada” del chavismo, dispuesta al diálogo, mientras mantienen intactas las estructuras de represión y corrupción.

Para Venezuela el corto plazo es claro: más de lo mismo, sólo con inversión extranjera y retórica de cambio. Los campos petroleros serán modernizados para maximizar la extracción, no para beneficio del pueblo. Las minas del Arco Minero recibirán tecnología de punta para extraer litio y tierras raras que alimentarán la economía del norte global mientras envenenan ríos y destruyen comunidades indígenas. Y los 40 ladrones seguirán exactamente donde siempre estuvieron: en el poder, con nuevos socios comerciales.

Ali Babá está en prisión, sí. Pero la verdadera pregunta nunca fue qué hacer con un tirano viejo y gastado. La pregunta siempre fue qué hacer con el sistema que creó, con las estructuras que lo sostuvieron, con los miles de cómplices enriquecidos con la miseria de millones. Y la respuesta de Trump parece ser: hacer negocios con ellos. Después de todo, ¿para qué desmantelar una maquinaria perfectamente funcional de extracción de recursos cuando puedes simplemente cambiar de socios?

Venezuela descubre una vez más que su tragedia no termina con la caída de un dictador. Apenas comienza un nuevo capítulo, uno donde los ladrones ya no necesitan esconderse en la cueva porque ahora tienen llave estadunidense. Así de fácil todos tienen ahora la contraseña: “Ábrete sésamo”, sólo que ahora también va en inglés: “Open sesame”.