Cuatro incendios y una quinceañera

Vianey Esquinca

Vianey Esquinca

La inmaculada percepción

En la cartelera política de esta semana no hubo estrenos; hubo siniestros. Cuatro columnas de humo elevándose al mismo tiempo, cada una con su propio origen, combustible y, por supuesto, responsable. 

El primer incendio, que nadie ha podido sofocar, fue provocado por la vela de la fiesta más viral de XV años en Tabasco. El primer chamuscado fue el papá de la festejada, Mafer, Juan Carlos Guerrero Rojas, empresario tabasqueño con historial de contratos con Pemex por miles de millones de pesos. Después de la primera llamarada, salió a decir en una carta que sólo quería festejar la vida. En efecto, hay muchas formas de celebrar la vida, algunas implican pastel y globos y otras acaban en auditorías. 

Luego vino el turno de la mamá, Virginia Guillén, empleada de Pemex, que dio una cátedra de elasticidad financiera y cómo lograr que un sueldo de 38 mil pesos mensuales alcance para comprar casas, terrenos y, por supuesto, una fiesta con presencia de celebridades como Belinda, Galilea Montijo y J Balvin. Pemex terminó presentando una denuncia ante la Secretaría Anticorrupción y mientras los peritos contables buscan rastros de gasolina en los centros de mesa, la respuesta oficial volvió a ser la misma de siempre: “Se va a investigar”, lo que equivale a abrir la ventana cuando ya se quemó la casa.

El segundo incendio lo protagonizó el informe de la ONU sobre desapariciones. Naciones Unidas hizo lo impensable: contó y al hacerlo arrojó más de 132 mil personas desaparecidas, cifra que sigue creciendo. Un documento que cayó como cerillo en pastizal seco. La reacción no fue sorpresiva porque ya se sabe que a la Presidenta no le gustan los informes cuando no los escribe ella. De inmediato negó, desacreditó y minimizó. Lo mismo ocurrió cuando la empresa noruega DNV presentó sus hallazgos sobre el colapso de la Línea 12; no le gustó el contenido y lo desecharon. El problema es que los informes internacionales no se apagan con conferencias matutinas; son incendios subterráneos que siguen ardiendo, aunque en la superficie todo parezca tranquilo. 

El tercer incendio fue literal. La refinería Olmeca, ésa que no tiene derrames, que no se inunda, que es un ejemplo de la ingeniería moderna, volvió a dar la nota, pero no por su capacidad de refinación, sino por su capacidad de combustión. El símbolo de soberanía energética registró un nuevo “incidente”. La escena ya se ha vuelto familiar: columnas de humo, trabajadores evacuando, comunicados oficiales que aseguran que todo está bajo control y que, en esta ocasión, afortunadamente no hubo lesionados ni muertes que lamentar. La refinería podría ser rentada a un estudio de Hollywood como set de efectos especiales. Huracanes, temblores, inundaciones y conflagraciones ocurren sin mayor esfuerzo.

El cuarto incendio fue jurídico. La Suprema Corte de Justicia decidió avalar el congelamiento de cuentas sin orden judicial siempre que existan “indicios”, algo así como una corazonada por parte de la UIF. Esto encendió un debate que huele a quemado ¿es seguridad o discrecionalidad? Porque congelar las cuentas sin juez es como apagar el fuego con dinamita: puede ser rápido, pero muy peligroso. El argumento es combatir el crimen, pero el riesgo es normalizar la excepción y, en un país donde las persecuciones y venganzas políticas están a la orden de día, la medida se vuelve muy inquietante.

De los cuatro, el único incendio que se sofocó fue el de la refinería, y sólo porque se le acabó el coque. Los otros tres siguen ardiendo sin que quede claro si alguien va a llegar a apagarlos.

VACACIONES

La Inmaculada Percepción se tomará unos días de vacaciones para regresar el próximo 3 de mayo.