Primer acto. Se toparán con un muro.
Cientos de personas salen de sus casas. Cientos de historias, cientos de recuerdos abandonados. Cientos de esperanzas, cientos de ilusiones por un futuro mejor. En este país no hay esperanza, afirman quienes hoy están dispuestos a dejarlo todo: morir en el camino es preferible a morir aquí. Los migrantes se encuentran en el camino, se organizan, marchan juntos con el mismo anhelo: cualquier cosa puede ser mejor a lo que enfrentamos en nuestro país.
Los grupos llegan a la frontera guatemalteca, y se preparan ante la respuesta de las autoridades. Algunos se quedan atrás, otros prosiguen tras superar los primeros filtros. Los grupos quedan divididos, y avanzan a su propio ritmo —adultos, ancianos, niños— mientras que el gobierno de Guatemala trata de disuadir su avance con revisiones exhaustivas que —en algunos casos— van acompañadas de gases lacrimógenos.
Los migrantes avanzan hasta la frontera, donde los esperan fuerzas nacionales del orden, acompañadas de agentes estadunidenses que las organizan con una función determinada: el personal norteamericano llegó —hace algunos meses— con la misión de colaborar, brindando asesoría y apoyo, a la construcción de capacidades que permitan, a los gobiernos locales, colaborar con la encomienda —emientenente racista— ordenada por el presidente norteamericano desde la Casa Blanca. Las caravanas se toparán con un muro al llegar a México, afirmó el presidente guatemalteco recién electo, en consecuencia. Con un muro.
Segundo Acto: Tranquilizando al amo.
La Secretaría de Gobernación informó que, en territorio mexicano, habrá operativos especiales —con la participación acotada de agentes migratorios estadunidenses— para brindar atención a los hondureños que integran la nueva marcha migrante, mismos que transitan por nuestro país en la búsqueda de mejores oportunidades de vida para ellos y sus familias. Una caravana que tiene, como fin último, llegar a EU en búsqueda de mejores oportunidades. “México no es, solamente, un país de tránsito. No es un país que dé un salvoconducto. Es un país que abre sus puertas para incluir a las personas que quieran entrar —inmigrar en nuestro país—, pero de ninguna manera tenemos visas de tránsito o, bien, salvoconductos”, declaró la funcionaria mexicana mientras se reforzaban las vallas en coordinación con los agentes del ICE norteamericano.
Tercer acto: La rifa del fin de semana.
72% de aprobación presidencial. ¿Quién es capaz de ver más allá de las cifras? El porcentaje abruma, la oposición se abate ante los números. Números irrebatibles, y más ante las circunstancias. Un Presidente sin resultados, que descarrila el país mientras los críticos no se ponen de acuerdo. Unos críticos eternos, que no son capaces de evitar la catástrofe que llegará a sus hijos.
El presidente se reúne con los LeBarón sin acercarse, el mandatario condena a los que le reclaman sin llegar a la empatía. El titular del Ejecutivo ofrece pagar el servicio de mantenimiento —de un avión innecesario— a cualquier ciudadano que esté dispuesto a comprar un boleto de 500 pesos para apoyarle. El Presidente no cumple sus promesas, pero reparte dinero en efectivo a quienes podrían cuestionarle: la economía entra en declive, la esperanza internacional busca otros mercados. La esperanza se aleja, a pesar de que el gobierno se empeñe en confundir seguidores con acreedores.
Los migrantes vienen, la crisis de humanidad se aproxima. El titular del Ejecutivo anuncia cuatro mil empleos para quienes llegan, las fronteras están cerradas mientras se aproxima una crisis migratoria. La gente en la frontera, repelida por la Guardia Nacional, no es el núcleo del problema.
Los narcos descansan, y esperan abrazos antes que balazos. Los migrantes esperan una caridad que no les fue sino prometida, y se someten al arbitrio de los grupos delincuenciales. Vamos bien, requetebién. ¿Quién podría dudarlo?
Al Presidente le va bien, con un porcentaje de aprobación arriba de 70 por ciento. El país se dilapida, a pesar de nuestro esfuerzo, y queda sujeto a una vorágine de intereses interpuestos. Nadie quiere que regrese lo anterior: nadie puede estar dispuesto a lo que estamos viviendo. El Presidente, tal vez.
¿Cómo se llamó la obra?
Al son que les guste bailo, quizás. Quizás.
