El fenómeno meteorológico comúnmente conocido como El Niño, hace referencia al incremento de las temperaturas del océano en la parte central y oriental del Pacífico ecuatorial que influye en los patrones climáticos de todo el planeta. En el caso de México, dicho fenómeno fue precisamente el que provocó una sequía de 43 meses, entre marzo de 2022 y octubre de 2025, dejando consecuencias severas. Actualmente, las autoridades meteorológicas han emitido una advertencia sobre la posibilidad de que entre mayo y julio de este año se repita un incremento de temperaturas por un fenómeno parecido al Niño Godzilla de 2015, en esta ocasión nombrado: Súper Niño.
El fenómeno ahora se presenta con una innovadora característica de impredictibilidad. Hasta hace poco, los meteorólogos mexicanos utilizaban un patrón estandarizado para calcular los efectos que tendría El Niño en México, los cuales solían ser sequías severas, sobre todo en el norte del país; sin embargo, algunas regiones que históricamente se prevenían contra la sequía prolongada es probable que esta vez deban hacerlo contra inundaciones extremas. Lo anterior se debe a que el cambio climático alteró las condiciones que toma en cuenta el modelo que se viene utilizando para anticipar los efectos del fenómeno. En esta ocasión, los meteorólogos calculan una mayor probabilidad de que las consecuencias sean precipitaciones extremas (récord) en la zona centro-norte del país que, de verificarse, sin duda superarán la capacidad de drenaje e infraestructura de varias ciudades, durante agosto, septiembre y octubre del presente año.
En otras palabras, es altamente probable que varias ciudades padezcan inundaciones este año. Ante tal escenario, es lógico preguntarse si aún podríamos hacer algo por paliar los efectos negativos. Lamentablemente, ya pasó el tiempo en que la comunidad internacional pudo evitar que el planeta se calentara 1.46 °C (en el Acuerdo de París se fijó la meta de evitar que la temperatura incrementara en 1.5 °C durante todo el siglo XXI) y también es demasiado tarde para acometer infraestructura local de desagüe, estando a 23 días de que arranque el Mundial. Lo apremiante es, por un lado, que la principal causa de inundaciones en las grandes metrópolis es la obstrucción de canales de drenaje por basura y, por el otro, que durante un Mundial se generan 2 mil 500 toneladas de basura diarias, tan sólo en un estadio; más de diez mil toneladas, si se suman las fan zones y consumos asociados. Sólo para tener una comparación: en un reciente proyecto de rehabilitación de 108 km de una vía principal del Estado de México, a la que no se había dado mantenimiento en 25 años, se extrajeron apenas mil 800 toneladas de azolve.
En México, las sanciones por arrojar basura en la vía pública varían según el municipio, algunos contemplan multas que llegan a 5 mil 600 pesos o arrestos de hasta 36 horas. Sin embargo, aunque todos los agentes del orden se lo propusieran, no conseguirían evitar ni castigar todas estas infracciones. De manera que es momento de asumir una responsabilidad. A pesar de que nos parezca vano y odioso, es urgente que en los próximos meses comencemos a utilizar el recurso de sancionar moralmente (y amablemente, de ser posible) a quien tire basura, o asumirnos cómplices por omisión de dichas inundaciones.
LA NIÑA
El Niño se llamó así por referencia a la celebración católica del nacimiento del Niño Jesús. Hace siglos, pescadores peruanos del puerto de Paita notaron que, en diciembre, la temperatura de las aguas de sus costas se incrementaba tanto que los cardúmenes desparecían. “Es que ya viene el Niño”, decían. Posteriormente, y para evidenciar que se trata de condiciones diametralmente opuestas, al fenómeno contrario se le nombró como: La Niña.
