¿Ganará AMLO o Anaya? Las pistas del inicio de campaña

AMLO iniciará su campaña hoy, en Ciudad Juárez, y Anaya la inició dos días antes en la Ciudad de México. Ambos con 40.1% y 27.7% de votación esperada (Poll of Polls) ¿Qué nos dice este inicio de campaña sobre la forma en la que cada candidato quiere ser percibido?

AMLO inició su campaña en Ciudad Juárez, ciudad icónica de la historia mexicana contemporánea por mostrar cómo la estrategia del PAN por luchar contra la violencia del narcotráfico detonó una violencia descarnada (2007-2012), y el fracaso actual del PRI por capitalizar con los avances que el PAN había logrado al final de su mandato, en materia de reducción de la violencia. Hoy, Ciudad Juárez es tan violenta como lo era en 2012, año en que Peña Nieto tomó el poder diciendo que reduciría significativamente la violencia. 

La señal que AMLO manda con esto parece clara: Ni PAN ni PRI han dado soluciones.

Anaya comenzó su campaña con un hackatón en la Ciudad de México, actividad icónica de la vanguardia tecnológica global. El hackatón es el símbolo de que la juventud con creatividad y trabajo en equipo puede dar soluciones rápidas a asuntos que ni las grandes corporaciones ni los gobiernos han dado.

La señal que Anaya manda con esto parece clara también: Los poderes fácticos no han dado soluciones.

Ambos candidatos tienen mucho que hacer para lograr que sus señales sean creíbles para los votantes, sobre todo Anaya, quien comienza esta campaña con la necesidad de aumentar prácticamente en 12 puntos porcentuales su número de votantes.

Para que la señal de AMLO sea creíble, tendrá que hacer más que sólo visitar Juárez. La labor es dar respuesta al punto de su estrategia de seguridad que más se ha criticado: La supuesta “amnistía” que alguna vez dijo consideraría dar como posible salida a la violencia (que parece ser sólo una “amnistía” a los productores agrícolas de droga). Aún más importante, la labor es hacerse ver como un candidato de izquierda que será democrático y respetuoso de quien está en su contra. Esto implicará no sólo plantear una postura clara sobre cómo se podrá realizar una amnistía que no implique la impunidad, sino también un verdadero acuerdo de paz en el que la justicia prevalezca por encima de la venganza.

Para que la señal de Anaya sea clara, tendrá que mostrar que él no es parte de esa élite a la que critica, y que propondrá soluciones disruptivas que cambien el statu quo para el bien de todos, no sólo de las elites. Aún más importante, la labor es convencer a sus detractores de que podrá dar soluciones, a pesar de que tanto el PRI como el PAN más tradicional estarán en su contra, y a pesar de que una parte del PAN y el PRD está de su lado. Esto implicará que Anaya hable el lenguaje que hoy habla la juventud: Uno de inclusión, de redistribución y de cambio urgente.

Goldman Sachs lo decía hace unos días en su reporte: La ventaja que tiene AMLO será difícil de revertir en 100 días drama. Y claro que lo es, si para 53 millones de mexicanos que viven en pobreza el drama no son 100 días de campaña, sino décadas de crecimiento económico estancado, violencia y corrupción.

Goldman Sachs tiene razón, 100 días de drama probablemente sean pocos. Sobre todo porque, para Anaya, un orador espectacular e intelectualmente sofisticado, el primer día de campaña será el día en que se enfrente, en cadena nacional, a AMLO en el debate.

Lo verdaderamente complicado es lo que cada candidato tendrá que dejar de hacer para ganar, y lo que no estoy segura que puedan lograr.

AMLO tendrá que dejar de ser ese orador entrecortado con ideas poco claras, que después su equipo tiene que corregir o acotar. AMLO tendrá que ser más carismático ante los medios y tener una retórica más clara. Su retórica tiene que ser de izquierda, social y políticamente, sin ofender al mexicano más tradicionalista. Nada fácil.

Anaya tendrá que dejar de ser un “niño” al que nadie conoce, pero que todo mundo cuestiona. Su ventana de oportunidad, no me queda duda, es el debate. Hacia adentro, su ventana de oportunidad es convencer al electorado priista de dejar de tocar los violines mientras se hunde el barco. Su retórica tendrá que ser de cambio, fuerte y sin miramientos. Debe ser más disruptivo que cualquier candidato. Nada fácil.

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