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POR LA IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN He leído en el periódico Excélsior que, en los próximos días, se prevé que el ministro Juan Luis González Alcántara presente al pleno de la Suprema Corte un proyecto de sentencia que sostiene que las autoridades no pueden ...

POR LA IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN

He leído en el periódico Excélsior que, en los próximos días, se prevé que el ministro Juan Luis González Alcántara presente al pleno de la Suprema Corte un proyecto de sentencia que sostiene que las autoridades no pueden colocar, con recursos del erario, los tradicionales nacimientos o adornos navideños en los espacios públicos.

Muchos ya empiezan a decir que se trata de eliminar toda manifestación pública de la vida religiosa, como los obispos católicos de México, quienes argumentaron: 

“Pretender imponer una sociedad sin referentes religiosos, es, implícitamente, querer un solo estilo de vida, arreligioso, es decir en donde prevalezca la negación de las creencias religiosas. Este modelo discrimina a los seres humanos que sí tienen opciones religiosas y es contrario al Estado laico. Es absurdo buscar eliminar toda manifestación pública de la vida religiosa. El erario, incluso y como es en los países democráticos, debe estar al servicio de las personas, y éstas, tienen orientaciones religiosas”. 

Para empezar, habrá que esperar que la Corte defina si tales adornos navideños violan algún principio  constitucional –además del Estado laico, que ya es violado cotidianamente–, pero también será importante que todos los credos tengan igualdad ante la ley, de otro modo se atenta contra los principios de igualdad y no discriminación.

No se trata únicamente de un asunto superficial sobre adornos de carácter religioso –algo en lo que seguramente no nos habíamos detenido a reflexionar, al considerarlos parte de la tradición o del paisaje decembrino–, sino determinar, primero, si deben ser financiados con recursos públicos y, segundo, si únicamente se privilegia a la religión católica.

Es buen momento para que se determine también si, por ejemplo, las peregrinaciones (que transgreden los límites de los espacios de culto) debieran estar confinadas, así como las romerías afuera de las iglesias y las procesiones que se realizan durante Semana Santa en muchos sitios del país. ¿Los ciudadanos no deberíamos sentirnos afectados, por ejemplo, por el cierre de vialidades por manifestaciones religiosas como las que se dan cada mes en el templo de San Hipólito? ¿También tenemos que tolerar los altares con figuras religiosas que se colocan, bajo cualquier pretexto, en las banquetas, invadiendo el espacio público?

ARMANDO LABRA

ESTADO DE MÉXICO

O CAMBIAMOS O NOS MORIMOS TODOS

No pudo ser más elocuente y certero el secretario general de la ONU, António Guterres, al dar por iniciados los trabajos de la COP27.

“Frente al calentamiento global y sus impactos cada vez mayores, la humanidad se enfrenta al dilema de ‘cooperar o morir’, advirtió este lunes el secretario general de la ONU, António Guterres, ante un centenar de líderes reunidos en Egipto en la COP27. ‘La humanidad tiene una elección: cooperar o morir. O un pacto por la solidaridad climática o un pacto por el suicidio colectivo’, dijo Guterres en su discurso en el segundo día de la COP27 en Sharm el-Sheikh. En un contexto mundial totalmente trastocado por la invasión rusa de Ucrania y las consiguientes crisis energética y alimentaria, Guterres insistió en que la comunidad internacional no debe desviarse del objetivo del Acuerdo de París de 2015 de limitar el calentamiento a 1.5 ºC al final del siglo. ‘No podemos aceptar que nuestra atención no esté en el cambio climático’, pese a ‘la guerra de Ucrania y otros conflictos’, porque ‘el cambio climático tiene su propio calendario’, advirtió el jefe de la ONU”.

Y así es cada que se acerca una COP, todos nos llenamos de advertencias y juramentos de hacer las cosas mejor, compromisos por doquier, pero, en la realidad, no pasa nada, los proyectos para mejorar las condiciones generales del planeta se van por el caño de la indiferencia mundial. Muchos son los protagonistas y gente comprometida para combatir el cambio climático que ha generado la exagerada contaminación del medio ambiente, pero, al final, terminan siendo ignorados por las mayorías, en especial por los principales líderes de las diversas naciones contaminantes.

Y sí, muchos de esos jefes de Estado y sus representantes se llenan la boca de buenos deseos y compromisos que juran cumplir en cierto lapso de tiempo, pero, una vez concluida la COP del momento, esas “ganas” de trabajar por el bien del planeta desaparecen y se guardan en el locker de la indiferencia para, en el futuro, en la próxima COP, desempolvar esos proyectos que, en la teoría, se escuchan muy bien, pero que, en la realidad, no son sino puros falsos buenos deseos. Sí, es una tristeza, parece que hemos optado por el “suicidio colectivo”.

JUAN MANUEL HERNÁNDEZ M.

CIUDAD DE MÉXICO

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