Tips para subir tu IQ

Estudios recientes han revelado que, por primera vez en mucho tiempo, las generaciones actuales podrían tener un coeficiente intelectual IQ menor que el de sus predecesores. Esta disminución se atribuye en gran medida al auge de lo digital, que ha saturado nuestras ...

Estudios recientes han revelado que, por primera vez en mucho tiempo, las generaciones actuales podrían tener un coeficiente intelectual (IQ) menor que el de sus predecesores. Esta disminución se atribuye en gran medida al auge de lo digital, que ha saturado nuestras mentes, dejando de lado importantes conexiones neuronales que antes sí se conseguían. Frente a esta situación, me permito proponer algunas ideas que podrían ayudarnos a incrementar nuestro IQ.

La primera sugerencia se relaciona con una frase de Antonio Machado: “De diez cabezas, nueve embisten y una piensa”. En estos tiempos de gran crispación, donde los razonamientos lógicos son arrastrados por olas de chismes, noticias falsas y simplificaciones, es esencial regresar a la razón. Debemos confiar en el análisis profundo, en la capacidad de matizar, en respaldar nuestras afirmaciones con datos, en la honestidad intelectual, en la evidencia empírica, en la mesura y en la profundidad. Es decir, ejercitar y confiar en nuestra capacidad de pensar.

Relacionado con lo anterior, es importante señalar el peligro del emotivismo. Las reacciones rápidas y airadas han ganado terreno sobre los juicios bien fundamentados. Controlar la emoción instantánea y dar paso al análisis, la mesura, la cordura y la ponderación en lugar de la exaltación, permite que la inteligencia florezca con pensamientos más elaborados.

Un estudio realizado en el año 2000 por Eleanor Maguire aplicado a taxistas de Londres resulta revelador. Para obtener su licencia, estos conductores debían memorizar 25 mil calles y miles de lugares, un proceso que tomaba entre tres y cuatro años. Maguire escaneó el cerebro de los taxistas y descubrió que su hipocampo posterior se había desarrollado significativamente después de años de dedicación. Esto demuestra que el cerebro puede evolucionar positivamente con entrenamiento y experiencia, incluso en la edad adulta. Aunque Waze es una invención maravillosa, es posible que haya limitado nuestra capacidad de memorizar. Lo mismo ocurre en otros aspectos de nuestra vida, donde preferimos acceder al celular antes que ejercitar la memoria.

Si bien es cierto que en épocas pasadas se abusaba de la memoria como herramienta educativa, no deja de ser un aliado fundamental. Sin ella, seríamos incapaces de recordar cosas simples, como dónde dejamos la cartera la noche anterior. La memoria es una herramienta poderosa que, bien utilizada, sirve como base para conectar con otras realidades humanas y ejercitar la inteligencia.

Curiosamente, el cerebro no sólo se limita por defecto, sino también por ciertos excesos. Como afirma el filósofo Byung-Chul Han, la aceleración del mundo actual obstruye nuestra capacidad contemplativa; estamos rodeados de estímulos, pantallas y distracciones que alteran nuestra dopamina. Es necesario reducir la velocidad. Frenar significa reconfigurar, contemplar y ajustar, lo cual crea un terreno propicio para el desarrollo de la inteligencia.

Un ejemplo interesante es el del físico Richard Feynman. Aburrido de su intensa actividad intelectual, que había perdido sentido para él, comenzó a ver el estudio como un juego. Acceder a dinámicas divertidas le ayudó a mantenerse motivado en las arduas labores de la docencia e investigación. El círculo virtuoso es claro: el gusto por el estudio lleva a dedicar más horas, lo que a su vez abre la mente y fomenta una actitud más inquisitiva y dedicada. Resultado: una mayor inteligencia.

En una ocasión, se le preguntó al hijo de un empresario exitoso cuál era la cualidad que más admiraba de su padre. Se esperaba una respuesta relacionada con su olfato para los negocios, su capacidad analítica, su valentía o su tolerancia a la frustración. Sin embargo, la respuesta fue sorprendente: “la curiosidad”. Este empresario era un ávido amante del arte, los nuevos conocimientos y el aprendizaje de temas muy distintos de los negocios. No es casualidad que una persona con tal nivel de curiosidad ejercite su imaginación y la conecte con otras realidades.

Una de las cualidades que definen a las personas inteligentes es la capacidad de establecer conexiones. Aplicar lo que funciona en un campo a otra materia distinta, con los ajustes necesarios, es una muestra de la capacidad analógica. Este es uno de los secretos del método del caso en las universidades: ser capaces de trasladar la experiencia de otros a nuevas realidades.

El mundo moderno ha creado, de manera inteligente, mecanismos que nos han simplificado la vida. Paradójicamente, estas facilidades han limitado el ejercicio de nuestro cerebro. Es precisamente aquí donde radica la oportunidad y la amenaza de la inteligencia artificial: una tecnología que ha requerido de muchas neuronas para su desarrollo, pero que también podría llevarnos a la pasividad mental.

A pesar de vivir en un mundo digital y polarizado, es factible desarrollar nuestra inteligencia. Por una parte, siendo conscientes de que la inteligencia emocional contribuye al crecimiento del coeficiente intelectual. Por otra, conjugando los verbos que riman con el ejercicio neuronal: relacionar, jugar, memorizar, imaginar, ponderar, contemplar y curiosear.

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