Carta atea al papa Francisco (I)
“El hombre es la criatura que Dios hizo al final de una semana de trabajo, cuando ya estaba cansado” Mark Twain Estimado, papa Francisco: le escribo esto a unos días de su llegada a México. En los últimos días, las calles por donde ...
“El hombre es la criatura que Dios hizo al final de una semana de trabajo, cuando ya estaba cansado”
Mark Twain
Estimado, papa Francisco: le escribo esto a unos días de su llegada a México. En los últimos días, las calles por donde usted pasará han sido remodeladas. Las visitas papales tienen como primer gran beneficio que las autoridades hacen parte del trabajo que en condiciones normales jamás realizan. Su visita servirá para que las calles del Centro y de la Villa, de Ecatepec, Ciudad Juárez, Morelia y las de San Cristóbal de las Casas sean remozadas para aparentar que somos un país en el que las cosas funcionan “como Dios manda”. Muchos esperan su llegada, en un país tan ferviente como éste, la visita de un líder que reconforte y alivie a tantos miles. Yo soy mujer, soy atea, muy liberal, devota de la razón, completamente pro-choice y profunda creyente de la ciencia.
Ello no me impide reconocerle dos virtudes: primero, un poder indiscutible (sí, una parte le viene de ser el líder de una institución del tamaño de la que dirige, pero otra más relevante: la que deriva de su estilo personal y valiente de entender y ejercer su sacerdocio). Y segundo, una inteligencia estratégica fuera de serie que le ha permitido reposicionar el perfil, la relevancia y la influencia de la figura pontificia. Una muy diferente a la de la era en la que se fundó la casa de San Pedro, o la de la Edad Media, o la de mitades del siglo XX.
Desde su llegada al pontificado, ha demostrado una postura más progresista que cualquiera de sus antecesores. Usted se ha pronunciado en temas que son motivo de discusiones y hasta de consultas, como si los derechos humanos fueran asunto de mayorías. Usted ha mostrado ser un líder que escucha. Ha ensanchado con mano finísima los márgenes de acción al interior de su propia cerrada casa: ha empezado a abrirle las ventanas para que el oxígeno le pueda entrar. Y no sólo para que su Iglesia no se asfixie, sinotambién para que puedan entrar los nuevos aires: sé que ha buscado la forma de incluir a las mujeres dentro de los asuntos de una Iglesia masculina. Ha llamado a no condenar a los homosexuales. Le ha abierto las puertas de su Iglesia a todo aquel que crea en ella. Y ha reconocido y pedido perdón por los muchos pecados y delitos cometidos en el interior de ésta. Ha hecho todo esto a pesar de que las cúpulas de la misma institución que encabeza reprueban ante sus declaraciones. Porque a diferencia de Jesucristo, ellos han creído y querido que perpetuar la ignorancia en lugar del autoconocimiento y el ejercicio responsable del albedrío sea el camino a la conservación de un poder que es todo menos espiritual. Ellos llevan siglos aventando la primera (la segunda, la tercera, todas las piedras posibles). Me alegra que usted, Papa sea un hombre que ha antepuesto la inteligencia (ésa que dicen muchos que Dios nos dio; ésa que pienso yo nos dio la evolución de nuestra especie) a los dogmas, las inercias y la sinrazón... Y lo ha hecho con un sentido de estadista y urgencia global.
Le repito, apreciado pontífice: encuentro difícil creer en la idea de un Dios bondadoso cuando sólo atestiguo (como diría Mark Twain) tanta maldad, crueldad y sufrimiento sobre la Tierra. Sin embargo, siendo la “idea de Dios” la única que muchos humanos abrazan, en determinadas circunstancias, creo que usted, al igual que Jesús de Nazaret, y antes de él Moisés, ha sabido hablar “en nombre de Dios” con las palabras de la inteligencia: esas que traen consigo empatía, autocrítica, reconciliación y mucha conciencia entre seres humanos. Por eso me resulta usted un gran pensador de carne y hueso al que debemos prestar mucha atención... Mañana le sigo con esta carta. Para escribirle sobre este México que usted está pronto a visitar.
