¿Qué tal durmió?

Vianey Esquinca

Vianey Esquinca

La inmaculada percepción

En Morena ya nadie duerme como bebé y no precisamente porque el país siga violento o la economía estancada; el verdadero insomnio llegó cuando se entendió que las detenciones de políticos en Estados Unidos vienen acompañadas de la enfermedad más temida en la clase política: la lengua floja. 

Una cosa es que arresten o se entregue voluntariamente a las autoridades algún exfuncionario y otra muy distinta es imaginarlo sentado frente a fiscales estadunidenses descubriendo las ventajas del programa de testigos protegidos. En ese momento ya no importa quién cayó, sino cuánto sabe, qué guarda en su teléfono y, sobre todo, a quién puede arrastrar en la caída. 

Por eso más de un bello durmiente debe estar despertando a las tres de la mañana, revisando compulsivamente el celular, preguntándose quién tiene su número guardado bajo el nombre de “compadre” o si existe alguna fotografía incómoda en compañía de algún impresentable. Mientras nadie es exhibido existe lealtad, compañerismo y el “no estás solo”, pero la fraternidad suele extinguirse en cuanto aparece en una lista negra del país vecino o una cuenta congelada.

La semana dejó claro que en ciertos círculos de la política nacional ya no se concilia ni conciliará el sueño fácilmente. Si alguien se sentía protegido desde el poder, bastó ver a Gerardo Mérida, exsecretario de Seguridad de Sinaloa, y a Enrique Díaz, extitular de Finanzas, rumbo a tribunales en Estados Unidos para entender que ni el cargo ni el partido ni las fotos abrazando al movimiento alcanzan cuando del otro lado de la frontera empiezan a jalar la hebra. Esta vez ni siquiera hubo tiempo para el clásico asalto fatal en la gasolinera o el misterioso accidente carretero.

En la política mexicana mientras unos señalan que “no hay pruebas”, en Estados Unidos no suelen esperar a que exista consenso político. Ése es el problema para Morena, la lista de quienes podrían pasar noches complicadas parece larga, muy larga y podría alcanzar incluso un rancho ubicado en Palenque.

Por eso las versiones sobre un posible bloqueo de cuentas por parte de la UIF contra Rubén Rocha y sus hijos, además de las del senador Enrique Inzunza provocaron el rechinar de dientes y probablemente también el sonido de algunas trituradoras de papel trabajando horas extras. 

Cuando le preguntaron a la Presidenta sobre el supuesto congelamiento de cuentas, respondió que no tenía conocimiento. Algo es un hecho, a Claudia Sheinbaum le debe quitar el sueño o enterarse de las cosas al mismo tiempo que el resto del país o tener que sostener dos discursos. Uno hacia dentro para no incomodar a Morena y su creador y, otro hacia Estados Unidos, donde necesita demostrar que su gobierno sí está actuando contra ciertos personajes.

Lo más incómodo para la mandataria es que estas pesadillas no comenzaron con ella. Le dejaron un colchón lleno de resortes rotos, gobernadores incómodos, alianzas sospechosamente toleradas, liderazgos blindados y personajes que durante años fueron políticamente útiles mientras nadie preguntara demasiado. Por si no fuera suficiente, en EU no se impresionan con las mañaneras ni los discursos sobre la soberanía, no les interesa escuchar discursos de soberanía, sólo quieren oír de nombres, rutas, cuentas y vínculos. 

En el país hay demasiado ruido para dormir tranquilos. Cuando empiezan las detenciones, las entregas voluntarias, las filtraciones y los rumores de testigos protegidos, nadie descansa igual. Todos sospechan de todos, todos temen que alguien le dé por hacer karaoke judicial porque las investigaciones estadunidenses tienen la muy fea costumbre de avanzar.