El cristal con que se mira

• Habrá quien considere que los policías federales comisionados al Instituto Nacional de Migración tienen razón en quejarse por dormir bajo la intemperie.

En México, para amar, querer u odiar no hace falta evidencia, hechos o números, sino únicamente percepción. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha demostrado que los datos son muy versátiles y que están las fuentes oficiales y las suyas, porque todo depende del criterio o el cristal con que se quiera mirar una situación. En días recientes me han preguntado en las redes sociales cómo resolvería yo el robo de combustible y el desabasto de gasolinas que se ha dado como consecuencia de la aplicación de la estrategia del gobierno federal para combatir aquel delito.

Y tiene razón, habrá quien piense que la promesa del presidente estadunidense Donald Trump de que México pagaría el muro ya se está cumpliendo, pues el gobierno federal ya desplegó 6 mil elementos de la Guardia Nacional, va a destinar 100 millones de dólares a El Salvador, Guatemala y Honduras y está manteniendo a los migrantes que Estados Unidos envía a México mientras se tramita su solicitud de asilo. Para otros, en cambio, es una obligación de México para con los países centroamericanos, porque el país es una potencia económica que debe apoyar a los que más lo necesitan.

Habrá quien haga un hashtag #AMLOPresidenteDeLujo retomando las declaraciones del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, después de reunirse con el mandatario mexicano. Incluso, habrá quien diga que todos los presidentes quieren reunirse en territorio mexicano con López Obrador. En cambio, estarán los menos optimistas que señalen que por supuesto que es un Presidente de lujo…, pero para los centroamericanos, pues, con una visita de unas cuantas horas el salvadoreño se llevó 30 millones de dólares. Otros más dirán que si están tan felices con el tabasqueño, se lo pueden llevar a gobernar otros países.

Habrá quien cada vez que Donald Trump expresa satisfacción o felicita a México por los esfuerzos del gobierno de López Obrador para contener la migración, sienta que es el patrón quien está hablando, y que le está dando una palmaditas en la espalda al empleado por hacer bien su chamba. Otros, en cambio, sentirán que finalmente Estados Unidos está respetando al país y que nos está viendo de igual a igual, casi, casi como a Alemania y a China.

Habrá quien crea que, retomando las tarifas del IMSS, la creación de empleo formal se desplomó un 88% en mayo. Otros, retomando las declaraciones de López Obrador, dirán que, efectivamente, se trata de un asunto de criterio porque no se están contemplando los 481 mil jóvenes del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, ni tampoco las 200 mil personas del programa Sembrando Vida. Es más, que no sólo a ellos se les debería contemplar, sino también a los ninis y a los niños de primaria que reciben becas, así como a las personas de la tercera edad que tienen pensión.

A los optimistas empedernidos no les importará que el mismo director del IMSS, Zoé Robledo, haya dicho que la cifra de los Jóvenes de Construyendo el Futuro no son consideradas como empleos nuevos porque no cotizan para el retiro ni sus jefes aportan cuotas obrero- patronales.

Habrá quien considere que los policías federales comisionados al Instituto Nacional de Migración tienen razón en quejarse por dormir bajo la intemperie, en casas de campaña o en pedazos de cartón. Otros, como el propio jefe del INM, Francisco Garduño, que pensarán que eso de dormir en una cama, comer tres veces al día o tener un baño donde hacer sus necesidades es fifí, propio de la burguesía y de los neoliberales.

Así pues, todo tiene que ver con cómo se perciben las cosas. Los hay optimistas porristas y esperanzados, pesimistas informados o amargados y los que simplemente no entienden nada. Lo que es un hecho es que últimamente parece que el color por el que la 4T observa la realidad es muy rosado o está empañado.

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