La política exterior australiana: menos riesgos, más oportunidades

Podemos trabajar en la creación de instituciones y normas que coadyuven al manejo de tensiones estratégicas.

El día de hoy he cedido este espacio al titular del Ministerio de Relaciones Exteriores de Australia, Peter Varghese, quien recientemente pronunció un discurso acerca de los principales riesgos y oportunidades de la política exterior de Australia.

Toda política exterior es un medio para lograr un fin: promover los intereses de nuestros países y de nuestras comunidades. La mejor política exterior se encuentra anclada a una visión clara de esos intereses y a la capacidad institucional para promoverlos. El desafío clave para la política exterior australiana radica en maximizar las oportunidades económicas y minimizar riesgos estratégicos, al tiempo en que el crecimiento económico reorganiza nuestro panorama estratégico.

Las últimas décadas han sido de crecimiento en Asia. Sin embargo, prácticamente todas las principales economías de Asia enfrentan profundos retos estructurales. En muchos casos, sus sistemas políticos tendrán dificultades para enfrentarlos adecuadamente.

La discusión acerca de las relaciones entre las grandes potencias tiende a girar frecuentemente en torno a la narrativa del declive de Estados Unidos y al ascenso de China. Ello subestima la capacidad de regeneración de Estados Unidos, así como la magnitud de los retos que China enfrenta. Dicha discusión suele también desplazar las contribuciones de otras potencias hacia un balance del poder cada vez más multipolar en la región.

China se encuentra al principio de una profunda transición en su modelo económico, dirigido hacia un crecimiento de economía de mercado impulsado por el consumo. Los retos son enormes, y los subestimamos bajo nuestra propia cuenta y riesgo.

El proceso de ajuste al cambio en los balances de poder en una Asia multipolar será gradual y orgánico. Australia cuenta con una capacidad limitada para influenciar las relaciones entre los grandes poderes. Sin embargo, podemos trabajar en la creación de instituciones y normas que coadyuven al manejo de tensiones estratégicas, y a actuar como un punto de anclaje en tiempos de transición.

Las relaciones bilaterales son el cimiento de nuestra política exterior. Un sistema multilateral efectivo es la forma más segura de llegar a ese objetivo.

En la actualidad, el multilateralismo se encuentra bajo una intensa presión. Necesitamos de él más que nunca y, sin embargo, éste no está cumpliendo con nuestras expectativas. Salvo que encontremos alguna manera de renovar el actual sistema multilateral, nos costará cada vez más afrontar los muchos retos que sólo se pueden resolver mediante la acción global.

El futuro hará hincapié en la agilidad de nuestras políticas, lo cual debemos afrontar con una dosis de confianza. Los australianos comprendemos el vocabulario de las reformas económicas. Tenemos una perspectiva global. La nuestra es una sociedad basada en valores e instituciones de Occidente, íntimamente conectada con Asia, con intereses económicos a lo largo de todas las regiones y una comunidad que ha encontrado la unidad en torno a los principios de una democracia multicultural y liberal.

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Embajador de Australia en México

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