Entendiendo a la 4T
Los diputados le hicieron recordar a los mexicanos los mejores años del PRI
Cuando Morena llegó al poder en 2018 se generaron muchas dudas sobre lo que significaba exactamente la tan cacareada Cuarta Transformación, bandera del movimiento lopezobradorista. La aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación en la Cámara de Diputados, el viernes pasado, ofrece un panorama muy claro de cómo viven los morenistas esta promesa de campaña.
La 4T tiene un profundo amor por la historia y el pasado y esto no sólo se comprueba porque el presidente Andrés Manuel López Obrador utiliza muchas de sus conferencias mañaneras para hacer largas, muuy largas, exposiciones sobre la historia del país, sino también por la forma en que fue aprobado el Presupuesto. En una escenificación magistral, los diputados le hicieron recordar a los mexicanos los mejores años del PRI, cuando una palabra de su Jefe Supremo bastaba para aprobar a dedo alzado y con mayoría absoluta lo que les mandaban desde Presidencia.
La 4T también es física. Sus integrantes no se crean ni se destruyen (a menos que sea entre ellos), sólo se transforman. La fracción morenista de la Cámara de Diputados se convirtió en auténticos vándalos. Cuando se transmitieron algunas escenas de los diputados subiéndose al camión para acudir a la sede alterna, pues asociaciones campesinas tomaron la Cámara de Diputados, no se sabía a ciencia cierta si eran legisladores o anarcos robándose unidades del transporte público. Y cuando Mario Delgado empezó a transmitir un video burlándose de los panistas porque no asistirían a la discusión, no se entendía si era un estudiante travieso yéndose de pinta o el coordinador de la bancada.
Por cierto, la transformación es contagiosa, pues los panistas se convirtieron en unos verdaderos incompetentes. Los legisladores del PAN prefirieron evitar la fatiga de debatir sus puntos de vista, ya que, de todos modos, les iban a pasar la aplanadora. La oposición en el Congreso no ha logrado articularse y realmente están haciendo un papel lamentable, temerosos de que les saquen sus trapitos al Sol, le rasquen a sus declaraciones o de plano les congelen sus cuentas.
Efectivamente, la 4T es diferente, sus integrantes no son iguales y por eso buscan diferenciarse de los neoliberales. Entonces, para que no los confundan con los priistas de los 70 —porque eso sí calienta—, le añaden “su toque”: el maltrato a propios y extraños.
Los morenistas ya habían mostrado el cobre con la designación de Rosario Piedra Ibarra al frente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, no sólo por la ilegal forma de nombrarla, sino también porque sacaron el porro que todos traen dentro y amenazaron al PAN de quitarle la comisión de Derechos Humanos si seguía molestingando. Ahora, en la Cámara de Diputados le bajaron el presupuesto a los incómodos órganos autónomos que son considerados enemigos políticos. Eso sí, a los partidos políticos no le descontaron ni diez centavos. Ellos sí se van a seguir sirviendo con la cuchara grande.
Pero, además, los diputados de Morena no sólo buscaron patear a una oposición que ya estaba en el suelo, sino que a los suyos los trataron como si fueran sus peones. Cuando sus aliados y los propios morenistas pidieron más presupuesto para sus municipios, para el campo o para los programas de educación, recibieron permanentemente negativas, y hasta fueron calificados de conservadores. Después de negociaciones fallidas tuvieron que aceptar que en la 4T sólo cuenta la palabra del señor Presidente.
La aprobación del Presupuesto fue una magnífica oportunidad para ir entendiendo lo que pasa en la Cuarta Transformación, donde todo cambia… para seguir igual.
