Sin “sustos” (por ahora) a la vista

Según la última encuesta publicada con respecto a las preferencias electorales, publicada anteayer por El Financiero, la intención de sufragio pinta un panorama que podría leerse de dos maneras: o nuestro sistema político, con todo y su dispersión, mostraría una ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Según la última encuesta publicada con respecto a las preferencias electorales, publicada anteayer por El Financiero, la intención de sufragio pinta un panorama que podría leerse de dos maneras: o nuestro sistema político, con todo y su dispersión, mostraría una tendencia inevitable hacia el bipartidismo o bien, todavía no hemos llegado al estado de madurez democrática en el que la mayoría de los electores privilegie la herramienta de las urnas como una vía para castigar o premiar a los partidos políticos y su desempeño. Los partidos, los tres principales, tendrían en estos momentos una intención de voto absolutamente similar a la que han tenido históricamente en elecciones intermedias. El voto de la izquierda se observa inevitablemente dividido, pero ni el PRI ni el PAN ni el propio PRD obtendrían, a juzgar por ésta, la más reciente encuesta, resultados sorprendentemente distintos a los que han obtenido siempre.

Estos números se acomodaron así en la preferencia electoral para los candidatos a diputados federales, según la escuesta: el PRI 32%, el PAN y el PRD con 13%, el PVEM tendría 11% y Morena con nueve por ciento. El nuevo grupo de López Obrador rebasa al Partido del Trabajo y a Movimiento Ciudadano, y es también el mejor posicionado entre los partidos que buscan conservar el registro.

Es evidente, como dijimos ayer, que la elección de junio próximo tiene el efecto postAyotzinapa. Efecto que, en todo caso, pareciera perjudicar más a los perredistas que a cualquier otro partido, a pesar de los intentos de un sector de la izquierda más radical de endosarle la cuenta a Enrique Peña Nieto. Su partido, el PRI, no sólo parece conservar su voto más duro (ése que, pase lo que pase, cruzará al tricolor en la boleta y que, además, sale a votar, pase lo que pase), sino que, además, ahora seguramente respira tranquilo por el 11% adicional que trae su franquicia color verde.

Las tendencias electorales previas a una elección intermedia muy difícilmente cambian. Sin embargo, podrían sufrir ajustes porque las campañas apenas están por empezar y, sabemos, los próximos meses serán de golpes a los contrincantes para afianzar posibilidades reales de voto. Pero lo que podemos prever es que habrá una mayoría priista-ecologista-neoaliancista en la Cámara de Diputados, que la izquierda quedará dividida en dos fracciones (dependiendo de a quién “se arrimen” el PT y MC, si con Los Chuchos o con Los Pejes), y que el PAN jugará como siempre lo hizo cuando era oposición: poniéndose del lado que más le convenga.

Pero cuando hablo de una, quizá, tendencia oculta al bipartidismo es, justamente, por esa inevitable balcanización de la izquierda que veremos tras estas elecciones. Una izquierda que se encuentra empantanada en sus propias aguas. Ya salió René Bejarano a dar sus impresiones por haber sido dejado fuera de la lista de candidatos plurinominales. Marcelo Ebrard, el otro ignorado para la misma lista, se reunirá en unos días con López Obrador. Desde hace meses también se rumoraba que Movimiento Ciudadano lo quería para liderar su bancada en San Lázaro, pero, como sea, uno tendería a creer que el “ganón” de todas las grillas internas es AMLO. Pero esto no es necesariamente cierto: su intención de voto anda en 9%, muy lejos de las votaciones que obtuvo en 2006 e incluso 2012. El PRD va por su primera elección sin el voto duro del Peje y sin la “bendición” de Cuauhtémoc Cárdenas. Va ahora sólo con el respaldo del voto duro que Los Chuchos le pueden ofrecer, y con la sombra de impunidad que proyectan Ángel Aguirre y familiares, José Luis Abarca y su esposa tenebrosa. Lo que el PRD ha perdido lo van pepenando Morena, PT y MC. Lo que casi podríamos asegurar desde ahora es que las izquierdas (porque sí, son varias hasta ideológicamente hablando) difícilmente encontrarán razones para formar un bloque legislativo (encontraron todas, al contrario, razones para deshacerlo).

Claro que esto sólo habla de un pronóstico sobre los que irán a votar. Otra cosa será —y bastante sintomática— lo que arroje la cifra de abstencionismo en la próxima elección. Que no pinta para ser menor, pero de eso la culpa la tienen justamente los partidos.

Ahora bien: lo muy lamentable de estos números es que poco harán para presionar a todos los partidos políticos para que se porten mejor, sean más transparentes, se comprometan verdaderamente a construir mecanismos que atajen la corrupción, que combatan la impunidad, etcétera. ¿Para qué lo harían si obtienen las mismas curules de siempre? Para mí, tendría que ser muy obvio: para prepararse y ser competitivos en la próxima contienda presidencial. ¿O van a necesitar que venga un candidato o candididata independiente a meterles un verdadero susto en 2018? Se me ocurren varios nombres…

ADDENDUM. Pero hay quienes sí entienden de las urgencias de cambiar cuando las sociedades van cambiando. El papa Francisco apapachaba ayer a integrantes del grupo New Ways Ministry, que apoya a católicos homosexuales. Uno de los colectivos más proactivos en la lucha de la comunidad LGBT dentro de la Iglesia que preside Jorge Mario Bergoglio. Un líder entiende cuando él o su institución (o en este caso su Estado, el Vaticano) llega al límite aquel de “renovarse o morir”, a diferencia de los que prefieren morir con tal de no aceptar la urgencia de renovarse.

Temas: